FE Y RAZÓN

"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"

Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo

(Santo Tomás de Aquino)


Contemplar con María el rostro de Cristo

Presentación de la carta apostólica "Rosarium Virginis Mariae"

 

Diác. Jorge Novoa

 

Desde el pasado mes de octubre, estamos en el año del Santo Rosario[1]. Que ha sido inaugurado solemnemente, por Juan Pablo II, con una carta apostólica llamada "El Rosario de la Virgen María" (ROSARIUM VIRGINIS MARIAE= RVM). Debo confesar que, antes de leerla, creía que su aspecto central era la inclusión de los misterios luminosos. Pero, luego de entrar en contacto con ella, descubrí que su  finalidad busca anclarse en realidades más profundas.

El tono que se deja ver en la carta, recuerda a las exhortaciones proféticas, especialmente por la urgencia de implorar la intervención de Dios (RVM,6), porque "sólo una intervención del lo Alto" (RVM,40) puede mover los corazones de quienes dirigen los destinos de las Naciones. La paz y la violencia nacen del corazón del hombre, sobre el que sólo Dios tiene poder.   

¿El Santo Padre ha percibido algo por gracia especial de Dios? Desde su llegada a la sede de Pedro su tarea en favor de la paz ha sido infatigable, señalando la causa de los males actuales y  exhortando a cambiar de rumbo para evitar las consecuencias nefastas que acarreará permanecer en esta dirección.

 

Preámbulo

 

El Documento es una orientación pastoral en continuidad con la Novo milennio ineunte (=NMI)[2] , en la que ha "invitado al Pueblo de Dios « a caminar desde Cristo »". En continuidad con ello, ahora siente "la necesidad de desarrollar una reflexión sobre el Rosario, en cierto modo como coronación mariana de dicha Carta apostólica, para exhortar a la contemplación del rostro de Cristo en compañía y a ejemplo de su Santísima Madre" (RVM,3). El Santo Padre en el ejercicio de su misión, como supremo pastor de la Iglesia, quiere impulsar al Pueblo de Dios hacia el futuro. Éste es ciertamente un mar desconocido. El Papa nos recuerda la presencia de Cristo con nosotros en la barca y el poder transformante de la contemplación de su rostro.  La fecundidad de toda acción eclesial deviene del encuentro con Cristo y es don suyo. "María propone continuamente a los creyentes los 'misterios' de su Hijo, con el deseo de que sean contemplados, para que puedan derramar toda su fuerza salvadora. Cuando recita el Rosario, la comunidad cristiana está en sintonía con el recuerdo y con la mirada de María"(RVM,11).  

 

La Carta Apostólica RVM que quiero presentarles puede tener distintas vías de acceso. Nosotros seguiremos  4 líneas conductoras, con las que intentaremos profundizar en el mensaje que nos quiere trasmitir. Yo arriesgándome demasiado las sintetizaría diciendo: El Rosario es una vía de santidad para los cristianos del Tercer Milenio, que nace de la contemplación de la belleza del rostro de Cristo y de la profundidad de su amor.

 

  1. El Rosario y el Santo Padre.
  2. Una oración centrada en la cristología.
  3. Instrumento eficaz ante los males de la sociedad.
  4. Camino de santificación para los cristianos del Tercer Milenio.

 

La estructura de la carta apostólica es la siguiente: una introducción, tres capítulos y una conclusión:

Introducción.

Cap.I-  Contemplar a Cristo con María.

                  Cap.II- Misterios de Cristo misterios de la Madre.

                                  Cap.III-Para mí la vida es Cristo.

                                 

Conclusión.

 

Decía S. Agustín: "A Cristo es imposible conocerlo y no amarlo, amarlo y no seguirlo." La estructura, en una primera aproximación, propone un esquema similar al  de Agustín. La contemplación nos introduce en los misterios de vida de Cristo, conducidos por su santa Madre, que participó de un modo singlar en ellos, para configurarnos con Él. El Papa nos propone el conocimiento que viene por la contemplación, como gracia de la oración,  a la que somos conducidos por María su Madre. La contemplación es en primer lugar una gracia que hay que implorar y acoger. 

 

I- El Rosario y el Santo Padre

Que Juan Pablo II aparezca vinculado, una vez más, a la Santísima Virgen y en este caso particular a la plegaria del Rosario no debe extrañarnos. Luego de su extenso y fecundo pontificado decía: "Cuántas gracias he recibido de la Santísima Virgen a través del Rosario en estos años: Magnificat anima mea Dominum! Deseo elevar mi agradecimiento al Señor con las palabras de su Madre Santísima, bajo cuya protección he puesto mi ministerio petrino: Totus tuus!". Este acto de confianza inicial en la Madre de Cristo, expresado en el lema elegido,"Todo Tuyo", hoy lo encuentra  al Santo Padre, dando testimonio de la materna solicitud de María hacia él y su ministerio. Con este acto quiere poner el vigesimoquinto año de su pontificado bajo el signo protector de esta oración[3].        

" El Rosario me ha acompañado en los momentos de alegría y en los de tribulación. A él he confiado tantas preocupaciones y en él siempre he encontrado consuelo. Hace veinticuatro años, el 29 de octubre de 1978, dos semanas después de la elección a la Sede de Pedro, como abriendo mi alma, me expresé así: «El Rosario es mi oración predilecta. ¡Plegaria maravillosa! Maravillosa en su sencillez y en su profundidad. [...]"[4].

La intención de esta propuesta, no se debe únicamente a una devoción personal  por el Santo Rosario, ella manifiesta claramente la comunión con la tradición que custodia y de la que se convierte en testigo, con un sin número de santos[5] y  predecesores suyos[6]. Ocupando un lugar destacado está el Papa León XIII y su encíclica "Supremi apostolatus officio … con la cual inauguró otras muchas intervenciones sobre esta oración, indicándola como instrumento eficaz ante los males de la sociedad" (RMV,1). "La Iglesia ha visto siempre en esta oración una particular eficacia, confiando las causas más difíciles a su recitación comunitaria y a su práctica constante. En momentos en los que la cristiandad misma estaba amenazada, se atribuyó a la fuerza de esta oración la liberación del peligro y la Virgen del Rosario fue considerada como propiciadora de la salvación" (RVM,39). 

