FE Y RAZÓN

"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"

Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo

(Santo Tomás de Aquino)


LAS PALABRAS DE JESÚS

EL CIELO Y LA TIERRA PASARÁN, PERO MIS PALABRAS NO PASARÁN. ( Lc. 21, 33).

Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí (Jn. 14,6).

El que me ha visto a mí, ha visto al Padre (Jn. 14, 9).

Yo estoy en el Padre, y el Padre está en mí. (Jn. 14, 11).

La palabra que escucháis no es mía, sino del Padre, que me ha enviado. (Jn. 14, 24).

El Padre es más grande que yo (Jn. 14, 28).

Yo y el Padre somos uno. (Jn. 10, 30).

El Padre está en mí, y yo en el Padre. (Jn. 10, 38).

A aquel a quien el Padre ha santificado y enviado al mundo, ¿cómo le decís que blasfema por haber dicho: "Yo soy Hijo de Dios"? (Jn. 10, 36).

Salí del Padre, y he venido al mundo. Ahora dejo otra vez el mundo y voy al Padre (Jn. 16, 28).

En verdad, en verdad os digo: Antes de que Abraham existiera, Yo Soy. (Jn. 8, 58).

Yo soy la puerta. (Jn. 10,9).

Yo soy el buen pastor (Jn. 10, 14).

Mientras estoy en el mundo, soy luz del mundo (Jn. 9, 5).

Yo soy la luz del mundo, el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida. (Jn. 8, 12).

Yo soy el pan de la vida. (Jn. 6, 48).

El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo ha enviado. (Jn. 23).

Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su único Hijo, para que todo el que crea en él no muera, sino que tenga vida eterna. (Jn. 3, 16).

Llega la hora en que todos los que están en los sepulcros oirán su voz [la del Hijo] y saldrán, los que hayan hecho el bien, para una resurrección de vida, y los que hayan hecho el mal, para una resurrección de juicio. (Jn. 5, 28).

Como el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere. (Jn. 5, 21).

Yo soy la resurrección. El que cree en mí, aunque muera vivirá, y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. (Jn. 11, 26).

Cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí. (Jn. 12, 32).

Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga por él vida eterna. (Jn. 3,14-15).

La obra de Dios es que creáis en quien Él ha enviado. (Jn. 6, 28).

Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti, y que según el poder que le has dado sobre toda carne, dé también vida eterna a todos los que tú le has dado. Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar. Ahora, Padre, glorifícame tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado, antes que el mundo existiese. (Jn. 17, 1-5).

Como el Padre me amó, yo también los he amado , permanezcan en mi amor. (Jn. 15, 9).

Este es mi mandamiento: que se amen unos a otros, como yo los he amado. Nadie amor más grande que el que da su vida por sus amigos. (Jn. 15, 13).

Si me aman, guardarán mis mandamientos, y yo pediré al Padre, y les dará otro Abogado, para que esté con ustedes para siempre, el Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni el conoce. Pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros. (Jn. 14, 15 - 17).

Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz. (Jn. 18, 37).

¿Porqué me buscaban? ¿No sabían que yo debo estar en la casa de mi Padre? (Lc. 2, 49).

Conviértanse, porque ha llegado el Reino de los Cielos. (Mt. 4, 17).

Vayan y cuenten a Juan lo que han visto y oído: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen, los muertos resucitan, y se anuncia a los pobres la Buena Nueva, ¡y dichoso aquel que no halle escándalo en mí! (Mt. 11, 4 - 6).

¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han en ustedes, hace tiempo que en sayal y ceniza se habrían convertido. Por eso les digo que el día del Juicio habrá menos rigor para Tiro y Sidón que para ustedes. Y tú, Cafarnaúm, ¿hasta el cielo te vas a encumbrar? ¡Hasta el Hades te hundirás! Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que se han hecho en ti, aún subsistiría el día de hoy. Por eso les digo que el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma que para ti. (Mt. 11, 21 - 24).

Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra.

Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

Bienaventurados serán cuando los injurien, y los persigan, y digan con mentira toda clase de mal contra ustedes por mi causa. Alégrense y regocíjense, porque su recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a ustedes. (Mt. 5, 1 - 12).

 Pero, ¡ay de ustedes, los ricos!, porque ya han recibido su consuelo.

¡Ay de ustedes, los que ahora están hartos!, porque tendrán hambre.

¡Ay de los que ríen ahora!, porque tendrán aflicción y llanto.

