FE Y RAZÓN
"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"
Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo
Con Pablo en dirección de Damasco
Diác. Jorge Novoa
Proemio
San
Pablo es una de las personalidades más fascinantes y atrayentes de la historia
de la humanidad. Su vida y misión en el cristianismo de todos los tiempos ha suscitado
asombro y admiración. El texto que meditaremos, es aquel que nos cuenta su
vocación, es decir, el encuentro que tuvo con el Señor y el llamado que
recibió cuando iba de camino a Damasco. Éste hecho, será siempre como un centro
incandescente, que lo nutrirá permanentemente en su misión, impulsándolo a ir
más allá, este "haber sido alcanzado por Cristo" nutrirá su pasión
por predicar el evangelio a tiempo y destiempo. En el libro de los Hechos, este
acontecimiento, aparece narrado en tres oportunidades (9,1-19;22,3-21;26,9-23),
las ligeras diferencias que encontramos, no
alteran en nada su sentido que es totalmente unitario, nos centraremos
en aquel texto que se encuentra en el capítulo IX.
Creemos
que la categoría encuentro, como categoría bíblica, define perfectamente la experiencia de Pablo, que anida en el corazón del
cristianismo. La vida cristiana como encuentro con Cristo es siempre
novedad, que nunca se agota, infinita novedad, que viene de la eterna belleza
del Señor. Basta repasar el capítulo 1° del evangelio según San Juan, y constatar
lo irrepetible y novedoso que se manifiesta esta vivencia del encuentro con el
Señor. El
encuentro con Cristo es siempre un
acontecimiento revelador. Es gracia que nos introduce en los caminos de la
Verdad; la verdad de Dios, de nosotros mismos, de los otros y el mundo.
Es gracia iluminadora que obra progresivamente o abruptamente
introduciéndonos en el camino de la
conversión. Las circunstancias e
intensidades del encuentro son diversas, al igual que la intensidad en
su progresión. Todos estamos invitados a
salir
al encuentro de Jesús, como decía San Agustín, salir al camino que conduce
hacia la meta, que es Dios[1].
El encuentro con Cristo marca nuestra vida, por su presencia y acción, hay un
antes y un después.
El
cristianismo no es una ideología, sino el encuentro con una persona, Jesús. El
flagelo opuesto, que funciona como impostura,
está en vivir y presentar el
cristianismo como una idea. Este peligro antiguo y muy actual, consiste en
adherir al cristianismo como a una ideología. "Hay un cristianismo y una
teología que reducen el meollo del mensaje de Jesús -el reino de Dios- a los
valores del Reino, identificando estos valores con las grandes consignas del
moralismo político, y proclamándolo, al mismo tiempo, como la síntesis de las religiones,
pero olvidándose así de Dios, a pesar de que Él es el sujeto y la causa del
reino de Dios"[2]. El
cristianismo no es un simple libro de cultura o una ideología, tampoco es un
mero sistema de valores o de principios, por más elevados que sean. El cristianismo
es una persona, una presencia, un rostro: Jesús, que da sentido y plenitud a la
vida del hombre.
"La
cuestión capital del cristianismo hoy día, tal y como Vuestra Santidad anunció
sugerentemente ya en la Redemptor hominis, encíclica programática de su
pontificado, es identificarlo con un Hecho -el Acontecimiento de Cristo- y no
con una ideología. Dios ha hablado al hombre, a la humanidad, no con un
discurso que en último término pueda ser un hallazgo de filósofos o
intelectuales, sino como un hecho acaecido del que se tiene experiencia.
Vuestra Santidad lo ha expresado en la Novo millenio ineunte: «No será una
fórmula lo que nos salve, sino una Persona y la certeza que ella nos infunde:
¡Yo estoy con vosotros!»"[3].
El camino cristiano en dirección de la Verdad es un camino teologal; fe,
esperanza y caridad. Un camino de encuentro con el Señor que nos invita a
seguirlo.
Estructura de nuestro texto
Nuestro
texto lo presentaremos en tres actos o momentos. Esta presentación quiere abordar la experiencia de Pablo, y al mismo
tiempo, tender puentes que permitan reconocer que muchos de sus elementos,
aunque con diversa intensidad, reflejan nuestras propias experiencias.
