FE Y RAZÓN

"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"

Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo

(Santo Tomás de Aquino)

Sal fuera…(Jn 11,43)

Una reflexión cuaresmal

Diác. Jorge Novoa

 

Cada año recibimos la llegada de la Cuaresma con renovada esperanza, pero en muchas ocasiones pensamos que esta palabra obrará en nosotros mágicamente,  y esperamos que cual artilugio de mago, por el solo hecho de pronunciarla nos dispondrá a recibir frutos  abundantes. La Cuaresma es un tiempo de decisión que expresa la invitación de Dios a abandonar la vida de pecado.

 

Hay que aceptar partir  de la tierra del egoísmo, la injusticia, la ambición desmedida, la explotación, el orgullo, la vanidad, la lujuria y tantas otras manifestaciones del pecado en la vida de los hombres. Hay que partir y abandonarlo todo. En realidad, la vida que llevamos alejados de Dios, es un "espejismo vital", una forma aparente de vida que no sacia y que conduce lenta y paulatinamente a la desolación, más que vida es muerte y por ello parece ser que el sepulcro es el lugar escogido para habitar.

 

Cuántos sepulcros culturales son propuestos como verdaderos palacios. Cuántos compramos  en cuotas, e incluso,  de cuántos somos arquitectos nosotros mismos. Nuestros sepulcros se fueron  construyendo a partir de esas realidades que nos han ido encerrando, aislando, incomunicando y debilitando, y así, poco a poco, hemos ido entrando en ellos. El pecado comunica únicamente la muerte, pues no da ningún signo vital, en el venial  será preparación para ella o participación y en el mortal experiencia de oscuridad y desesperanza. Nosotros por la vida de pecado nos vamos introduciendo lentamente en el sepulcro, y el mal espíritu nos susurra al final  de nuestro camino, que corramos la loza que lo cierra definitivamente. Hay lozas en nuestros sentidos y en nuestro corazón que nosotros mismos ponemos a veces sin darnos cuenta. El pecado claramente se manifiesta   claramente como  un suicidio espiritual…

 

El Señor se detiene delante de nuestros sepulcros para liberarnos de la loza que nos impide ver la luz y desde la puerta grita nuestros nombres. Para nosotros el sepulcro es también toda situación límite. El temor a la muerte, el desaliento, el sentir que nos han dejado de lado, la falta de afecto, la ausencia de diálogo, la soledad, y tantas otras situaciones que nos van debilitando. La vida vivida así, queda reducida a la espera de la muerte. Este sepulcro condiciona toda nuestra vida, la llena de angustia,  pesimismo e intranquilidad. De ese sepulcro nos viene a liberar el Señor. Jesús es el único que con voz potente anuncia una palabra de vida en todas las situaciones de muerte, solo su voz potente resquebraja las densas oscuridades que se nos presentan como límites, para iluminar nuestra existencia.

 

Su Palabra nos invita a partir. Sal de esta tierra de pecado y muerte, y dirígete hacia una que mana leche y miel. La Cuaresma es un tiempo de "escucha" de la Palabra del Señor destinada a ser la luz que ilumina este caminar. Este camino que comienza en la oscuridad y llega hasta la luz; "comienza con pensamientos melancólicos sobre la muerte y la destrucción aparente del hombre (recuerda que eres polvo y al polvo regresarás) y arriba al anuncio de la vida resucitada que iluminará de alegría y de esperanza la noche de pascua; un camino que en la partida nos ofrece el camino áspero de nuestro interior, como reflejo de la transformación de los corazones y del universo obtenida para nosotros por la entrega de Cristo" (G. Biffi).

 

Les propongo como ejercicio cuaresmal; leer, meditar y orar el pasaje que se encuentra en el Evangelio según San Juan 11,1-44:

 

