FE Y RAZÓN

"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"

Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo

(Santo Tomás de Aquino)


ALBERTO ZUM FELDE: PENSADOR URUGUAYO

(Prof. María Cristina Araújo Azarola).

Tomado de: 

Actas del 1er. Simposio Internacional de Filosofía, "Perspectivas de la Filosofía Contemporánea", 16-17-18 de Octubre de 1996, Villa María, Argentina, Ed. Convivio Filosófico. 

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1. ¿POR QUÉ ELEGÍ A ALBERTO ZUM FELDE?

 

Me pareció interesante presentar a Alberto Zum Felde en este Simposio Internacional, pues es un pensador y crítico literario uruguayo, nacido en Bahía Blanca - República Argentina - el 30 de mayo de 1887 (1) . Falleció en Montevideo - Uruguay - el 6 de mayo de 1976. Sus padres eran uruguayos. Sus abuelos paternos (Zum Felde Fulgraff) eran alemanes: y por línea materna tenía ascendencia española. Su madre, Josefa Alberdi Sainz, era pariente de Juan Bautista Alberdi y también del General Mitre. En 1888 regresan sus padres al Uruguay.

La formación de Alberto Zum Felde, en el orden literario, histórico y filosófico es autodidacta, conducida por su avidez intelectual. El mismo confiesa estar formado en humanidades. Las bibliotecas de sus dos hermanos mayores fueron su primer fuente de lectura. Luego comenzó a frecuentar los cenáculos literarios de Montevideo: fue asiduo contertulio del café Polo Bamba. donde predominaban los jóvenes anarquistas de tradición bakuniana.

Esta filiación ideológica había sido estimulada por una inmigración de intelectuales anarquistas italianos y españoles que buscaron refugio en ambas márgenes del Plata. En Montevideo fundaron el Centro Internacional de Estudios Sociales.

Además de esta influencia ideológica en el orden sociopolítico, siguió a Nietzsche y en el orden literario a Ibsen, pues lo veía sintetizando ambas posturas ideológicas. Zum Felde dice que 

"Ibsen era un nietzscheano con mayor amplitud humana pues era un revolucionario social". (2)

En 1910 pronuncia un discurso en el sepelio de su amigo Julio Herrera y Reissig, en el cual se manifiesta 

"el gesto de rebeldía y de condena de la juventud de esa hora contra la alta burguesía dirigente" (3)

Luego se dedica a la política por el Partido Colorado, en la ciudad de Maldonado.

En 1913 es nombrado Director de Secciones del Ministerio de Relaciones Exteriores, y al año siguiente, Oficial de la Legación de la República Oriental del Uruguay en Europa. Este segundo nombramiento queda sin efecto al comenzar la primera guerra mundial.

Entre sus varias conferencias, en 1927 dicta una sobre Estética contemporánea en la Facultad de Humanidades, de La Plata (República Argentina). Fue invitado por el filósofo argentino Alejandro Korn.

El 27 de diciembre de ese mismo año 1927 contrae matrimonio. En 1940 es nombrado Director responsable de la Biblioteca Nacional en Montevideo.

Paralelamente a estas y otras actividades oficiales, recibe los siguientes nombramientos: Miembro de Número del Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay (1939), Académico correspondiente de la Academia Nacional de la Historia de la República Argentina (1942), Académico de Número de la Academia Nacional de Letras (1943), Miembro correspondiente de la Real Academia Colombiana de la Historia (1955), Miembro honorable de "The American Association of Teachers of Spanish and Portuguese" (1967).

 

2. RASGOS DE SU PENSAMIENTO FILOSÓFICO

 

2.1. Aspectos generales.

El historiador de las ideas, Arturo Ardao dice de él: 

"Sin ser un especialista de la filosofía, (...) ha realizado obra filosófica, por la vía del ensayo de ideas, el poema mítico y el misterio dramático. Al mismo tiempo que a la literatura su producción interesa, pues, a la filosofía, concebida ésta (...) no reducida a sus manifestaciones académicas. Con la cultura académica, tal como suele presentarse en nuestros países, ingenuamente libresca y europeizante, ha sido severísmo Zum Felde" (4).

A pesar de su excesiva despreocupación por la tradición filosófica, en cuanto se refiere a su formación y disciplina. no por ello pierde significado su producción. puesto que es expresión del pensamiento filosófico uruguayo contemporáneo sobre el concepto de cultura y el problema de la cultura sudamericana en particular.