Saulo en dirección de Damasco (vv 1-2).
Encuentro con Cristo (vv 3-9) .
Encuentro con la Iglesia de Cristo (vv 10-23).
Saulo en dirección de Damasco (vv 1-2).
"1
Entretanto Saulo, respirando todavía amenazas y muertes contra los discípulos
del Señor, se presentó al Sumo Sacerdote, 2 y le pidió cartas para las
sinagogas de Damasco, para que si encontraba algunos seguidores del Camino,
hombres o mujeres, los pudiera llevar atados a Jerusalén"
¿Quién
es Saulo y que significa Damasco? Saulo nació el Cilicia (Hch 31,29), fuera de
la tierra de Israel, su padre era ciudadano romano (Hch 22,26-28),y allí entró
en contacto con las dos grandes cosmovisiones culturales que se disputaban el
control del mundo. Los helenistas con su cultura griega, ya muy desarrollada,
habían penetrado en distintos pueblos del Asia Menor y ejercían gran influencia
en los tiempos de Pablo. Los romanos, como amos y señores de turno, controlaban
esas tierras y poseían un imperio en
plena expansión. Saulo probablemente nació entre en 5-10 d.C, y aproximadamente
a los 15 años fue discípulo del rabino Gamaliel (Hch 22,3). En su
experiencia de joven fariseo, estudioso y severo observante de la ley, se
encuentran los tres grandes universos culturales y religiosos de la antigüedad;
griego, romano y judío. Dios está, desde el seno materno, preparando a Saulo, que va a ser llamado a proclamar la Buena
Noticia a los gentiles, conoce ya sus
idiosincrasias y podrá escrutarlas de manera nueva a la luz del Señor Resucitado que se le aparecerá en el camino.
Esta síntesis cultural, que se deposita en la existencia en Saulo, vivida
inconscientemente por él en su juventud, recibirá la nueva luz del Señor.
Se
nos dice que "respiraba todavía amenazas y muertes", la
expresión "respirar", muestra claramente que su oposición está
asentada en una firme convicción y seguridad. Saulo reconoce que los
cristianos, es decir, los discípulos del Señor son un peligro para la sociedad,
se encuentra enfrentado con sus enseñanzas y está dispuesto, por el mal que
percibe, a no escatimar en esfuerzos para erradicar a los miembros de este
grupo peligroso. De forma muy clara, aparecen presentadas en la Sagrada
Escritura sus actitudes de confrontación con los cristianos. Recordemos que
previamente a este pasaje, aparece mencionado en 7,57-58[4], como
un testigo mudo de la lapidación que sufrirá Esteban, y luego es presentado
aprobando su muerte (8,1)[5].
Al desatarse la persecución, su participación se volvió más activa, entraba a
las casas y se llevaba por la fuerza
hombres y mujeres, y los metía en la cárcel[6](8,3).
Los
proyectos aún no realizados, comienzan siendo proyectos deseados, que exigen
ser amados y servidos en el corazón. Los proyectos nacen siendo deseos que nos
mueven a obrar para alcanzar su realización. Debemos preguntarnos ¿Quién me
mueve a obrar en esta dirección?¿ Estoy movido por el Espíritu de Dios?¿Cuáles
son los medios que debo utilizar para alcanzar tales fines?¿Cuáles me
proponen?¿Son de la misma naturaleza: medios y fines?
El
destino de Saulo es Damasco, ella es la ciudad que congrega su mirada, allí
saciará el deseo que lleva en su corazón. Damasco simboliza sus sueños,
proyectos, habla de realización,
fidelidad y consolidación. Damasco es el polo que le atrae como promesa de
realización de sus proyectos. Es su norte. Para alcanzarlo hay que poner a su
servicio el corazón, las horas, muchas noches de insomnio y todo su ser en
tensión hacia él. Damasco en el inicio, es una realidad futura, pero ya está
presente en las opciones actuales de Saulo.
Damasco
son nuestros proyectos sin Dios, o lo que es peor, en su contra. ¿Cuantos
Damascos nos han cautivado prometiéndonos felicidades que nunca nos
entregaron?¿Cuánto esmero y esfuerzo hemos puesto en dirigirnos a nuestro
Damasco?
