FE Y RAZÓN

"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"

Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo

(Santo Tomás de Aquino)

Tiempos de confusión, persecución y crecimiento

Tiempos de confusión, persecución y crecimiento

Diác. Jorge Novoa

 

El Cristianismo siempre ha enfrentado la ardua tarea de anunciar a Jesucristo como Señor y salvador del mundo. Y esto lo ha hecho en tiempos de calma, y también en tiempos de persecución. Persecución abierta y sangrienta, y otra más solapada, pero no menos agresiva, que asume una seudo postura negociadora, e invoca una y mil veces la tolerancia[1].

 

¿Cuánta basura se oculta bajo el paraguas de la tolerancia? Cuánto desprestigio va acumulando esta  palabra, debido a su ambigua aplicación y contenido. Aplicada con astucia, navega desde un extremo al otro, desde el respeto del otro como persona a la simple indiferencia. Tolerancia es hoy, la palabra estratégica de esta silenciosa persecución, como lo expresó tan claramente un pastor de nuestra América Latina, describiendo muchas de las cosas que se hacen contra la fe católica, como "terrorismo de guante blanco"[2]. ¿Se debe tolerar el mal?

 

La persecución que acarrea mucha injusticia y sufrimiento, también trae muchas bendiciones. Nuestra fe, a veces, demasiado acomodada a "la cultura dominante del mundo presente", se ve purificada. De allí, que resulte sorprendente, constatar como la Iglesia se ha fortalecido en estas situaciones ¿Esto supone una invitación a buscar la persecución? De ninguna manera, esto invita a esperar con confianza, y a permanecer de pie. No debemos temer esta situación, debemos temer no amar el camino de la verdad que conduce a la  santidad.

 

Estas situaciones, que nos ponen frente a decisiones radicales, nos ponen en sintonía con la voz del Señor que nos invita a navegar mar adentro. Hay un fuerte soplo que viene de Dios y que nos dispone a dejarnos conducir por el Espíritu. Y en distintas etapas de la historia providencialmente ha penetrado impetuosamente y raudamente en la Iglesia para renovarla.

 

En el horizonte del nuevo milenio se recorta la imagen del neopaganismo, que no viene bajo la figura de la bestia (aunque es bestia) amenazante que grita, sino perfectamente ataviada y mostrando en sus comportamientos gran corrección, pero odiando los caminos de santidad y sirviéndose de la mentira[3]para atacar a la Iglesia. Y aquí es donde se manifiesta su ser de bestia.  Se embandera con el vicio y la mentira es su escudo protector.

 

 "Entonces, ¿quién y qué puede impedir la consecución de la paz? A este propósito, la Sagrada Escritura, en su primer Libro, el Génesis, resalta la mentira pronunciada al principio de la historia por el ser de lengua bífida, al que el evangelista Juan califica como « padre de la mentira » (Jn 8,44). La mentira es también uno de los pecados que recuerda la Biblia en el capítulo final de su último Libro, el Apocalipsis, indicando la exclusión de los mentirosos de la Jerusalén celeste: «¡Fuera... todo el que ame y practique la mentira! » (22,15). La mentira está relacionada con el drama del pecado y sus consecuencias perversas, que han causado y siguen causando efectos devastadores en la vida de los individuos y de las naciones. Baste pensar en todo lo que ha sucedido en el siglo pasado, cuando sistemas ideológicos y políticos aberrantes han tergiversado de manera programada la verdad y han llevado a la explotación y al exterminio de un número impresionante de hombres y mujeres, e incluso de familias y comunidades enteras. Después de tales experiencias, ¿cómo no preocuparse seriamente ante las mentiras de nuestro tiempo, que son como el telón de fondo de escenarios amenazadores de muerte en diversas regiones del mundo? La auténtica búsqueda de la paz requiere tomar conciencia de que el problema de la verdad y la mentira concierne a cada hombre y a cada mujer, y que es decisivo para un futuro pacífico de nuestro planeta" [4]

 

La Iglesia en tiempos difíciles ha levantado siempre, como estandarte central, la Eucaristía y ha dirigido su mirada a la Santísima Virgen para implorar su protección. María como en los comienzos del cristianismo, recibe a los discípulos de Jesús al pie de la cruz. Y persevera con ellos en oración. María recibe a estos hijos atemorizados, luego de la partida de Jesús, y los introduce en la escuela de la fe, para ayudarlos a crecer en el seguimiento del Señor. En tiempos de confusión y desorientación la Santísima Virgen se presenta como estrella que ilumina a la humanidad en el camino hacia Jesús.  Los hijos, en nuestras familias cristianas, han aprendido el misterio de la oración en torno a las madres (o abuelas), esta especie de cenáculo familiar los introduce en ese otro Cenáculo de la familia universal que tiene a María por Madre, capitana y guía.

 

 

 



[1][1] Carlos García Andrade; Vida religiosa, vol 90, cuaderno 3, Mayo 2001. "La tolerancia, aunque sea una palabra cargada de prestigio en nuestra sociedad, es ambigua. Porque puede proceder de la acogida y aceptación del otro — y entonces sí es valiosa —, o puede tener como raíz la simple indiferencia, el "pasar" del otro mientras a mí no me afecte. En este último caso, se revela completamente ineficaz cuando aparecen los problemas. Porque no arranca de la aceptación del distinto como distinto sino del desinterés ("Mientras no moleste, que haga lo que quiera"). La tolerancia solo establece un marco formal una "comunión de mínimos" a todas luces insuficiente".

[2] "El futuro de la sana convivencia está siendo asechado por este tipo de  terrorismo de guante blanco que pretende destruir la posibilidad de vivir en la verdad lo cual trae consecuencias nefastas en todas las esferas de la sociedad" . «Nota doctrinal» publicada por el arzobispado de Lima, cuyo pastor es el cardenal Juan Luis Cipriani, ante la presentación de la película «El Código da Vinci».

[3] Mensaje de su santidad Benedicto XVI,  para la celebración de la jornada mundial de la paz, 1 de enero de 2006.

[4] Mensaje de su santidad Benedicto XVI,  para la celebración de la jornada mundial de la paz, 1 de enero de 2006.