Es verdad que en Zum Felde no se encuentra un sistema de filosofía: él no lo pretendía pues no se consideraba filósofo. Sin embargo. puede afirrnarse que es un pensador sistemático. Hay en sus escritos una línea de pensamiento marcada por la búsqueda de la verdad y la investigación de las causas de los diversos acontecimientos vividos. Encuentro un hilo conductor que enhebra la evolución de su pensamiento. El período más significativo está comprendido desde la década del 30 hasta su muerte (5) .

2.2. Su itinerario intelectual y espiritual.

En efecto. Zum Felde se presenta heredero del apriorismo kantiano, del racionalismo de Nietzsche, del naturalismo materialista, del positivismo sociológico. Desde estas posturas mentales, critica al romanticismo filosófico, desvalorizándolo por su eclecticismo y su debilidad racional para enfrentar los argumentos del positivismo biologista.

Zum Felde parece involucrado en la crítica a la conciencia religiosa. Hay una incomprensión de la actitud de fe. Tal vez siguiendo a Kant, afirma que la conciencia religiosa debe ser purificada por la razón crítica. Argumenta contra la metafísica, pues la concibe como pura creación imaginativa y fantasmagoría poética. Es posible que pensando en Bergson, afirme que 

"la metafísica basada en la intuición es mera literatura". (6) 

Y que si el hombre quiere ser dueño de sí mismo, debe afirmarse sólo en el criterio inductivo de la razón basándose en el conocimiento empírico de los fenómenos. Zum Felde argumenta contra el conocimiento metafísico y contra la conciencia religiosa, desde la psicología empírica y las disciplinas lógicas, es decir, desde la razón científica (7).

Su actitud crítica pone de manifiesto la dependencia intelectual respecto de España, Francia, Inglaterra, Estados Unidos.

Cuando se desengaña del racionalismo y advierte sus múltiples facetas, encamina su labor intelectual a señalar los errores y sus consecuencias destructivas, al tiempo que vislumbra un nuevo camino: se le hace manifiesta la conciencia metafísica del hombre.

Zum Felde observa que las diversas corrientes filosóficas modernas tienen una misma fuente nutricia: el racionalismo, la razón absoluta autónoma. A partir de entonces. confronta la visión racionalista con la visión teologal del hombre, y del cosmos. En ese momento, se da cuenta que la metafísica realista va mucho más lejos, pues trasciende la esfera de la subjetividad. En la visión racionalista el sujeto ve el mundo desde sus propias categorías, pero no lo ve tal como él es. Por el contrario, en la visión teologal. como el sujeto está apoyado en la conciencia metafísica, el sujeto trasciende de sí mismo para ver al mundo tal como es: por lo menos el sujeto se enfrenta al mundo y lo interroga.

Precisamente, Zum Felde, en el período de su soledad creadora, se dedica a pensar sobre las consecuencias de lo que acontece en estos momentos: enjuicia la enseñanza, la política, la cultura. Interroga a su mundo y descubre sus falacias: el materialismo y el superhombre, el humanismo ateo y la libertad desenfrenada; el nihilismo de la sapiencia del siglo, la sexualidad vivida sin amor, la vida pragmática y el poder del dinero, la absolutización de la democracia racionalista y su formalismo.

La realidad le hizo evidenciar la unidad causal de ese vacío espiritual vivido por el hombre y el vacío de las fórmulas racionales, jurídicas y políticas. Zum Felde se dió cuenta que la verdad del hombre y la verdad del actuar moral no pueden depender de la razón autónoma, ni de sus corolarios, cuales son: la razón científica y la razón económica. Por estos motivos, en ‘El Ocaso de la Democracia", escribe: 

"No hay ninguna razón valedera para que los que nos hemos formado intelectualmente en el seno del racionalismo democrático, y le hemos prestado fe y rendido culto, estemos obligados a permanecer fieles a aquello que la propia madurez del criterio y la experiencia de los tiempos ha demostrado ya ser un error. Solo estamos obligados a ser fieles a nosotros mismos y a la verdad" (8)

Esto lo escribía en 1939, considerando los horrores de la revolución bolchevique de 1917, de la revolución española de 1936, la primera guerra mundial de 1914 y lo que se avecinaba. Estos acontecimientos lo llevan también a intuir un orden divino y ante la campaña emprendida mundialmente bajo el lema "En defensa de la Cultura". el escritor uruguayo se pregunta: 