Encuentro con Cristo
3 Sucedió que, yendo de camino,
cuando estaba cerca de Damasco, de repente le rodeó una luz venida del cielo,4
cayó en tierra y oyó una voz que le decía: "Saúl, Saúl, ¿por qué me
persigues?"5 Él respondió: "¿Quién eres, Señor?" Y él: "Yo
soy Jesús, a quien tú persigues.6 Pero levántate, entra en la ciudad y se te dirá
lo que debes hacer." 7 Los hombres que iban con él se habían detenido
mudos de espanto; oían la voz, pero no veían a nadie.8 Saulo se levantó del
suelo, y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada. Le llevaron de la mano
y le hicieron entrar en Damasco.9 Pasó tres días sin ver, sin comer y sin
beber.
El
versículo 3 es riquísimo en sugerencias, nos dice "yendo de camino".
En uno de tantos que tiene la vida, o lo que es lo mismo, en lo cotidiano de su
vida. El Señor lo "alcanza", en un momento del trayecto que realiza
desde Jerusalén a Damasco. Cuando su corazón estaba totalmente excitado, a
punto de ser saciado en su sed, pues "estaba cerca de Damasco". Y sin
pedirle autorización. Dios entró en su vida, sin ningún tipo de aviso previo.
Dios irrumpió en la vida de Saulo como una saeta disparada del cielo. Él no se
había preparado, pero Dios lo había elegido. Nos dirá el texto, "de
repente", imprevistamente. Dios es Dios y siempre toma la iniciativa.
Dios,
también llega hoy imprevistamente a muchas vidas. Nos visita en una
enfermedad, en un momento de frustración, en un viaje, en la visita a un
Cottolengo o a una casa de salud. En ocasiones, ciertos conflictos en nuestras
relaciones familiares o laborales nos acercan a Dios. Y a veces, nuestros
proyectos, que lo habían desplazado absolutamente, parecen frustrarse
totalmente. Y en estas coordenadas intrincadas, a veces aparece su luz. Cuando
menos lo esperamos, y por le lugar más imprevisible. También nos visita en
tiempos de paz, de consuelo, a través de una amistad, o en el encuentro con
algún familiar. Sus caminos son múltiples, porque expresan un amor ingenioso
que no da nunca nada por perdido.
La
presencia de Cristo, en el camino de Damasco, se manifiesta en dos elementos;
luz y voz. El encuentro con el Señor es revelador, ilumina toda su existencia,
incluso las zonas privadas de su existencia, esas que son visitadas únicamente por él. La voz se presenta
amigable, lo llama por su nombre: "Saúl, Saúl…" No es una voz
acusadora que lo quiere desalentar o alejar, quiere atraerlo. Es la voz de la
Verdad que se le manifiesta como luz para su existencia.
El
mal espíritu, es presentado como "padre de la mentira", su acción
presenta una diversidad de estrategias, pero hay dos variantes que son muy
consecuentes: su voz es acusadora (Jb 1,6-11;2,4-5;Ap 12,10) y
desalentadora. No se levanta como el dedo del Bautista para indicar a Cristo: camino, verdad y vida. Nos señala
para acusarnos o acusar a otros, mostrándonos que no hay camino posible. Como
es "homicida desde el principio" inunda nuestras vidas de desaliento
para que bajemos los brazos. Cuando sientas en tu interior una voz que te
invita a bajar los brazos, ella viene del mal espíritu. San Agustín, estaba
totalmente perdido para muchos de su tiempo, y muchos habrán bajado los brazos,
pero no estaba perdido para Dios. Y la promesa de que para Dios no hay nada
imposible, encontró albergue en el corazón de su madre Santa Mónica. Y
ella, la hizo su bandera, y por ella derramó lágrimas y permanentes plegarias.
Y el Señor le respondió fielmente a su promesa, con el sí de Agustín.
¡Qué
consolador resulta saber que Jesús nos hace uno con Él!. Ante el desconcierto
de Saulo, el Señor se identifica con sus discípulos, se hace uno con ellos.
Cuando un discípulo es perseguido, el Señor es perseguido, y es Él, quien tarde
o temprano pedirá cuentas a los perseguidores. Saulo se muestra desconcertado,
desconoce la voz que lo interpela. Y entonces, pregunta: ¿Quién eres, Señor?