Parece indicarnos, desde la introducción, el camino que debemos seguir,  en continuidad con una rica y larga tradición: a Cristo por María. A Jesús por María no es una invención moderna es la tradición bimilenaria del cristianismo. El cristiano que transita en la vida de oración por el camino del Rosario, encuentra una vía fecunda  hacia la contemplación de los misterios de la vida de Cristo. Una vía "sencilla y profunda[7]", sumamente adecuada a las exigencias de ser testigo de Cristo en el Tercer Milenio. Esta plegaria eminentemente mariana, pone al creyente en el corazón de los misterios de la vida de Jesús en comunión con María. Ella conduce al creyente hacia una íntima vinculación con el Hijo[8], por el ejercicio de la maternidad espiritual. 

Otro aspecto que merece nuestra atención, es la referencia breve pero significativa que  realiza a la conmemoración del inicio del Concilio Vaticano II[9].

Esta reflexión asume y penetra la orientación conciliar. María es miembro de la Iglesia e ícono, discípula y maestra de los discípulos. Contemplando a Cristo por medio de ella, recorremos el camino que conduce al Padre que la elige para ser "puerta del cielo".

 

 

 

II-Una oración centrada en la cristología

 

Todo cristiano que ora, entra en la oración de la Iglesia que es la oración del Espíritu Santo, participando del ejercicio del sacerdocio de Cristo, que tributa al Padre su ofrenda eterna. El Espíritu Santo suscita en el corazón del cristiano la oración de Cristo. En este sentido, si "podemos contemplar la oración de María es porque está en íntima relación con la oración de Cristo. La relación de fe que une a María con Cristo comunica a su oración todo su valor y poder"[10].

 

“El Rosario, en efecto, aunque se distingue por su carácter mariano, es una oración centrada en la cristología” (RVM, 1)[11]. “ Con él, el pueblo cristiano aprende de María a contemplar el rostro de Cristo y a experimentar la profundidad del amor”(RVM,1).

Dios ha tomado un rostro humano y dicho rostro es el lugar privilegiado de su Revelación. La contemplación cristiana supone el encuentro con este rostro. En él debemos fijar nuestro ojos para captar el Misterio que irradia y manifiesta en “ el camino ordinario y doloroso  de su humanidad, hasta percibir su fulgor divino manifestado definitivamente en el Resucitado glorificado a la derecha del Padre” (RMV,9).

 

Todos los cristianos al contemplar el rostro de Cristo debemos disponernos a “acoger el misterio de la vida trinitaria, para experimentar de nuevo el amor del Padre y gozar de la alegría del Espíritu Santo” (RVM,9).

 

La vida cristiana aparece marcada por un doble ritmo que constituyen la existencia completa: contemplación y servicio. Hoy aparece bastante más olvidada la primera, decía un gran teólogo del Concilio Vaticano II “ yo rechazo una existencia que, para ser verdaderamente humana, no fuera más que servicio. Afirmar esto, que muchas gentes presienten sin tener la valentía de decirlo, es una de las razones de ser cristianos al lado de otro que, en el plano del servicio a los hombres, hacen frecuentemente mucho más de lo que nosotros podemos hacer. No se pide a todos los cristianos que sean místicos, pero todos, incluso los que están en los primeros grados de la oración, deben persuadirse de que, en el orden de los valores, la oración es esencial, y deben estar dispuestos a un mínimo de sacrificios para que ocupe un lugar real en su vida”[12].

La vida de servicio se nutre de la vida de oración, comunitaria e individual. En los tiempos que corren, hay una agresión de la cultura dominante hacia la dimensión contemplativa de la vida cristiana. Se presenta en la cultura "hodierna" esta cuestión, más radicalmente: “Ser o no ser, tal vez hoy, como para Hamlet, sea también esa la cuestión, ser hombre de oración o ser hombre de televisión”[13]

 

En la escuela de María

 

“Recorrer con María las escenas del Rosario es como ir a la escuela de María para leer a Cristo, para penetrar su secretos, para entender su mensaje” (RVM, 14). "Su confianza absoluta y audaz, su seguridad indefectible en el poder del Espíritu Santo hace de María la maestra de oración de los discípulos en el Cenáculo. Ella les enseña en primer lugar por la asiduidad en la súplica, a permanecer en la ciudad y a perseverar en la oración"[14] Nadie como ella ha contemplado el rostro de Cristo, que ha “tomado de Ella una semejanza humana que evoca una intimidad espiritual” (RVM,10). 

El Santo Padre nos propone por medio del Rosario, un itinerario mariano de contemplación, expresado en cinco verbos: Recordar, comprender, configurarse, rogar y anunciar a Cristo con María.

 

Recordar (RVM,13)

 

El recuerdo, tal como lo presenta el Papa, hunde sus raíces en el concepto bíblico “zakar”[15] ; los acontecimientos salvíficos son conservados y actualizados permanentemente, en el sagrario de la memoria del pueblo de Dios. Esta palabra[16] tiene su fundamento, en la persona que “pasa nuevamente por el corazón” los hechos vividos, rumiando silenciosamente  y reconociendo la presencia salvífica de Dios en la historia. El Espíritu expresa en María el modo de conservar los recuerdos de Jesús. No se trata de cualquier forma de "guardar". No "conserva" para ocultar sino para "entregar".   María al rastrear en la historia de Israel el paso de Dios, nos conduce hacia el Mesías. “Pasando por su corazón” los hechos de la vida de su Hijo  reconoce el cumplimiento de la promesa de Dios. En virtud de su misión singular ya es portadora de la plenitud del Espíritu que “recordará” lo que su Hijo reveló. El anciano Simeón, en el Templo, le anuncia "que una espada de dolor atravesará su alma". Esta profecía se cumplirá plenamente, en la existencia de María, cuando la encuentre de pie ante la cruz de su Hijo. Ella, la “llena de gracia” está imbuida del Espíritu.