¡Ay cuando todos los hombres hablen bien de ustedes!, pues de ese modo trataban sus padres a los falsos profetas. (Lc. 6, 24 - 26).

Amen a sus enemigos, hagan bien a los que los odien, bendigan a los que los maldigan, rueguen por los que los difamen. (Lc. 6, 27 - 28).

Sean compasivos como su Padre es compasivo. No juzguen, y no serán juzgados, no condenen, y no serán condenados, perdonen, y serán perdonados." (Lc. 6, 36 - 37).

¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu propio ojo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: "Hermano, deja que saque la brizna que hay en tu ojo", no viendo tú mismo la viga que hay en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna del ojo de tu hermano. (Lc. 6, 41 - 42).

Si tu hermano peca, repréndele, y si se arrepiente, perdónale. Y si peca contra ti siete veces al día, y siete veces se vuelve a ti diciendo: "Me arrepiento", le perdonarás. (Lc. 17, 3 - 4).

¿Porqué me llamáis: "Señor, Señor", y no hacéis lo que digo? (Lc. 6, 46).

Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen. (Lc. 8, 21).

Vengan conmigo, y los haré pescadores de hombres. (Mc. 1, 17).

Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique, pues para esto he salido. (Mc. 1, 38).

Hijo, tus pecados te son perdonados...¿Porqué piensan así en sus corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico "Tus pecados te son perdonados" o decirle "Levántate, toma tu camilla y anda" ? Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados - dice al paralítico - A ti te digo: levántate, toma tu camilla y vete a tu casa. (Mc. 2, 5 - 11).

Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores. (Mc. 2, 17).

Les digo que habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión. (Lc. 15, 7).

El Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido. (Lc. 19, 10).

El sábado está instituido para el hombre, y no el hombre para el sábado. Y el Hijo del hombre es Señor del sábado. (Mc. 2, 27 - 28).

Yo te bendigo, Padre, Señor del Cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. (Mt. 11, 25-27).

Vengan a mí todos los que están fatigados y cargados, que yo los aliviaré. Tomen sobre ustedes mi yugo, y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para sus almas. Porque mi yugo es blando, y mi carga ligera. (Mt. 11, 28).

No temas, pequeño rebaño, porque a su Padre le ha parecido bien darles a ustedes el Reino. Vendan sus bienes y den limosna. Háganse bolsas que no se deterioran, un tesoro inagotable en los cielos, donde no llega el ladrón ni la polilla, porque donde esté su tesoro, ahí también estará su corazón. (Mt. 12, 32 - 34).

Si por el Espíritu de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios. (Mt. 12, 28).

El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama. (Mt. 12, 30).

El que no está contra ustedes [los discípulos] está con ustedes.

Deja que los muertos entierren a sus muertos, tú vete a anunciar el Reino de Dios. (Lc. 9, 60).

Nadie que pone la mano en el arado y mira para atrás, es apto para el Reino de Dios. (Lc. 9, 62).

De la misma manera que Jonás estuvo en el vientre del cetáceo tres días y tres noches, así también el Hijo del Hombre estará en el seno de la tierra tres días y tres noches. (Mt. 12, 40).

Bienaventurado eres, Simón, hijo de Juan, porque no es la carne ni la sangre quien esto te ha revelado, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro , y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos, lo que ates en la tierra, quedará atado en los cielos, lo que desates en la tierra, quedará desatado en los cielos. (Mt. 16, 17-20).

¡Simón, Simón! Mira que Satanás ha solicitado el poder cribarlos como trigo; pero yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos. (Lc. 31 - 32).

Te digo, Pedro: no cantará hoy el gallo antes que hayas negado tres veces que me conoces. (Lc. 22, 34).

Simón de Juan, ¿me amas más que estos? - Sí, Señor, tú sabes que te quiero - Apacienta mis corderos... Simón de Juan, ¿me amas? - Sí, Señor, tú sabes que te quiero - Apacienta mis ovejas... Simón de Juan ¿me quieres? - Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero - Apacienta mis ovejas. (Jn. 21, 15 - 17).

Quien a ustedes escucha, a mí me escucha, y quien a ustedes rechaza, a mí me rechaza, y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado. (Lc. 10, 16).

Quien a ustedes recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado. (Mt. 10, 40).

Como el Padre me envió, yo también los envío...Reciban el Espíritu Santo. A quien perdonen los pecados, les quedan perdonados, a quien se los retengan, les quedan retenidos. (Jn. 20, 21 - 23).

Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. (Lc. 10, 18).

El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, le matarán, y al tercer día resucitará. (Mt. 17, 22 - 23).