Tal
vez, somos o fuimos perseguidores de los discípulos del Señor. O lo que es
peor, tal vez seamos discípulos y perseguidores a la vez, "falsos
discípulos", quiera Dios que inculpablemente, y por lo tanto, hayamos inconscientemente albergado en nuestro corazón y en nuestras obras, seguimiento y
persecución. Muchos santos han sufrido persecución intraeclesial.
El
Señor le revela su nombre; Jesús. El nombre Jesús es un anuncio, Yahvéh salva.
Un nombre prohibido (Hch 4,18[7];5,28[8])por
el Sanedrín que había ordenado a los discípulos no invocarlo. Y, los apóstoles,
por ser obedientes a Dios (Hch 4,19; 5,29), habían padecido muchas amenazas y
azotes (Hch 5,40[9]). El nombre 'Jesús',
considerado en su significado etimológico, quiere decir 'Yahvéh libera', salva,
ayuda[10].
Esta es la invitación que recibe Saulo de parte de Dios, Jesús viene a
liberarlo, salvarlo y ayudarlo. Dios le revela a Saulo al Mesías esperado en su
Gloria. Saulo, el viejo fariseo, está ciego, como el legalismo que no ha
reconocido al Mesías, y ahora es
invitado a dar un paso en dirección del
hombre nuevo que es Pablo. Debe, según el designio de Dios, entrar en Damasco
como Pablo.
Tres son las
indicaciones que recibe: levántate, entre en la ciudad y obedece. De ellas, me
detendré en la segunda. El que ha salido de Jerusalén decidido a entrar a
Damasco, como dice el dicho popular "pisando fuerte", ahora entrará
allí no como lo había imaginado o deseado, sino de la forma que Dios se lo
ordene. En realidad, "le hicieron entrar", el que se bastaba a sí
mismo, entra necesitado y vulnerable. Nos dice el texto que: "lo llevaron
de la mano". El que con mano firme, iba a traer a los discípulos del Señor
"hombre y mujeres a Jerusalén", ahora necesita ser conducido. Así
entra Pablo en Damasco!!! No como lo había soñado, ni como lo había previsto.
Dios lo había llamado cambiándole el curso a su historia.
"Aunque
tiene los ojos abiertos está ciego…"cuanto podríamos reflexionar a partir
de esta expresión, diría Jesús "viendo no ven y oyendo no oyen",
Pablo estaba convencido de que veía, pero el Señor le muestra su ceguera. La
ceguera engendra prepotencia, esa de la que hacía gala, por el contrario, el
amor es servicial, sin envidia, no quiere aparentar, ni se hace el importante,
no actúa con bajeza, ni busca su propio interés (cfr. I Cor 13). Pasó tres
días sin ver, sin comer y sin beber(v.9). Finalmente éste versículo nos muestra a Pablo
atravesando el umbral del pórtico cristiano. Creía conocer a Dios, estaba
seguro de reconocer su voluntad, quería
ansiosamente enfrentar a ese grupo de hombres y mujeres peligrosos. Pero, ha
recibido un golpe durísimo, ha sido impactado en los fundamentos mismos donde
edificaba su existencia. Los pilares que sostenían su existencia han sido
duramente conmovidos. Nada ha quedado en pie, todo ha sido demolido. Ha sido
alcanzado por un Tsunami de Dios. Se sentía tan seguro en posesión de la
verdad, y ahora espera una luz nueva que le permita encontrarla realmente. Está
sumido una y otra vez, en ese acontecimiento que sobrevuela permanentemente en
su mente, del que no podrá salir por sus propios medios, experimentará la salvación como rescate. Si la interpretación de la Ley
y los profetas, lo conducían a perseguir a los discípulos del Señor, luego del
encuentro con Él, no puede quedar nada
más que "piedra sobre piedra". Ha experimentado en su propia vida la
destrucción del Templo de Jerusalén. En lugar del Templo antiguo y la
interpretación farisaica de la ley, ha comenzado a levantarse el Cuerpo de Cristo. Pablo, fue conquistado
por la gracia divina en el camino de Damasco y de perseguidor de los cristianos
se convirtió en Apóstol de los gentiles. Después de encontrarse con Jesús en su
camino, se entregó sin reservas a la causa del Evangelio.