 

Comprender (RVM,14)

 

No se trata de la aplicación de un método científico que todo lo analiza de la misma forma.  Ni de una comprensión racional. Es una sintonía espiritual que se realiza bajo la mirada materna de María. El Espíritu Santo por el don de la  sabiduría, de la cual ella es Sede, nos introduce en la Verdad completa.

Como expresa el filósofo Gabriel Marcel "el conocimiento del otro es una perpetua invocación". Si esto es cierto para toda persona humana, con mayor razón esto vale para Cristo y su Madre. Los pasos que demos en orden a "comprender" son una gracia del Padre que nos atrae hacia Jesús. El Padre, en este camino, quiso depositar en su hija predilecta, un misterio de indisoluble comunión con su Hijo. María comunica el misterio, de esa relación única, que se da entre el Hijo y Ella. “Si en el ámbito divino el Espíritu es el maestro interior que nos lleva a la plena verdad de Cristo (cfr. Jn 14,26;15,26;16,13), entre las criaturas nadie mejor que Ella conoce a Cristo, nadie como su Madre puede introducirnos en un conocimiento profundo de su misterio”.   

 

Configurase (RVM,15)

 

La palabra "configurarse" resulta para muchos un tanto extraña. "La economía de nuestro Dios y Salvador acerca de los hombres consiste en volver a llamarnos después de la caída y en reconducirnos a su amistad después de la separación producida por la desobediencia. Por esto, la venida de Cristo en la carne, su predicación evangélica, sus sufrimientos, la cruz, la sepultura, la resurrección, ha hecho posible que el hombre, salvado por la imitación de Cristo, recupere su primitiva filiación adoptiva."[17]La configuración expresa, en su doble dimensión de camino y meta, la comunión que se da entre Jesús y sus seguidores. Entre él y nosotros se da, por la gracia, una íntima comunión que se orienta a que podamos repetir con San Pablo: “no vivo yo es Cristo quien vive en mí”.

En las realidades humanas de una cultura secularista, una expresión así, sería la negación del ejercicio propio de la libertad. La configuración en su dimensión de camino es búsqueda, que se concreta en un Sí, a ejemplo de María, al cumplimiento de la voluntad de Dios. La adhesión de corazón a la voluntad  de Dios es lo que verdaderamente nos libera. Gracia y naturaleza no se oponen. La naturaleza humana es elevada y enriquecida por la gracia de Dios. La configuración nos introduce en el ámbito armonioso de las relaciones entre naturaleza y gracia.

 

En los Misterios del Rosario, el Hijo despliega su existencia cumpliendo la voluntad del Padre, lo cual es su verdadero alimento. Por su parte, María nos enseña que unirse a Jesús, no significa  repetir mecánicamente los hechos de su vida, sino "hacer lo él que diga". El contacto asiduo con esta oración nos conduce hacia una relación que se funda en la amistad. Esta relación "nos introduce de modo natural en la vida de Cristo y nos hace como respirar sus sentimientos”.

Para configurarnos a Cristo debemos penetrar en su existencia, recorrer los misterios de su vida y sentirnos llamados por él. María intercede, nos enseña el Santo Padre, en este proceso de configuración con Cristo, para que recibamos la efusión inagotable del Espíritu. “Esta acción de María basada totalmente en la acción de Cristo y subordinada radicalmente a ella, <<favorece, y de ninguna manera impide, la unión inmediata de los creyentes con Cristo>>(LG,53)”.

 

En el período post-conciliar se ha sacrificado demasiado, en el plano de la piedad popular, la misión de la Virgen en pos del diálogo ecuménico. Si cedemos a la tentación de silenciar la Verdad de Dios sobre la Virgen, seremos conducidos a un diálogo infecundo, demasiado apoyados en el respeto humano. María no es un obstáculo para el diálogo ecuménico. ¡Que Dios nos libre de un pensamiento tan contradictorio! La Verdad de Dios que ella expresa, como llena de gracia, Madre de Dios, es una fuente de fecundidad inagotable en el camino de la unidad. La sencillez y simplicidad que el Rosario comunica nos abre el camino para contemplación del verdadero del rostro de Cristo que Ella formó en su vientre. María es la gran orante en la Iglesia, la madre de la oración continua, es necesario contemplarla y acudir a su escuela para volver a encontrar el camino de la oración del corazón.

 

Rogar (RMV,16)

 

El Rosario es una oración incesante, con muchos puntos de contacto con la que existe en Oriente, dirigida al dueño de la viña para que nos auxilie en nuestra peregrinación. “La oración de la Iglesia está como apoyada en la oración de María” (CEC,2679) La mediación participada de María y su eficacia, está magistralmente expresada en su intervención en las bodas de Caná. Rogar con María y a través de ella, introduce en las disposiciones de su corazón de Madre del Verbo, que siempre quiere hacer “todo lo que él diga”. El Papa utiliza la expresión “audaz” del beato Bartolomé Longo, y la llama “omnipotente por gracia” (RMV,16). La desbordante confianza de su oración, expresada en el Magnificat, nos introduce en el gozo de las maravillas que Dios obra, para quien no "hay imposibles".  

 

Anunciar(RMV,17)

 

Por medio del Santo Rosario, la Virgen anuncia una y otra vez los misterios de la vida de su Hijo como caminos de salvación. "Los Misterios del Rosario nos habitúan a contemplar a Cristo desde el Corazón de su misma Madre. En efecto, María es la que ha pensado, más que ninguno, en Cristo, la que mejor lo ha comprendido, lo ha querido y lo ha vivido (cf. Lc. 2, 19 y 51); Ella nos enseñará a nosotros a conocerlo, comprenderlo, amarlo y vivirlo"[18].  Ante un mundo desorientado. Ella una y otra vez nos muestra a su Hijo.