"...¿En defensa de qué cultura?... ¿Qué es la cultura que se trata de defender? ¿Cuál es el valor real de sus valores? ¿Qué es lo que está verdaderamente en peligro, y qué es lo que verdaderamente debe ser salvado? (...) ¿no será mejor desprendernos de las estructuras culturales con las que nos hemos identificado, y fuera de las cuales nos parece que sólo existe una vuelta a la barbarie, para emprender con la máxima independencia de juicio, es decir, sin prejuicio alguno, la revisión del propio idealismo racionalista en que nos educamos? Pero, ¿desde qué plano es posible esta revisión? ¿En qué posición es preciso estar situado para poder encarar objetivamente esos valores? Todo juicio de valor ¿no es necesariamente a priori? Luego, ¿qué criterio no apriorístico podremos aplicar a su crítica?" (9).

Ya en "Aula Magna" había adelantado el criterio: si hay algún grano de trigo para la vida eterna. (10)

2.3. El tema de la cultura sudamericana

¿ Cómo construir una nueva cultura que disponga al hombre a encontrar la vida eterna? ¿Cómo resistir el embate de las corrientes deshumanizantes? Zum Felde responde con un llamado a la autoconciencia sudamericana. En 1943 el pensador uruguayo afirma categóricamente que la dependencia cultural - en el sentido de reproducción de categorías ajenas a nuestra realidad - nos mantiene en una minoría de edad; y ya es hora que adquiramos una madurez intelectual. Si bien esa madurez no se consigue de modo inmediato, y nos encontramos en un estado de indefinición cultural, debemos esforzamos por adquirir un estilo propio. Pero, ¿qué es "tener estilo"? Responde Zum Felde:  

"El estilo está ya, virtualmente, en el modo de ver, de sentir, de ser, es decir en la intuitividad original. Así, la personalidad es la que determina originalmente el estilo, y no ninguna regla plástica o retórica". (11)

El sudamericano tiene que adquirir conciencia de esta verdad, y de su propio ser. Y desde ese momento, mirará a Europa y a Estados Unidos desde América, con ojos sudamericanos: y dejará de mirar a Sud-América con ojos de europeos, y ofrecerá resistencia al positivismo anglo-sajón (12).

Zum Felde reflexiona sobre el controvertido concepto de "occidentalidad". Explica que los americanos del sur somos geográficamente occidentales: pertenecemos a la cultura occidental que tiene sus raíces en Grecia y en el cristianismo. Sin embargo, "ser occidental" no significa "ser europeo". Europeizarse es traicionar a América del Sur, es vivir alienado, sin entidad propia, sin identidad. Por lo tanto, la "americanidad" no está reñida con la "occidentalidad", pero sí lo está con la "europeización". Somos americanos occidentales; esto es lo que tenemos que cultivar. Zum Felde reconoce el beneficio del intercambio cultural, pues enriquece, a menos que se carezca de identidad cultural, o se avergüence de la propia. En estas circunstancias acontece un coloniaje cultural, es una extranjerización.

A los efectos de obrar como agentes auténticos de nuestra cultura es necesario suscitar una conciencia metafísica, entendida como conciencia de trascender esos esquemas racionales que nos han enseñado; se exige mirar por nosotros mismos esta realidad nuestra; y urge buscar las raíces culturales que nos definen.

Zum Felde ha recorrido este camino; y en su búsqueda se encuentra con España. con la cultura griega y latina, con lo autóctono y con el Evangelio.

A medida que va descubriendo los orígenes de nuestro ser sudamericano, se evidencia que la cultura moderna, se olvidó del Evangelio y. también de Aristóteles. Este olvido, dice el autor, le impide conocer la realidad.

Zum Felde vislumbra el advenimiento de un realismo profundo, radicalmente distinto a las variadas formas del realismo materialista. Es un realismo de raíz metafísica y de esencia religiosa, porque cree en la realidad del espíritu y porque ha reconocido que las leyes fundamentales de la naturaleza humana y de la realidad histórica, son las leyes mismas del orden divino en este mundo que habitamos.