1-Leer

1 Había un cierto enfermo, Lázaro, de Betania, pueblo de María y de su hermana Marta. 2 María era la que ungió al Señor con perfumes y le secó los pies con sus cabellos; su hermano Lázaro era el enfermo. 3 Las hermanas enviaron a decir a Jesús: «Señor, aquel a quien tú quieres, está enfermo.»
4 Al oírlo Jesús, dijo: «Esta enfermedad no es de muerte, es para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.» 5 Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. 6 Cuando se enteró de que estaba enfermo, permaneció dos días más en el lugar donde se encontraba. 7 Al cabo de ellos, dice a sus discípulos: «Volvamos de nuevo a Judea.»
8 Le dicen los discípulos: «Rabbí, con que hace poco los judíos querían apedrearte, ¿y vuelves allí?» 9 Jesús respondió: «¿No son doce las horas del día? Si uno anda de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; 10 pero si uno anda de noche, tropieza, porque no está la luz en él.»
11 Dijo esto y añadió: «Nuestro amigo Lázaro duerme; pero voy a despertarle.» 12 Le dijeron sus discípulos: «Señor, si duerme, se curará.» 13 Jesús lo había dicho de su muerte, pero ellos creyeron que hablaba del descanso del sueño. 14 Entonces Jesús les dijo abiertamente: «Lázaro ha muerto, 15 y me alegro por vosotros de no haber estado allí, para que creáis. Pero vayamos donde él.»
16 Entonces Tomás, llamado el Mellizo, dijo a los otros discípulos: «Vayamos también nosotros a morir con él.» 17 Cuando llegó Jesús, se encontró con que Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro. 18 Betania estaba cerca de Jerusalén como a unos quince estadios, 19 y muchos judíos habían venido a casa de Marta y María para consolarlas por su hermano.
20 Cuando Marta supo que había venido Jesús, le salió al encuentro, mientras María permanecía en casa. 21 Dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. 22 Pero aun ahora yo sé que cuanto pidas a Dios, Dios te lo concederá.» 23 Le dice Jesús: «Tu hermano resucitará.» 24 Le respondió Marta: «Ya sé que resucitará en la resurrección, el último día.» 25 Jesús le respondió: «Yo soy la resurrección El que cree en mí, aunque muera, vivirá; 26 y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?»
27 Le dice ella: «Sí, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo.» 28 Dicho esto, fue a llamar a su hermana María y le dijo al oído: «El Maestro está ahí y te llama.» 29 Ella, en cuanto lo oyó, se levantó rápidamente, y se fue donde él.

30 Jesús todavía no había llegado al pueblo; sino que seguía en el lugar donde Marta lo había encontrado.
31 Los judíos que estaban con María en casa consolándola, al ver que se levantaba rápidamente y salía, la siguieron pensando que iba al sepulcro para llorar allí. 32 Cuando María llegó donde estaba Jesús, al verle, cayó a sus pies y le dijo: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.» 33 Viéndola llorar Jesús y que también lloraban los judíos que la acompañaban, se conmovió interiormente, se turbó 34 y dijo: «¿Dónde lo habéis puesto?» Le responden: «Señor, ven y lo verás.» 35 Jesús se echó a llorar. 36 Los judíos entonces decían: «Mirad cómo le quería.»
37 Pero algunos de ellos dijeron: «Este, que abrió los ojos del ciego, ¿no podía haber hecho que éste no muriera?» 38 Entonces Jesús se conmovió de nuevo en su interior y fue al sepulcro. Era una cueva, y tenía puesta encima una piedra. 39 Dice Jesús: «Quitad la piedra.» Le responde Marta, la hermana del muerto: «Señor, ya huele; es el cuarto día.» 40 Le dice Jesús: «¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?» 41 Quitaron, pues, la piedra. Entonces Jesús levantó los ojos a lo alto y dijo: «Padre, te doy gracias por haberme escuchado. 42 Ya sabía yo que tú siempre me escuchas; pero lo he dicho por estos que me rodean, para que crean que tú me has enviado.» 43 Dicho esto, gritó con fuerte voz: «¡Lázaro, sal fuera!» 44 Y salió el muerto, atado de pies y manos con vendas y envuelto el rostro en un sudario. Jesús les dice: «Desatadlo y dejadle andar.»

 

2- Meditar

Jesús visita a sus amigos que sufren, no se desentiende del sufrimiento de ellos. Tampoco se desentiende de nuestros sufrimientos ¿Recurrimos a él como Marta y María? ¿Le pedimos que nos ayude a salir de éstas situaciones de muerte?¿Oramos con fe? La única oración que se pierde es aquella que no se realiza, aún aquella que hacemos distraídos o cansados la recoge el Señor.

Reconocemos su voz que nos invita a salir de nuestros sepulcros? Estamos dispuestos a partir en la dirección que nos envíe? La Cuaresma es un tiempo de limosna, ayuno y oración, estas acciones no son un fin en sí mismo, son medios para ayudarnos a salir de nuestros sepulcros. Son caminos por los que transita el corazón que quiere volverse a su Señor rechazando el pecado y sus consecuencias. La Cuaresma es peregrinación en dirección del Señor. Ayudamos a otros a quitar las piedras que cubren la salida del sepulcro? Grita el Señor en nosotros a otros, Sal fuera……..?

 

3-Orar

San Ignacio nos invita a contemplar la escena por medio de una composición de lugar, con ello evitamos ser solamente contemplativos pasivos, al entrar en la escena que meditamos la contemplación se actualiza en nosotros. Para ello, nos preparamos pidiendo al Espíritu Santo que venga a orar en nosotros. Si esto lo hacemos en grupo, podemos incluir un gesto, poniéndonos delante de nuestros hermanos (que deben estar sentados con los ojos cerrados y los brazos extendidos) pronunciamos las palabras de Jesús incluyendo su nombre (………………………Sal fuera). Si lo hacemos individualmente, esta es la palabra que debemos pedir al Espíritu Santo nos deje oír de labios de Jesús (…………………………..Sal fuera). 

 

Que Dios los bendiga.

 

 

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