 

Los misterios de la Luz

 

"Para «potenciar el significado cristológico del Rosario» (ibíd,19), la carta apostólica «Rosarium Virginis Mariae», integra los tradicionales tres ciclos de misterios –el de la alegría, el del dolor, el de la gloria– con un nuevo ciclo: los misterios de la luz que afectan a la vida pública de Cristo"[19]. La inclusión, debemos considerarla como develamiento de la realidad presente que ahora se explicita. No se introduce algo extraño a una obra concluida. De la totalidad de la vida de Cristo, se habían agrupado algunos misterios, para rezar y meditar desde ellos. Ahora se nos orienta la mirada, para que percibiendo la realidad siempre presente, reconozcamos la importancia  de su carácter de compendio del Evangelio. El Rosario asume la totalidad de la  vida pública de Jesús, a la que refieren los misterios luminosos, compendiando íntegramente el Evangelio. En el evangelio según San Juan, la vida pública de Jesús, se desarrolla entre Caná y el Calvario, ambos acontecimientos están  marcados por la presencia vigilante y amorosa de su Madre. 

El Santo Padre expresa el carácter de compendio que asume el Rosario:"es conveniente pues que, tras haber recordado la encarnación y la vida oculta de Cristo (misterios de gozo), y antes de considerar los sufrimientos de la pasión (misterios de dolor) y el triunfo de la resurrección (misterios de gloria), la meditación se centre también en algunos momentos particularmente significativos de la vida pública (misterios de luz). Esta incorporación de nuevos misterios, sin prejuzgar ningún aspecto esencial de la estructura tradicional de esta oración, se orienta a hacerla vivir con renovado interés en la espiritualidad cristiana, como verdadera introducción a la profundidad del Corazón de Cristo abismo de gozo y de luz, de dolor y de gloria" (RVM,19).

 "Pasando de la infancia y de la vida de Nazaret a la vida pública de Jesús, la contemplación nos lleva a los misterios que se pueden llamar de manera especial «misterios de luz». Toda la vida de Cristo es Luz. La Luz que Cristo despliega con su presencia, esclarece la Antigua Alianza (latet-patet) develando los rasgos del Mesías. 

El cuarto evangelio presenta a Jesús bajo el símbolo de la Luz, como el Revelador. "Cristo es el Maestro por excelencia, el revelador y la revelación. No se trata sólo de comprender las cosas que Él ha enseñado, sino de 'comprenderle a Él" (RVM,14). Juan hace un uso impresionante de este simbolismo no sólo en el prólogo sino también en el cuerpo de la obra. Es el Verbo, la Palabra por cuyo medio la luz brilla en las tinieblas (Jn 1,5), la luz verdadera de la cual  Juan Bautista no fue más que un testigo (Jn 1,8), la luz que ilumina a todo hombre (1,9). En esta insistencia joánica hay que ver una pedagogía; el hombre por sí mismo, no es capaz de alcanzar la verdad total, la realidad de las cosas divinas[20].

Él es «la luz del mundo» (Jn 8, 12). Pero esta dimensión se manifiesta sobre todo en los años de la vida pública, cuando anuncia el evangelio del Reino. Deseando indicar a la comunidad cristiana cinco momentos significativos –misterios «luminosos»– de esta fase de la vida de Cristo, pienso que se pueden señalar: 1. su Bautismo en el Jordán; 2. su autorrevelación en las bodas de Caná; 3. su anuncio del Reino de Dios invitando a la conversión; 4. su Transfiguración; 5. institución de la Eucaristía, expresión sacramental del misterio pascua

Cada uno de estos misterios revela el Reino ya presente en la persona misma de Jesús. l. Misterio de luz es ante todo el Bautismo en el Jordán. En él, mientras Cristo, como inocente que se hace 'pecado' por nosotros (cf. 2 Co 5, 21), entra en el agua del río, el cielo se abre y la voz del Padre lo proclama Hijo predilecto (cf. Mt 3, 17 par.), y el Espíritu desciende sobre Él para investirlo de la misión que le espera. Misterio de luz es el comienzo de los signos en Caná (cf. Jn 2, 1-12), cuando Cristo, transformando el agua en vino, abre el corazón de los discípulos a la fe gracias a la intervención de María, la primera creyente. Misterio de luz es la predicación con la cual Jesús anuncia la llegada del Reino de Dios e invita a la conversión (cf. Mc 1, 15), perdonando los pecados de quien se acerca a Él con humilde fe (cf. Mc 2. 3-13; Lc 47-48), iniciando así el ministerio de misericordia que Él continuará ejerciendo hasta el fin del mundo, especialmente a través del sacramento de la Reconciliación confiado a la Iglesia. Misterio de luz por excelencia es la Transfiguración, que según la tradición tuvo lugar en el Monte Tabor. La gloria de la Divinidad resplandece en el rostro de Cristo, mientras el Padre lo acredita ante los apóstoles extasiados para que lo « escuchen » (cf. Lc 9, 35 par.) y se dispongan a vivir con Él el momento doloroso de la Pasión, a fin de llegar con Él a la alegría de la Resurrección y a una vida transfigurada por el Espíritu Santo. Misterio de luz es, por fin, la institución de la Eucaristía, en la cual Cristo se hace alimento con su Cuerpo y su Sangre bajo las especies del pan y del vino, dando testimonio de su amor por la humanidad « hasta el extremo » (Jn13, 1) y por cuya salvación se ofrecerá en sacrificio.

III- Instrumento eficaz ante los males de la sociedad

 

Al recordar a  León XIII, enfatiza con su predecesor que el  Rosario “es un instrumento espiritual eficaz ante los males de la sociedad” (RVM,2). "Convencidos de ello, los creyentes adoptan desde siempre contra los más graves peligros las armas del ayuno y la oración, acompañándolos con obras de caridad concreta[21].

 

Esta plegaria no nos aliena de los problemas del mundo, nunca es un forma de evasión, “nos concede la fuerza de afrontarlos  con la certeza de la ayuda de Dios y con el firme propósito de testimoniar en cada circunstancia la caridad, <<que es el vínculo de la perfección>> (Col 3,14)” (RMV,40). En su diagnóstico, el Santo Padre, orienta nuestra mirada hacia dos realidades, que por su situación actual, lo mueven a “dar un nuevo impulso a la propagación del Rosario”. El don de la paz y la hora crucial que atraviesa la familia.

 

1.       El don la paz

 El Rosario es para el Papa la oración que puede alcanzarnos la paz. Contemplando los misterios de la vida de Cristo, podemos penetrar en la reconciliación universal que nos trajo el Señor. Él ha derribado los muros que dividían a la humanidad (Ef.2,14). Mediante un asiduo encuentro con ésta oración, los cristianos perciben  la invitación del Señor, a comprometerse en la edificación de la paz (RVM,6).El Papa nos invita a implorar “urgentemente” este don  a Dios, para que podamos vencer “una batalla tan difícil como la paz” (RVM,40).