Encuentro con la Iglesia de Cristo
10
Había en Damasco un discípulo llamado Ananías. El Señor le dijo en una visión:
"Ananías." El respondió: "Aquí estoy, Señor."11 Y el Señor:
"Levántate y vete a la calle Recta y pregunta en casa de Judas por uno de
Tarso llamado Saulo; mira, está en oración 12 y ha visto que un hombre llamado
Ananías entraba y le imponía las manos para devolverle la vista."13
Respondió Ananías: "Señor, he oído a muchos hablar de ese hombre y de los
muchos males que ha causado a tus santos en Jerusalén 14 y que está aquí con
poderes de los sumos sacerdotes para apresar a todos los que invocan tu
nombre." 15 El Señor le contestó: "Vete, pues éste me es un
instrumento de elección que lleve mi nombre ante los gentiles, los reyes y los
hijos de Israel. 16 Yo le mostraré todo lo que tendrá que padecer por mi
nombre."17 Fue Ananías, entró en la casa, le impuso las manos y le dijo:
"Saúl, hermano, me ha enviado a ti el Señor Jesús, el que se te apareció
en el camino por donde venías, para que recobres la vista y seas lleno del
Espíritu Santo." 18 Al instante cayeron de sus ojos unas como escamas, y
recobró la vista; se levantó y fue bautizado. 19 Tomó alimento y recobró las
fuerzas. Estuvo algunos días con los discípulos de Damasco, 20 y en seguida se
puso a predicar a Jesús en las sinagogas: que él era el Hijo de Dios. 21 Todos
los que le oían quedaban atónitos y decían: "¿No es éste el que en
Jerusalén perseguía encarnizadamente a los que invocaban ese nombre, y no ha
venido aquí con el objeto de llevárselos atados a los sumos sacerdotes?"
22 Pero Saulo se crecía y confundía a los judíos que vivían en Damasco
demostrándoles que aquél era el Cristo. 23 Al cabo de bastante tiempo los
judíos tomaron la decisión de matarle.
El
Señor incorpora en su obra de salvación a su esposa la Iglesia ¿Quién es Ananías? Es un discípulo del
Señor, uno de tantos, por el lugar discreto
y sin mucha referencia que ocupa en la Escritura, fácilmente puede ser
identificado como un simple creyente que luego de participar en este
acontecimiento, vuelve al anonimato. Según la reflexión posterior del apóstol
de los Gentiles, poco importa quien es el sembrador o el segador, lo primordial
es Dios que da crecimiento. Ananías a la llamada del Señor, ha respondido con
una fórmula bíblica que denota su gran
disponibilidad: "Aquí estoy Señor" (v.10). Jesús hace partícipe a su
Iglesia de su decisión y de la obra que ha iniciado en el camino de Damasco.
Revelándole a su discípulo Ananías la
misión que le encomendará a Pablo (v.15).
Ananías
encarna también un cierto "temor eclesial" (v.14). El Señor ha
encomendado a los apóstoles; el santificar, gobernar y enseñar[11](LG
n°51) a su Iglesia. A lo largo de la historia, Él ha suscitado en su seno,
respuestas a llamadas singulares que a
modo de Tsunamis se gestan silenciosamente y que al manifestarse adquieren proporciones inimaginables. El espectador
ateo se sorprende por el
desconocimiento del origen que tiene esta "acción". Podríamos, entre
algunos ejemplos actuales, reconocer
esta acción: en Madre Teresa de Calcuta; también ha estado presente en el Papa Juan Pablo II; a medida que
compartíamos los 26 años del pontificado, intuíamos su grandeza, pero ella
permanecía presentada veladamente, y luego de su muerte, en las múltiples
recopilaciones realizadas por los medios de comunicación, asistimos al
reconocimiento de todas las confesiones religiosas y de hombres de ciencia de
las más diversas ideologías. Se sintió en el mundo una ovación universal.
A
veces las acciones del Señor, realizadas por caminos nuevos, desconciertan a los discípulos. Las dudas atemorizan y
siembran confusión. ¿Quién lo llamó y en que circunstancia? Cuando el Señor de
los caminos, toma por uno desconocido que el mismo inaugura, a veces su Iglesia
padece este "temor eclesial"[12](cfr.
