FE Y RAZÓN

"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"

Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo

(Santo Tomás de Aquino)

Soy católico "a mi manera"

Diác. Jorge Novoa

 

Soy católico, pero no voy a misa. En realidad creo en Dios, pero no en la Iglesia. Las respuestas que seguramente recibirás, con algunas variantes, irán en esta dirección. ¿Que encierra este "soy católico"? Probablemente un sentimiento de pertenencia, que vendrá por el Bautismo o la primera Comunión, o por el vínculo con algún colegio católico, nunca falta tampoco, quien guarda un grato recuerdo de su paso en la niñez o juventud, por ser como  lo llama, un "ayudante en la misa".

 

Soy católico a mi manera. Esta frase, no solo no tiene ningún fundamento, sino que en sí misma es contradictoria. Utilizarla es afirmar y negar una realidad al mismo tiempo, lo que resulta imposible. Quien hace esta afirmación, desconoce el carácter de revelación que tiene la religión cristiana. Las verdades reveladas no son realidades que se nos presentan "a la carta", para que cada uno, como en un restaurante, vaya eligiendo, por un lado las que más le agradan y por el otro, rechazando las que le desagradan. La fe católica tiene su fundamento en la revelación de Dios.

 

Y aquí tenemos, unas características muy concretas:

 

Dios se manifiesta dándose a conocer. Esto supone un marco posible de comprensión por parte del hombre. El hombre puede entrar en esta relación con Dios por ser criatura suya, y haber sido dotado por Él, de la potencialidad necesaria para vivir esta comunicación. También esta afirmación supone una comprensión de Dios, muy concreta, que manifiesta su voluntad de darse a conocer. Por otra parte, se desprende que el hombre no puede alcanzar el conocimiento de lo que Dios es en sí, si éste no se lo revela. Podemos por la razón afirmar la existencia de Dios y sus atributos. Como dice san Pablo a los romanos: podemos elevarnos por medio de las criaturas al Creador. Ellas manifiestan al hombre una acción superior. Pero, quién es Él en sí, únicamente podemos alcanzarlo por la Revelación. Una acción que tiene su iniciativa en Dios.

 

Dios nos da a conocer quién es Él y cual es su plan de salvación. Esta acción de Dios, se realiza progresivamente y alcanza su "plenitud" en Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Con Él,  Dios lleva a término su Revelación. Jesucristo es la Palabra definitiva de Dios a los hombres. Ya no es un mensaje que envía a través de un mensajero, sea ángel, profeta o un rey, ahora el mensaje y su emisario son uno y el mismo. Este es Evangelio, es decir, buena noticia de Jesucristo el Hijo de Dios. Toda su existencia es Palabra de Dios, que concreta en la "carne humana" el misterio más insondable que se denomina "Dios con nosotros". A los pastores, se les anuncia un signo y se les comunica una "gran alegría", ha nacido el salvador. Se concreta en la carne el anuncio esperado, y de modo inaudito la realidad  limitada ahora es habitada por Dios.

 

La vida de Jesús es la clave que abre las puertas de la existencia humana. Sus palabras y obras, son y siempre serán, sobre la existencia humana la Verdad ¿Quiénes conservaron el tesoro de sus enseñanzas y las verdades encerradas en los acontecimientos de su vida?¿Quiso Él guardar, de algún modo concreto, el tesoro de su paso en medio nuestro?

 

Sí, la Iglesia nace de este deseo de Jesús por comunicar esas verdades a todas las generaciones, y no solo intelectualmente, sino celebrándolas en la fe. Luego de la Pascua, el testimonio ocular de los testigos, es iluminado por la acción del Espíritu Santo que los conduce a la verdad plena. De allí, que el Espíritu Santo  y los obispos, como sucesores de los apóstoles, garantizan en una única acción, la proclamación de esta verdad plena a todos los hombres de todos los tiempos. Esta acción ininterrumpida, fruto de la fidelidad de Dios, es obra del Espíritu Santo en la Iglesia. Como dice san Pablo: Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la Verdad.

 

Soy católico a mi manera. Una afirmación tan sencilla, encierra errores muy importantes que no debemos soslayar. No somos un grupo de amigos que con el transcurso del tiempo, interpretamos lo que Jesús nos enseñó, y le vamos dando un toque más liberal o pragmático. Tampoco nuestro credo debe ser considerado, como la "carta de un restaurante", que nos permite seleccionar lo que más no apetece. No hay católicos a su manera. Hay católicos prácticos, y otros que no lo son. Han recibido el Bautismo, y esto tiene gran importancia, pero lamentablemente ha quedado en una foto o en alguna filmación…