Si alguno quiere venir en pos de mi, niéguese a sí mismo, tome su cruz, y sígame. Porque quien quiera salvar su vida la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará. Pues, ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿Qué puede dar el hombre a cambio de su alma? Porque el Hijo del Hombre ha de venir en la gloria del Padre, con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta. (Mt. 16, 24 - 27).

Quien se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles. (Mc. 8, 38).

Por todo aquel que se declare por mí ante de los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre, que está en los cielos. (Mt. 10, 32 - 33).

No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma: teman más bien a Aquel que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en el infierno. (Mt. 10, 28).

No piensen que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada. Sí, he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra, y enemigos de cada cual serán los que conviven con él. (Mt. 10, 34 - 36).

El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue detrás, no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará. (Mt. 10, 37 - 39).

Luchen por entrar por la puerta estrecha, porque les digo que muchos pretenderán entrar, y no podrán. (Lc. 13, 24).

¡ Oh generación incrédula ! ¿Hasta cuándo estaré con ustedes? ¿Hasta cuándo habré de soportarlos? (Mc. 9, 19).

¡Qué es eso de "si puedes"! ¡Todo es posible para el que cree! (Mc. 23).

Lo que Dios unió, no lo separe el hombre...Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra aquella, y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio. (Mc. 10, - 12).

Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque de los que son como éstos es el Reino de Dios. Yo les aseguro: el que no reciba el Reino de Dios como un niño, no entrará en él. (Mc. 10, 14 - 15).

Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos, y le hundan en lo profundo del mar. (Mt. 18, 6).

Guárdense de menospreciar a uno de estos pequeños; porque yo les digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre, que está en los cielos. (Mt. 18, 10).

Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos, luego ven y sígueme. (Mt. 19, 21).

Es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el Reino de los Cielos. (Mt. 19, 24).

Ningún criado puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará más al otro; o bien se entregará a uno, y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero. (Lc. 16, 13).

Miren que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y escribas, le condenarán a muerte y le entregarán a los gentiles, para burlarse de él, azotarle y crucificarle, y al tercer día resucitará. (Mt. 20, 18).

Guárdense de los escribas, que gustan pasear con amplio ropaje y quieren ser saludados en las plazas, ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes, y que devoran la hacienda de las viudas so capa de largas oraciones. Ésos tendrán una sentencia más rigurosa. (Lc. 20, 46).

El que quiera llegar a ser grande entre ustedes, será su servidor, y el que quiera ser el primero entre ustedes, será su esclavo; de la misma manera en que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir, y a dar su vida en rescate por muchos. (Mt. 20, 28).

Yo se lo aseguro: si tienen fe y no vacilan, no sólo harán lo de la higuera, sino que si aún dicen a este monte: Quítate y arrójate al mar, así se hará. Y todo cuanto pidan con fe en la oración, lo recibirán. (Mt. 21, 21).

Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá. Porque todo el pide, recibe; el que busca, encuentra, y al que llama, se le abrirá. ¿Qué padre hay entre ustedes que si su hijo le pide un pez, en lugar de un pez le da una culebra; o, si le pide un huevo, le da un escorpión? Si, pues, ustedes, siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan! (Lc. 11, 9 - 13).

Así, pues, han de orar: Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad, como en el cielo, así en la tierra. Danos hoy nuestro pan de cada día, y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos pongas en tentación, mas líbranos del mal. (Mt. 6, 9 - 13).

Porque si ustedes perdonan a otros sus faltas, también los perdonará a ustedes su Padre celestial. Pero si no perdonan a los hombres, tampco su Padre perdonará las faltas de ustedes.  (Mt. 6, 14 - 15).

Lo del César devuélvanselo al César, y lo de Dios, a Dios. (Mc. 12, 17).

Miren que no los engañe nadie. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: "Yo soy el Cristo [el Mesías] y engañarán muchos. (Mt. 24, 5).

Vengan, benditos de mi Padre, hereden el Reino preparado para ustedes desde la Creación del mundo. Porque tuve hambre, y me dieron de comer, tuve sed, y me dieron de beber, era forastero, y me acogieron, estaba desnudo, y me vistieron, en la cárcel, y vinieron a verme...En verdad les digo que cuanto hicieron a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicieron...Apártense de mí, malditos, al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me dieron de comer, tuve sed, y no me dieron de beber, era forastero, y no me acogieron, estaba desnudo, y no me vistieron, enfermo y en la cárcel, y no me visitaron...En verdad les digo, que cuanto dejaron de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejaron de hacerlo. E irán estos a un castigo eterno, y los justos, a la vida eterna.". (Mt. 25, 31-46).