Hch 9,26). Los fundadores han padecido incomprensiones y sufrimientos. Pablo es
el arquetipo más claro de esta situación, deberá reclamar para sí, una y otra
vez, en sus epístolas, su condición de apóstol, aunque no pertenece al grupo de
los Doce. Esto para nada supone un aval, a una pretendida iglesia carismática,
que se comprende en oposición a la jerárquica y que desconoce lo jerárquico
como un don dado a la Iglesia. "Los dones carismáticos y los dones jerárquicos son
distintos, pero también recíprocamente complementarios"[13].
El
Dios que se revela a Pablo, es el Dios Viviente, agente primero y principal de
la obra de la salvación. Su misión es eclesial. Pablo, ha sido alcanzado por el amor del Señor, y elegido como
instrumento, para configurarse con Cristo progresivamente y vivir de "la
fe en el Hijo de Dios" que se entregó por él. Será un instrumento
perfectamente afinado para la misión que se le encomendará, que supera
humanamente sus fuerzas, pero recibirá una gracia superabundante que lo
confortará para combatir el buen combate de la fe. Será un instrumento dócil a
las mociones del Espíritu Santo. La elección y el llamado del Señor, necesitan
del compromiso total de Pablo. Ha sido elegido y destinado a dar fruto, y que
éste permanezca, pero deberá entregarse totalmente a la tarea encomendada, que
le deparará sufrimientos (Hch 9,16)[14].
Obedeciendo
a la Palabra recibida, y venciendo las vacilaciones iniciales, Ananías se
dirige en dirección de Pablo. Dios siempre toma la iniciativa. Él le salió al
paso en el camino de Damasco y ahora envía a Ananías. Éste, dirige a Pablo una
primera palabra, capaz de sacarlo de su situación actual: "hermano".
Que habrá sentido, aquel corazón que por tres días estuvo en el vientre de su
existencia, "sin ver, sin comer y sin beber", al escuchar esta
palabra, propia de un amor que desborda en gestos exquisitos. Esta palabra
manifiesta la cercanía de Dios, pronunciada por un perseguido frente a su
perseguidor, abate con ella definitivamente todas las dudas que se quieran
levantar. La palabra que crece en el corazón de Ananías y será plantada en el
de Pablo, tiene como remitente al Señor. Ananías ha sido enviado como mensajero
del Señor.
Aquel
que se le apareció en el camino, no le ha abandonado. Ha estado velando silenciosamente a su lado y ha participado a
sus discípulos de su decisión, para que le acompañen e incorporen en la única
Iglesia que él fundó. Las misiones eclesiales se viven desde el misterio de la
comunión. Dios cuando nos llama, nunca nos entrega un acertijo o una especie de
ejercicio matemático imposible de resolver. La fe tiene una pedagogía propia y
muchas veces, somos niños que gatean en las cosas de la fe, de allí que Dios
nos conduce con paciencia por esta vía como a infantes que necesitan crecer. Y
la gradualidad de nuestro aprendizaje no es parte de una pista falsa, sino del
lenguaje de la fe que debemos aprender a desentrañar.
Dios
se ha servido de Ananías para encender una reacción en cadena. Este
acontecimiento, nos hace comprender que las circunstancias adversas no suponen
una imposibilidad para el encuentro con el Señor. Pablo estaba en la orilla
contraria, no como un espectador pasivo, neutro, sino como enemigo encarnizado.
Esta vivencia lo marcará en su apostolado manifestando la necesidad de
evangelizar a tiempo y a destiempo, oportuna e inoportunamente.
Cuantas
veces han venido a nuestra mente pensamientos o palabras para comunicar a otros
sobre Dios, para consolarlos y confortarlos con una enseñanza de Jesús o de un
santo. Y probablemente, hemos pensado que no era el momento oportuno. Y si
repasamos la cantidad de veces que esto ha ocurrido, a veces descubrimos, que
ha sido bastante habitual. Este texto pone ante nuestra consideración, que tal
vez, nos equivocamos cuando tan habitualmente
consideramos inoportunos tantos momentos.