El Santo Padre ya había implorado ante las autoridades mundiales: “debemos examinar diligentemente   cuáles son las principales tensiones vinculadas a los derechos inalienables del hombre que pueden hacer vacilar la construcción de la paz, que todos deseamos ardientemente y que es también el fin esencial de los esfuerzos de la Organización de las Naciones Unidas”[22].

En la hora actual, solamente una “intervención de la alto” (RVM,40) será capaz de “orientar los corazones de quienes viven situaciones conflictivas y de quienes dirigen los destinos de las naciones” (RVM,40)  para que podamos aguardar “un futuro menos oscuro” (RVM,40).

 

“El Santo Rosario es una oración orientada por su naturaleza hacia la paz” (RVM,40), la paz como don de Dios es Jesucristo al que contemplamos en los misterios del Rosario. No somos primordialmente constructores meticulosos de una justicia y una paz meramente humanas, perecederas siempre y siempre frágiles. Somos antes que nada humildes beneficiarios de la vida misma de Dios, que es justicia y paz en el vínculo de la caridad. Es la belleza de la caridad la que nos atrae. El Rosario mueve al ejercicio de la caridad por el encuentro con “el rostro de Cristo en los hermanos, especialmente en los que más sufren” (RVM,40). Cuando los cristianos hacemos de Jesucristo el centro de los sentimientos y pensamientos, no nos alejamos de la gente y de sus necesidades. Por el contrario, nos encontramos envueltos (con su movimiento de atracción-difusión) en el movimiento eterno del amor de Dios, que vino a nuestro encuentro; nos encontramos envueltos en el movimiento del Hijo, que vino a nosotros y se hizo uno de nosotros, nos encontramos envueltos en el movimiento del Espíritu Santo, que visita  a los pobres, consuela los corazones turbados, cauteriza los corazones heridos, calienta los corazones fríos y nos da la plenitud de sus dones.

 

2.       La familia

“Otro ámbito crucial de nuestro tiempo, que requiere una urgente atención y oración, es el de la familia, célula de la sociedad, amenazada cada vez más por fuerzas disgregadoras, tanto de índole ideológica como práctica, que hacen temer por el futuro de esta fundamental e irrenunciable institución y, con ella, por el destino de todas la sociedad” (RMV, 6).El Rosario en familia es una ayuda eficaz a “contrastar los efectos desoladores de esta crisis actual” (RMV,6).

 

¿Se reza en familia? La inquietud que causa esta pregunta nace ciertamente de dificultades prácticas. El Card. Martíni enumera una serie de falsas razones que detallamos.

“¿Para qué rezar, si la oración es una experiencia tan rara y tan difícil?¡Dejemos esta tarea a los sacerdotes y a los santos!

¿Para qué rezar, cuando entre marido y mujer tenemos tan poco tiempo para hablarnos y cuando vemos a nuestros hijos solamente por la noche?

¿Para qué rezar, cuando estamos cansado y nerviosos, y el televisor parece ofrecer un programa de distensión?

¿Para qué rezar, si en el fondo sabemos muy poco de Dios y ni siquiera hemos leído una vez todo el Evangelio?

¿Para qué rezar, si el prójimo nos pide que le ayudemos, si para la caridad de nada sirven las palabras, sino los hechos?”[23].

 

En la <<iglesia doméstica>>, los padres como auténticos pastores dirigen la oración e introducen en ella a los hijos. El Rosario como “liturgia” familiar, reúne  a los distintos miembros con sus propias preocupaciones para implorar de la Virgen su materna protección. La meditación de los misterios de la vida de Cristo, ilumina las coyunturas familiares de la vida presente para consolidar el camino emprendido o retornar a la senda abandonada. Muchos padres de familia se lamentan porque no saben rezar, porque no logran crear costumbre de la oración en familia, porque no son capaces de convencer a los hijos para que participen en ella: y probablemente nunca han pedido con humilde perseverancia y con gran confianza ese don al Espíritu Santo.

Ante un cierto olvido de  esta oración en el ámbito familiar, el Santo Padre nos dice: “se ha de volver a rezar en familia y a rogar por las familias, utilizando todavía esta forma de plegaria” (RVM,41).El Papa se hace eco de esa máxima de la oración en familia que planteó Pablo VI: “La familia que reza unida permanece unida”. La división y los modelos alternativos que ofrecen las culturas ateas ponen en grave riesgo la institución familiar. El Rosario en familia “reproduce un poco el clima de la casa de Nazaret: Jesús está en el centro, se comparten con él alegrías y dolores, se ponen en sus manos las necesidades y proyectos, se obtienen de él la esperanza y las fuerzas para el camino” (RVM,41).

La familiaridad con el Rosario nos introduce en la intimidad de Nazaret, a su luz podemos renovar nuestras fuerzas para servir como "iglesia doméstica" al Señor.

 

IV- Camino de santificación para los cristianos del Tercer Milenio

 

El Tercer Milenio

 

El Tercer Milenio ha sido siempre en el magisterio pastoral  de Juan Pablo II un mojón de referencia, diligentemente preparado y celebrado como gran Jubileo. Dos símbolos se han dado cita en torno al Gran Jubileo, uno utilizado frecuentemente por la tradición; el de la puerta santa, el otro, sumamente significativo refiere al Tercer Milenio; el mar.

Esta fecha al tiempo de ser propuesta por el Santo Padre como umbral, una puerta santa que hay que trasponer, con todo su rico simbolismo, abre a un enorme  y desafiante mar en el que hay que adentrarse. El Santo Padre nos ha invitado a "remar mar adentro" (Duc in altum!) en compañía del Señor y sus discípulos.

Como sucesor del apóstol Pedro, nos invita a "proclamar a Cristo como Señor y Salvador, <<el Camino, la Verdad, y la Vida>>(Jn14,6), el fin de la historia humana , el punto en el que convergen los deseos de la historia y de la civilización». 

