FE Y RAZÓN

"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"

Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo

(Santo Tomás de Aquino)

LA ESENCIA Y LA EXISTENCIA

LA ESENCIA Y LA EXISTENCIA

 

Partiendo de un hecho, el cambio, hemos llegado a dividir el ser en ser en acto y ser en potencia. Partiendo de la consideración de otro hecho, la multiplicidad, podemos llegar a otra división, también fundamental, aunque menos universal que la primera. En efecto, el mundo se ofrece como múltiple a nuestra consideración; si todo ser es uno y el mimo, el ser considerado en conjunto, por lo menos según nuestra experiencia, no es ni uno ni el mismo. La idea de unidad se identifica, por otra parte, con  la de indivisión y nosotros la deducimos de la idea de división, que adquirimos desde el momento en que, puestos en contacto con las cosas, constatamos que difieren y se distinguen unas de otras. Bajo cierto aspecto, ellas se parecen, esto es, en cuanto son o existen. Mas lo que es la una no es lo que es la otra; ellas, pues, difieren por lo que son.

 

A es a, A no es B. Estas simple afirmaciones determinan ya la idea de ser, como implicando, una diversidad de esencias. La existencia es el hecho de ser, el acto de ser; la esencia es aquello que existe, lo que es la cosa, y, por tanto, su naturaleza íntima expresada por su definición, cuando esta es posible. La esencia es diferente y la segunda semejante en los seres diferentes.

 

Conviene tener una idea bien precisa de la esencia y de sus caracteres. Consideremos el ser de un hombre real. En tal ser, nuestra inteligencia, procediendo por análisis, puede determinar dos elementos; la existencia por la cual la naturaleza humana es en tal hombre realizada, y esa misma naturaleza que constituye la esencia. La esencia responde a la cuestión.¿Qué es esto?, a la cual en el caso presente debe responderse: " Un hombre".

Ahora bien:¿qué es un hombre? La filosofía contesta: "Un animal racional",  y esta definición es excelente, porque ella sitúa a la especie humana en un género más extenso: animal y la caracteriza por lo que propiamente la distingue: la razón, raíz en ella de todos los caracteres específicos. El contenido de la esencia del hombre es, pues, animal racional.¿Y quién no ve que modificando ese contenido, esos caracteres esenciales se obtiene otro ser, del todo diferente al primero? Tal es lo que se afirma cuando se dice que la esencia, de sí, es necesaria e inmutable, porque al modificarla la destruimos y obtenemos otra esencia, del mismo modo que sumando a un número una sola unidad, tenemos ya otro número. Al afirmar que la esencia es necesaria, no queremos, a  la verdad, dar a entender que ella exista necesariamente, sino que ella es necesaria como esencia. Así puede o no existir tal animal que es el hombre, tal metaloide que es el fósforo, mas para que exista un hombre, para que el fósforo exista es preciso que todos los caracteres esenciales de la naturaleza humana o de la naturaleza fosfórica se hallen a la vez realizados; esta verdad, atentamente considerada, aparece como simple consecuencia o aplicación del principio de no-contradicción. Se dice también en el mismo sentido que la esencia es indivisible.

La esencia es concebida por nuestro espíritu como un conjunto de notas harmonizables entre sí y ofreciéndose como un todo. En este sentido, se dice que es inteligible. Hemos dicho ya que el objeto primero de la inteligencia es el ser, pero el ser al cual la inteligencia principalmente se siente atraída, aquello a que la misma se dirige hasta el punto de constituirlo el objeto mismo de la ciencia, es la esencia, determinación propia del ser de cada cosa. Nosotros no conocemos perfectamente las esencias; hasta existen algunas que del todo ignoramos; pero sabemos que todos los seres tienen su naturaleza, y que hay en todos los seres un elemento, la esencia, la cual de sí, es posible e inteligible, esto es, que puede existir por que no implica contradicción alguna intrínseca y que, por la misma razón, puede ser conocida y comprendida.

 

Resumiendo lo dicho, podemos decir que damos el nombre de esencia toda determinación de la idea de ser que, conforme al principio de no-contradicción, puede existir y ser alcanzado por la inteligencia. Es claro que entre las esencias, las hay que existen de hecho, y otras que tan sólo son posibles.

Para simplificar, llamamos posibles a estas últimas. Ellas no tienen existencia alguna real, mas son únicamente en el espíritu.

 

Aquí no podemos hacer sino indicar una tesis rigurosamente demostrable, a saber, que nuestro espíritu, que concibe los posibles, no puede por sí, ni causarlos ni ponerlos como tales posibles, y que, por consiguiente, tiene cierta entidad en el seno mismo de la Inteligencia divina que los piensa, y de la Esencia divina de la cual no son sino participación.

 

En cuanto a la esencia real, si existe, se debe a que es en cierto modo actualizada por el hecho de poseer una existencia. La esencia real, de una parte, y la esencia que la actúa y le presta el ser, de otra parte, son, pues, dos elementos bien distintos en las cosas. La esencia no puede tener el carácter real sino unida a la existencia, ella continúa siendo la que es y conserva su naturaleza. Y prueba de ello es que todas las esencias difieren, al paso que la existencia es solamente el acto de ser común a todas ellas.. Es, pues, evidente que la esencia y la existencia son dos elementos metafísicos, uno potencial y otro actual, inseparablemente unidos, pero que no pueden confundirse, como lo son siempre un potencia y el acto que la completa y termina. La esencia es lo que existe; de sí, no podría tener existencia real, pues ella no es la existencia.

Al llegar a la Teodicea, comprenderemos toda la importancia de esa tesis. Dios, que es el Acto puro, es también el solo ser que no tiene en sí una esencia potencial, porque su Esencia se identifica con la existencia sin límites. Al contrario, la existencia creada es limitada por la esencia potencial que le es unida. Es por l esencia que ella es tal y no cual cosa, que tiene una naturaleza reducida a ciertas determinaciones particulares. Mas la existencia pura, no hallándose limitada por la esencia, es infinita.

 

Todas las criaturas se hallan, pues, compuestas de potencia y acto. Dios solo es acto puro. Más entre las criaturas las hay más o menos simples. Los ángeles, por ejemplo, importan una composición de esencia y de existencia; ellos son, por tanto, menos simples que Dios y cada uno de los mismo tiene una naturaleza limitada. Pero son más simples que los cuerpos porque, según veremos en la Cosmología, la esencia corpórea se halla en ellos integrada de un elemento potencial: la materia, y de un elemento actual: la forma; resultando de esto que en el mundo corpóreo la esencia no se identifica con la forma, como en el mundo de los espíritus. Es la forma quien determina la especie, la naturaleza específica de un ser, pero la matera potencial con la que se halla unida es el principio de la pluralidad de individuos. De donde resulta que en el mundo corpóreo puede haber pluralidad de individuos de una misma especie, lo cual es imposible que acontezca en el mundo de los espíritus puros donde cada ángel constituye, de por sí, una especie: porque no diversificándose por la materia, difieren solamente por la forma que, por sí sola, constituye su esencia, al paso que una misma naturaleza específica puede ser participada por varios sujetos materiales distintos.

 

Llamamos supuesto a la esencia considerada como lo que es, es decir, como sujeto concreto de la existencia. En el mundo corpóreo, el supuesto incluye materia y forma, es individualidad, al paso que la palabra esencia designa más frecuentemente de una manera abstracta, la naturaleza específica.

 

Cuando un supuesto se halla dotado de inteligencia, de voluntad, y, por tanto, de una perfecta conciencia de sí mismo, recibe el nombre de persona.