Pablo
es armado para su nueva misión, y estas "como escamas" (v.18) que caen
de sus ojos, manifiestan no solamente que ha recobrado la visión, sino que ve
de manera totalmente nueva. Y ello se debe, a que por el gesto de la imposición
de manos, Dios lo ha colmado con el Espíritu Santo (v.17). Este "ver"
en el Espíritu Santo, renueva toda su existencia y ahora "cae" (v.18)
el velo que le impedía ver la realidad.
Pablo,
como buen discípulo del Señor, actúa con prontitud predicando a
Jesucristo(v.20) en las sinagogas de Damasco. Esta actitud de Pablo
desconcierta a judíos y cristianos; unos, conociendo la misión que lo llevó a
Damasco, ven una realidad que se presenta en las antípodas. El que venía
persiguiendo a los cristianos
"encarnizadamente" (v.21), ahora predicaba que Jesús "era
el Hijo de Dios" (v.20). Los discípulos desconfiaban y temían que fuera
una estrategia para acercarse a ellos(v.26). Pablo en el inicio, debe anclar su
misión en Aquel que lo llamó en el camino de Damasco. La profecía que Jesús
reveló a su discípulo Ananías, sobre el sufrimiento que padecería el apóstol,
se manifiesta desde el inicio de la misión de Pablo y lo acompañará
permanentemente. Exclama Pablo: "¡Bendito sea el Dios y Padre
de nuestro Señor Jesucristo, Padre de los misericordias y Dios de toda
consolación, que nos consuela en toda tribulación nuestra para poder nosotros
consolar a los que están en toda tribulación, mediante el consuelo con que
nosotros somos consolados por Dios! Pues, así como abundan en nosotros los
sufrimientos de Cristo, igualmente abunda también por Cristo nuestra consolación"(II
Cor 1,3-5).
Hay
una enseñanza, que en el corazón de los cristianos de la primera hora, se
vuelve fuente inagotable. Dios puede volver a cualquier Saulo en Pablo. Ni aún
los más encarnizados perseguidores, pueden impedir la realización del plan de Dios.
No debemos temer a los Saulos de turno, que puedan aparecer como perseguidores
sanguinarios, debemos temer no amar la
santidad.
Que
mejor, que cerrar esta meditación sobre el apóstol de los Gentiles, escuchando
su propio testimonio."Es cierta y digna de ser aceptada por todos esta
afirmación: Cristo Jesús vino al mundo a salvar a los pecadores; y el
primero de ellos soy yo. Y si encontré misericordia fue para que en mí
primeramente manifestase Jesucristo toda su paciencia y sirviera de ejemplo
a los que habían de creer en él para obtener vida eterna. Al Rey de los siglos,
al Dios inmortal, invisible y único, honor y gloria por los siglos de los
siglos. Amén" (I Tim 1,15-17).
[1]
San Agustín, Comentario al Evangelio según San Juan
13,4.
[2] Joseph
Ratzinger 1/4/05; "Una confusa ideología de la libertad". Esta
palabras la dirigió la tarde del 1 de abril en que le fue entregado al entonces
cardenal Joseph Ratzinger, en el monasterio de Subiaco, cuna de los
benedictinos y de Europa, el Premio San Benito «por su labor excepcional a
favor de la promoción de la vida y de la familia en Europa».
[3] Carta de
Luigi Giussani al Papa Juan Pablo II,
En ocasión de los 50 años del Movimiento Católico Comunión y Liberación,
Milán 26 de enero de 2004.
[4] "
Entonces, gritando fuertemente, se taparon sus oídos y se precipitaron todos a
una sobre él; 58 le echaron fuera de la ciudad y empezaron a apedrearle. Los
testigos pusieron sus vestidos a los pies de un joven llamado Saulo"
(Hch 7,57-58).
[5] Saulo aprobaba su muerte (Hch 8,1)
[6]
Entretanto Saulo hacía estragos en la Iglesia; entraba por las casas, se
llevaba por la fuerza hombres y mujeres, y los metía en la cárcel (Hch 8,3).
[7] Les
llamaron y les mandaron que de ninguna manera hablasen o enseñasen en el nombre
de Jesús.
[8]"Os
prohibimos severamente enseñar en ese nombre, y sin embargo vosotros habéis
llenado Jerusalén con vuestra doctrina y queréis hacer recaer sobre nosotros la
sangre de ese hombre."