El mar, sobre todo en el Apocalipsis, simboliza el caos, de allí emerge la primera bestia (Ap. 13), este amenazante lugar, que Cristo ha increpado, ha desaparecido en la descripción que se realiza de la  Nueva Jerusalén (21,1).

El desafío del Nuevo Milenio es inconmensurable, el Rosario  constituye un medio válido para favorecer entre los fieles el compromiso de contemplación del rostro de Cristo, al que nos ha invitado el Santo Padre al concluir el gran Jubileo del año 2000.

 

La santificación

 

El camino que cada fiel debe seguir para llegar a ser santo, es la fidelidad a la voluntad de Dios, tal como nos la expresan su Palabra, los mandamientos y las inspiraciones del Espíritu Santo. Al igual que para María y para todos los santos, también para nosotros la perfección de la caridad consiste en el abandono confiado, a ejemplo de Jesús, en las manos del Padre. Una vez más, esto es posible gracias al Espíritu Santo, que incluso en los momentos más difíciles nos hace repetir con Jesús: «¡He aquí que vengo a hacer tu voluntad!» (cf. Hb 10,7).

 

La exhortación a santificarse parece tornarse apremiante. La presencia del Espíritu Santo obra una transformación que influye verdadera e íntimamente en el hombre: es la gracia santificante o deificante, que eleva nuestro ser y nuestro obrar, capacitándonos para vivir en relación con la Santísima Trinidad. Esto sucede a través de las virtudes teologales de la fe, la esperanza y la caridad, «que adaptan las facultades del hombre a la participación de la naturaleza divina» (Catecismo de la Iglesia católica, n. 1.812).

 

La Iglesia ante una mundo tan complejo indica el camino. Son muchos los que preguntan: ¿En qué dirección hay que tomar?. La pregunta brota, en muchos casos, de corazones desalentados. Los discípulos también  participan de la oscuridad cultural y se sienten abatidos y desorientados.

María es la que nos indica el camino. Los íconos recogen esta verdad, en ellos la mano de la Madre está señalando al Hijo, como en Caná. Bajo su materna protección encontraremos consuelo y paz, ella es "omnipotente por gracia". María siempre conduce a Jesús.

"Quien contempla a Cristo recorriendo las etapas de su vida, descubre también en Él la verdad sobre el hombre" (RVM,25).Al recorrer los múltiples documentos del Santo Padre, descubrimos  que alude permanentemente a GS 22[24], el misterio del hombre se esclarece a la luz del misterio del verbo Encarnado. La imagen que trasmite la TV, erosiona y distorsiona esta verdad, introducir el Santo Rosario en la oración familiar, supone comprometerse a introducir las imágenes sagradas de la vida de Cristo que son la Verdad sobre el hombre.

 

La contemplación

 

"La contemplación no es una mera actividad intelectual, pues consiste en el amor y la búsqueda de Dios". "Modelo insuperable de contemplación cristiana es la Virgen María  (RVM, 10). Desde la concepción hasta la resurrección y ascensión al Cielo de Jesús, la Madre ha mantenido la mirada de su corazón inmaculado fija en el Hijo divino: mirada sorprendida, mirada penetrante, mirada dolorida, mirada radiante . Cada uno de los cristianos y la comunidad eclesial hace precisamente propia esta mirada mariana llena de fe y de amor al recitar el Rosario"[25].

La contemplación es una gracia que se alcanza por una gran docilidad en el Espíritu, a la voz del Padre (Mt 11,27). La contemplación del rostro de Cristo, en la que nos introduce el Santo Rosario, no viene por  ser una oración que presenta un método infalible. “Como método, debe ser utilizado en relación al fin y no puede ser un fin en sí mismo” (RVM,28). La contemplación en la actualidad ejerce una fuerza de atracción en Occidente, “que encuentra a veces en otras religiones modalidades bastante atractivas. Hay cristianos que, al conocer poco la tradición contemplativa cristiana, se dejan atraer por tales propuestas. Sin embargo, aunque éstas tengan elementos positivos y a veces compaginables con la experiencia cristiana, a menudo esconden un fondo ideológico inaceptable” (RVM,28). El Rosario es una oración contemplativa, compatible con la liturgia[26] y la "Leccio Divina", cada corazón creyente, por el, se prepara para una penetración mayor de estas realidades.

 

 

Conclusión

 

"Son conocidas las distintas circunstancias en las que la Madre de Cristo, entre el siglo XIX y XX, ha hecho de algún modo notar su presencia y su voz para exhortar al Pueblo de Dios a recurrir a esta forma de oración contemplativa"( RVM,7).  La contemplación cristiana[27], que no debe confundirse con la meditación oriental[28], es siempre verdadera y propia 'pedagogía de la santidad': «es necesario un cristianismo que se distinga ante todo en el arte de la oración». Mientras en la cultura contemporánea, incluso entre tantas contradicciones, aflora una nueva exigencia de espiritualidad, impulsada también por influjo de otras religiones, es más urgente que nunca que nuestras comunidades cristianas se conviertan en «auténticas escuelas de oración» (RVM,5). "El deseo de aprender a rezar de modo auténtico y profundo está vivo en muchos cristianos de nuestro tiempo, a pesar de las no pocas dificultades que la cultura moderna pone a las conocidas exigencias de silencio, recogimiento y oración. El interés que han suscitado en estos años diversas formas de meditación ligadas a algunas religiones orientales y a sus peculiares modos de oración, aun entre los cristianos, es un signo no pequeño de esta necesidad de recogimiento espiritual y de profundo contacto con el misterio divino. Sin embargo, frente a este fenómeno, también se siente en muchos sitios la necesidad de unos criterios seguros de carácter doctrinal y pastoral que permitan educar en la oración, en cualquiera de sus manifestaciones, permaneciendo en la luz de la verdad, revelada en Jesús, que nos llega a través de la genuina tradición de la Iglesia"[29].

María como modelo de contemplación, "un modelo insuperable" (RVM,10),nos introduce en el itinerario de la mirada creyente, resumiendo el Evangelio y la existencia cristiana bajo el signo de la gracia .