Mi alma está triste hasta el punto de morir; quédense aquí, y velen conmigo. (Mt. 26, 38).

Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa, pero que no sea como yo quiero, sino como quieres tú. (Mt. 26, 39).

¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?...Sí, lo soy. Y verán al Hijo del hombre sentado a la diestra del Poder, y venir entre las nubes del cielo. (Mc. 14, 61 - 62).

Hijas de Jerusalén, no lloren por mí, lloren más bien por ustedes y por sus hijos. (Lc. 23, 28).

Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. (Lc. 23, 34).

Mujer, ahí tienes a tu hijo...Ahí tienes a tu madre. (Jn. 19, 26 - 27).

Yo te aseguro: Hoy estarás conmigo en el Paraíso. (Lc. 23, 43).

Dios mío, Dios mío, ¿porqué me has abandonado? (Mt. 27, 46).

Tengo sed. (Jn. 19, 28).

Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu (Lc. 23, 46).

Vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y a su Padre, a mi Dios y a su Dios. (Jn. 20, 17).

¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso, y entrara así en su gloria? (Lc 24, 25 - 26).

La paz con ustedes. (Jn. 20, 19).

¿Porqué se turban, y porqué se suscitan dudas en su corazón? Miren mis manos y mis pies; soy yo mismo. Pálpenme, y vean que un espíritu no tiene carne y huesos, como ven que tengo. (Lc. 24, 38 - 39).

Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino creyente. (Jn. 20, 27).

Porque me has visto, has creído. Dichosos los que no han visto y han creído. (Jn. 20, 29).

Estas son aquellas palabras mías que les hablé cuando todavía estaba con ustedes: "Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí. (Lc. 24, 44).

Así está escrito, que el Cristo padeciera, y resucitara de entre los muertos al tercer día, y se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. Ustedes son testigos de estas cosas. Miren, yo voy a enviar sobre ustedes la Promesa de mi Padre. Por su parte, permanezcan en la ciudad hasta que sean revestidos de poder desde lo alto. (Lc. 24, 46 - 49).

A ustedes no les toca conocer el tiempo y el momento, que ha fijado el Padre con su autoridad, sino que recibirán la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra. (Hch. 1, 7 - 8).

Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y hagan discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo les he mandado. Y he aquí que yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo. (Mt. 28, 18 - 20).

No temas, soy yo, el Primero y el Último, el que vive, estuve muerto, pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la Muerte y del Hades. (Ap. 1, 17 - 18).

Al vencedor le daré a comer del árbol de la vida, que está en el Paraíso de Dios. (Ap. 2, 7).

El vencedor no sufrirá daño de la muerte segunda (Ap. 2,11).

Al vencedor le daré maná escondido; y le daré también una piedrecita blanca, y, grabado en la piedrecita, un nombre nuevo, que nadie conoce, sino el que lo recibe. (Ap. 2, 17).

Al vencedor, el que se mantenga fiel a mis obras hasta el fin, le daré poder sobre las naciones, las regirá con cetro de hierro, como se quebrantan las piezas de arcilla. Yo también lo he recibido de mi Padre. Y le daré el Lucero del alba. (Ap. 2, 28).

El vencedor será así revestido de blancas vestiduras, y no borraré su nombre del libro de la vida, sino que me declararé por él delante de mi Padre y de sus ángeles. (Ap. 3,5).

Al vencedor le pondré de columna en el santuario de mi Dios, y no saldrá fuera ya más; y grabaré en él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, que baja del cielo enviada por mi Dios, y mi nombre nuevo. (Ap. 3, 12).

Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo. Al vencedor le concederé sentarse conmigo en mi trono, como yo también vencí y me senté con mi Padre en su trono. (Ap. 3, 20 - 22).

Mira, vengo pronto y traigo mi recompensa conmigo para dar a cada uno según su trabajo. Yo soy el Alfa y la Omega, el Primero y el Último, el Principio y el Fin. Dichosos los que laven sus vestiduras, así podrán disponer del árbol de la Vida, y entrarán por las puertas en la Ciudad. ¡Fuera los perros, los hechiceros, los impuros, los asesinos, los idólatras, y todo el que ame y practique la mentira! Yo, Jesús, he enviado a mi Ángel para daros testimonio de lo referente a las iglesias. Yo soy el Retoño y el descendiente de David, el Lucero radiante del alba.

 

 


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