[9]Entonces llamaron a los apóstoles; y, después de haberles azotado, les intimaron que no hablasen en nombre de Jesús. Y les dejaron libres.
[10] Juan
Pablo II, Catequesis Jesús Hijo de Dios y salvador, 14.1.1987.
Antes de la esclavitud de Babilonia se expresaba en la
forma 'Jehosua': nombre teofórico que contiene la raíz del santísimo nombre de
Yahvéh. Después de la esclavitud babilónica tomó la forma abreviada 'Jeshua'
que en la traducción de los Setenta se transcribió como 'Jesous', de aquí
'Jesús'. El nombre estaba bastante difundido, tanto en la antigua como en la
Nueva Alianza. Es, pues, el nombre que tenía Josué, que después de la muerte de
Moisés introdujo a los israelitas en la tierra prometida: 'EI fue, según su
nombre, grande en la salud de los elegidos del Señor... para poner a Israel en
posesión de su heredad' (Sir 46, 1-2). Jesús, hijo de Sirah, fue el compilador
del libro del Sirácida (50, 27). En la genealogía del Salvador, relatada en el
Evangelio según Lucas, encontramos citado a 'Er, hijo de Jesús' (Lc. 3, 28-29).
Entre los colaboradores de San Pablo está también un tal Jesús, 'llamado Justo'
(Cfr. Col 4, 11). El nombre de Jesús, sin embargo, no tuvo nunca esa plenitud
del significado que habría tomado en el caso de Jesús de Nazaret y que se le
habría revelado por el ángel a María (Cfr. Lc 1, 31 ss.) y a José (Cfr. Mt 1,
21). Al comenzar el ministerio público de Jesús, la gente entendía su nombre en
el sentido común de entonces…
En la tradición del pueblo de Israel el nombre 'Jesús' conservó su valor etimológico: 'Dios libera'. Por tradición, eran siempre los padres quienes ponían el nombre a sus hijos. Sin embargo en el caso de Jesús, Hijo de María, el nombre fue escogido y asignado desde lo alto, y antes de su nacimiento, según la indicación del Ángel a María, en la anunciación (Lc 1, 31 ) y a José en sueño (Mt 1, 21). 'Le dieron el nombre de Jesús' (subraya el Evangelista Lucas), porque este nombre se le había 'impuesto por el Ángel antes de ser concebido en el seno de su Madre' (Lc 2, 21). En el plan dispuesto por la Providencia de Dios, Jesús de Nazaret lleva un nombre que alude a la salvación: 'Dios libera', porque El es en realidad lo que el nombre indica, es decir, el Salvador. Lo atestiguan algunas frases que se encuentran en los llamados Evangelios de la infancia, escritos por Lucas: '...nos ha nacido... un Salvador' (Lc 2, 11), y por Mateo: 'Porque salvaría al pueblo de sus pecados' (Mt 1, 21). Son expresiones que reflejan la verdad revelada y proclamada por todo el Nuevo Testamento. Escribe, por ejemplo, el Apóstol Pablo en la Carta a los Filipenses: 'Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó un nombre, sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble la rodilla y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor (Kyrios, Adonai) para gloria de Dios Padre' (Flp 2, 9-11). La razón de la exaltación de Jesús la encontramos en el testimonio que dieron de El los Apóstoles, que proclamaron con coraje 'En ningún otro hay salvación, pues ningún otro nombre nos ha sido dado bajo el cielo, entre los hombres, por el cual podamos ser salvos' (Hech 4, 12).
[11] Concilio Vaticano II, Lumen Gentium N° 51, "Ahora bien: la consagración episcopal, junto con el oficio de santificar, confiere también los de enseñar y regir, los cuales, sin embargo, por su naturaleza, no pueden ejercitarse sino en comunión jerárquica con la Cabeza y miembros del Colegio".
[12] Llegó a
Jerusalén e intentaba juntarse con los discípulos; pero todos le tenían miedo,
no creyendo que fuese discípulo.
[13]S.S. Juan
Pablo II, Discurso a los participantes en el II Coloquio internacional de los
movimientos eclesiales, Rocca di Papa, 2-III-1987, 3.
[14] 16 Yo le
mostraré todo lo que tendrá que padecer por mi nombre."