 

Concluyamos este encuentro en el Cenáculo con María:

 

«María, que pones en nuestras manos el Santo Rosario,

enséñanos a rezarlo convirtiéndonos,

siguiendo tu escuela,

en auténticos contemplativos y testigos de Cristo»[30].

 

Algunas recomendaciones prácticas

 

Estas recomendaciones prácticas fueron tomadas textualmente de la carta RVM.

El Rosario, oración contemplativa (RVM,12)

"El Rosario, precisamente a partir de la experiencia de María, es una oración marcadamente contemplativa. Sin esta dimensión, se desnaturalizaría, como subrayó Pablo VI: «Sin contemplación, el Rosario es un cuerpo sin alma y su rezo corre el peligro de convertirse en mecánica repetición de fórmulas y de contradecir la advertencia de Jesús: "Cuando oréis, no seáis charlatanes como los paganos, que creen ser escuchados en virtud de su locuacidad" (Mt 6, 7). Por su naturaleza el rezo del Rosario exige un ritmo tranquilo y un reflexivo remanso, que favorezca en quien ora la meditación de los misterios de la vida del Señor, vistos a través del corazón de Aquella que estuvo más cerca del Señor, y que desvelen su insondable riqueza»".

 

Enunciado (RVM,29)

 

"Enunciar el misterio, y tener tal vez la oportunidad de contemplar al mismo tiempo una imagen que lo represente, es como abrir un escenario en el cual concentrar la atención… se ha recurrido al elemento visual e imaginativo (la compositio loci) considerándolo de gran ayuda para favorecer la concentración del espíritu en el misterio… El enunciado de los varios misterios del Rosario se corresponde también con esta exigencia de concreción.  ".

 

La escucha de la Palabra de Dios (RVM,30)

 

"Para dar fundamento bíblico y mayor profundidad a la meditación, es útil que al enunciado del misterio siga la proclamación del pasaje bíblico correspondiente, que puede ser más o menos largo según las circunstancias".

 

El silencio (RVM,31)

 

"La escucha y la meditación se alimentan del silencio. Es conveniente que, después de enunciar el misterio y proclamar la Palabra, esperemos unos momentos antes de iniciar la oración vocal, para fijar la atención sobre el misterio meditado".

 

El «Padrenuestro» (RVM,32)

 

"Jesús, en cada uno de sus misterios, nos lleva siempre al Padre, al cual Él se dirige continuamente, porque descansa en su 'seno' (cf Jn 1, 18). Él nos quiere introducir en la intimidad del Padre para que digamos con Él: «¡Abbá, Padre!» (Rm 8, 15; Ga 4, 6)".

 

Las diez «Ave Maria» (RVM,33)

 

"Este es el elemento más extenso del Rosario y que a la vez lo convierte en una oración mariana por excelencia. Pero precisamente a la luz del Ave Maria, bien entendida, es donde se nota con claridad que el carácter mariano no se opone al cristológico, sino que más bien lo subraya y lo exalta. En efecto, la primera parte del Ave Maria, tomada de las palabras dirigidas a María por el ángel Gabriel y por santa Isabel, es contemplación adorante del misterio que se realiza en la Virgen de Nazaret…El centro del Ave Maria, casi como engarce entre la primera y la segunda parte, es el nombre de Jesús…De la especial relación con Cristo, que hace de María la Madre de Dios, la Theotòkos, deriva, además, la fuerza de la súplica con la que nos dirigimos a Ella en la segunda parte de la oración, confiando a su materna intercesión nuestra vida y la hora de nuestra muerte"

El «Gloria» (RVM,34)

"La doxología trinitaria es la meta de la contemplación cristiana. En efecto, Cristo es el camino que nos conduce al Padre en el Espíritu. Si recorremos este camino hasta el final, nos encontramos continuamente ante el misterio de las tres Personas divinas que se han de alabar, adorar y agradecer".

 

La jaculatoria final (RVM,35)

 

"Sin quitar valor a tales invocaciones, parece oportuno señalar que la contemplación de los misterios puede expresar mejor toda su fecundidad si se procura que cada misterio concluya con una oración dirigida a alcanzar los frutos específicos de la meditación del misterio. De este modo, el Rosario puede expresar con mayor eficacia su relación con la vida cristiana. Lo sugiere una bella oración litúrgica, que nos invita a pedir que, meditando los misterios del Rosario, lleguemos a «imitar lo que contienen y a conseguir lo que prometen»"

 

(Charla  realizada en la  Parroquia Inmaculada Concepción, 26 de noviembre de 2002)

 



[1]  El año  del Santo Rosario va desde octubre de 2002 hasta octubre de 2003. ROSARIUM VIRGINIS MARIAE,3.

[2]  Para aprovechar la orientación adecuadamente debemos leerla desde la NMI.

[3]  Audiencia General del Domingo, Ciudad del Vaticano 27 octubre de 2002.

 

[4] RVM, 2.

[5] "Sería imposible citar la multitud innumerable de Santos que han encontrado en el Rosario un auténtico camino de santificación. Bastará con recordar a san Luis María Grignion de Montfort, autor de un preciosa obra sobre el Rosario12 y, más cercano a nosotros, al Padre Pío de Pietrelcina, que recientemente he tenido la alegría de canonizar. Un especial carisma como verdadero apóstol del Rosario tuvo también el Beato Bartolomé Longo. Su camino de santidad se apoya sobre una inspiración sentida en lo más hondo de su corazón: « ¡Quien propaga el Rosario se salva! ».13 Basándose en ello, se sintió llamado a construir en Pompeya un templo dedicado a la Virgen del Santo Rosario colindante con los restos de la antigua ciudad, apenas influenciada por el anuncio cristiano antes de quedar cubierta por la erupción del Vesuvio en el año 79 y rescatada de sus cenizas siglos después, como testimonio de las luces y las sombras de la civilización clásica. 

Con toda su obra y, en particular, a través de los «Quince Sábados», Bartolomé Longo desarrolló el meollo cristológico y contemplativo del Rosario, que ha contado con un particular aliento y apoyo en León XIII, el «Papa del Rosario»" RVM,.

[6] "El Rosario de la Virgen María, difundido gradualmente en el segundo Milenio bajo el soplo del Espíritu de Dios, es una oración apreciada por numerosos Santos y fomentada por el Magisterio".RVM,1. "A esta oración le han atribuido gran importancia muchos de mis Predecesores. Un mérito particular a este respecto corresponde a León XIII que, el 1 de septiembre de 1883, promulgó la Encíclica Supremi apostolatus officio,3 importante declaración con la cual inauguró otras muchas intervenciones sobre esta oración, indicándola como instrumento espiritual eficaz ante los males de la sociedad. Entre los Papas más recientes que, en la época conciliar, se han distinguido por la promoción del Rosario, deseo recordar al Beato Juan XXIII4 y, sobre todo, a Pablo VI, que en la Exhortación apostólica Marialis cultus, en consonancia con la inspiración del Concilio Vaticano II, subrayó el carácter evangélico del Rosario y su orientación cristológica.  " RVM, 2.

 

[7] "En su sencillez y profundidad, sigue siendo también en este tercer Milenio apenas iniciado una oración de gran significado, destinada a producir frutos de santidad. Se encuadra bien en el camino espiritual de un cristianismo que, después de dos mil años, no ha perdido nada de la novedad de los orígenes, y se siente empujado por el Espíritu de Dios a «remar mar adentro» (duc in altum!), para anunciar, más aún, 'proclamar' a Cristo al mundo como Señor y Salvador, «el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn14, 6), el «fin de la historia humana, el punto en el que convergen los deseos de la historia y de la civilización». RVM ,1.

 

[8] "Numerosos signos muestran cómo la Santísima Virgen ejerce también hoy, precisamente a través de esta oración, aquella solicitud materna para con todos los hijos de la Iglesia que el Redentor, poco antes de morir, le confió en la persona del discípulo predilecto: «¡Mujer, ahí tienes a tu hijo!» (Jn 19, 26)" RVM, 7.

 

[9] "Me es grato reiterarlo recordando con gozo también otro aniversario: los 40 años del comienzo del Concilio Ecuménico Vaticano II (11 de octubre de 1962), el «gran don de gracia» dispensada por el espíritu de Dios a la Iglesia de nuestro tiempo." RVM,3.

 

[10] Jean Lafrance, En oración con María la Madre de Jesús, Narcea, Madrid, p.10.

[11] "El Rosario, en efecto, aunque se distingue por su carácter mariano, es una oración centrada en la cristología. En la sobriedad de sus partes, concentra en sí la profundidad de todo el mensaje evangélico, del cual es como un compendio.2 En él resuena la oración de María, su perenne Magnificat por la obra de la Encarnación redentora en su seno virginal. Con él, el pueblo cristiano aprende de María a contemplar la belleza del rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de su amor. Mediante el Rosario, el creyente obtiene abundantes gracias, como recibiéndolas de las mismas manos de la Madre del Redentor"(RVM,1.). 

[12] Jean Daniélou, Contemplación, crecimiento de la Iglesia. Encuentro, Madrid, p.14,1982.

[13] Jorge Novoa, La televisión,¿ enemiga de la oración?, Fe y razón ( www.feyrazon.org).

[14] Jean Lafrance, En oración con María la Madre de Jesús, Narcea, Madrid, p. 14.

[15] "Recordar, acordarse". En la base de esta familia de palabras se encuentra la raíz heb. Zakar, para la que el judío parece como hombre de tradición, profundamente inserto en su pueblo: del mismo modo que Dios se acuerda de su Alianza y sus promesas, el creyente tiende a recordar las hazañas de Dios, con el fin de mantenerse en la fe auténtica. Según Juan, este recuerdo es posible por la acción del Espíritu Santo quien, al recordar hace comprender y actualiza la presencia de Jesús" X.León Dufour, Diccionario del Nuevo Testamento, Cristiandad-Madrid,1977,p.302.

[16] Re- cordar = pasar nuevamente por el corazón

[17] San Basilio, Configurarse con Cristo (El Espíritu Santo, XV; 35-36).

 

[18] CARTA PASTORAL DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE NICARAGUA SOBRE EL MES DEL ROSARIO, 1980.

[19] Audiencia General del Domingo, Ciudad del Vaticano 27 octubre de 2002.

[20] Cfr. Beda Rigaux, Para una historia de Jesús, Desclee de Brouwer, Bilbao-España,1979.

[21] Juan Pablo II, Ángelus,  Domingo 9 de diciembre de 2001 .

[22] Discurso de S.S. Juan Pablo II a la XXXIV Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas.

[23] Card. Carlo M Martíni, Enséñanos a orar en familia, Paulinas, Bogotá, 1989, p. 4.

[24] GS 22 está presente en casi todas las cartas encíclicas.

[25] Audiencia General del Domingo, Ciudad del Vaticano 27 octubre de 2002.

[26] " Hay quien piensa que la centralidad de la Liturgia, acertadamente subrayada por el Concilio Ecuménico Vaticano II, tenga necesariamente como consecuencia una disminución de la importancia del Rosario. En realidad, como puntualizó Pablo VI, esta oración no sólo no se opone a la Liturgia, sino que le da soporte, ya que la introduce y la recuerda, ayudando a vivirla con plena participación interior, recogiendo así sus frutos en la vida cotidiana" (RVM,4). 

 

[27]  Carta a los obispos de la Iglesia Católica sobre algunos aspectos de la meditación cristiana, Congregación para la doctrina de la Fe,15 de octubre de 1989.

 

[28] "Con la actual difusión de los métodos orientales de meditación en el mundo cristiano y en las comunidades eclesiales, nos encontramos de frente a una aguda renovación del intento, no exento de riesgos y errores, de fundir la meditación cristiana con la no cristiana. Carta a los obispos de la Iglesia Católica sobre algunos aspectos de la meditación cristiana, Congregación para la doctrina de la Fe,15 de octubre de 1989 N°.12.

 

[29] Carta a los obispos de la Iglesia Católica sobre algunos aspectos de la meditación cristiana, Congregación para la doctrina de la Fe,15 de octubre de 1989 N°.1.

 

[30] Audiencia General del Domingo, Ciudad del Vaticano 27 octubre de 2002.

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