2.4. Otra pista de su itinerario intelectual.

Hay otra pista en el itinerario intelectual y espiritual de Alberto Zum Felde. Me refiero a la atención que presta a la evolución filosófica de Bergson, al esfuerzo intelectual de Husserl, así como la de tantos otros pensadores y filósofos contemporáneos a él, que han seguido un proceso transformador que los condujo a la Iglesia de Cristo. desde posiciones ideológicas muy dispares. Escribe en "Cristo y Nosotros":

"Verdaderamente por la fineza de su pensamiento, Bergson no estuvo demasiado lejos de Pascal. Su conversión es tal vez la más significativa de nuestra época por la altísima representación de su figura en el cuadro de la filosofía moderna y la enorme influencia que su obra ha ejercido en la vida intelectual de Occidente. Pero su caso no es aislado. Es notorio que, una poderosa élite de filósofos y escritores contemporáneos, se ha incorporado a la Iglesia de Cristo, llegando desde sus diversas posiciones ideológicas y por proceso mental muy probablemente semejante, en el fondo, al del gran pensador francés. Los nombres de Huyssman, Chesterton, Maritain, Peguy, Papini, H. Elliot, Berdiaef, Van der Meer, Adolphe Retté, Henry Alsin-Fournier, Paul Claudel, Alexis Carrel, Jacques Riviere, Graca Green, Paul Mauriac, entre otros de los más famosos en las letras mundiales, encabezan una pléyade de hombres de mentalidad formada en el tipo de cultura agnóstica que ha predominado en los últimos tiempos, logrando evadirse y elevarse hasta las alturas del pensamiento en que se abren los nuevos horizontes espirituales de la Revelación. ...Los caminos de Dios son tantos y tan misteriosos como su poder ..." (13)

En ‘Cristo y Nosotros", Zum Felde centra la atención en el hecho fundamental de la Revelación. El pensador agnóstico ha tomado conciencia que esa es la piedra de toque de toda la problemática moderna, y en su negación radica la crisis de la cultura contemporánea. Intelectualmente reconoce esta verdad, sin embargo, esto no es la conversión al catolicismo. Esta llega de otro modo.

Monseñor Miguel Balaguer, siendo Obispo de Tacuarembó (Uruguay) recuerda una conversación con el autor de ‘Cristo y Nosotros’. Dice así:

"Me dijo entonces, que después de estudiar todo lo que pudo, llegó a la conclusión que no tenía ninguna razón para no creer; pero que no podía hacerlo. Sin embargo, un día viajando por Asís como turista, sin pensar para nada en su problema espiritual, le aconteció lo que puede ocurrirle a un hombre que se encuentra en un cuarto oscuro, en el que no ve nada; pero que repentinamente se enciende una luz grande, viendo entonces claramente aquello que lo rodeaba, y que tenía allí muy cerca, y que "inexplicablemente" no podía ver.

En ese momento vió, por consiguiente. no solo lo que había buscado en sus estudios, a consecuencia de los cuales sabía que no tenía ninguna razón para negar su existencia, sino que vió también que aquel encuentro con Dios no era el resultado de sus estudios - tentación muy fácil para un intelectual - sino de una luz divina: la única que puede hacer que el hombre vea lo sobrenatural. Entonces vió que, sin un pecado de soberbia, no podía pensar que él había llegado al Dios verdadero, que, por ser sobrenatural, está por encima de nosotros; sino que Dios había llegado a él porque como padre andaba buscando al hijo con más ansias de las que éste podía tener de encontrar al Padre.

Entonces vio no al Dios de la filosofía, al gran ser omnipotente, razón de todo lo que existe, que ven tantos irreligiosos; sino al Dios verdadero, al Dios Padre" (14).

"Cristo y Nosotros" es, pues, otro libro testimonial, en el que su autor explica que la conciencia religiosa tiene un fundamento en la religación óntica del ser humano. Dice Zum Felde:

"Sentir la necesidad del Dios Vivo en la profundidad existencial del ser - razón del corazón - es ser ya virtualmente converso. Necesitar a Dios - al Dios Vivo - como justificación de la propia existencia, es ya creer en El. Pero aún así, a veces hay obstáculos intelectuales que impiden el paso..." (15)

¿Cuáles son estos obstáculos? Basado en su propia experiencia responde:

a) la escuela del naturalismo anti-religioso y su sofisma de que la fe es un salto en el vacio (16).

b) el prejuicio laicista de que el creyente enajena su libertad porque renuncia al "libre exámen" (17)

c) el prejuicio del escepticismo critico que bajo la forma prudente de "no saber nada acerca de lo sobrenatural porque no está demostrado, termina negándolo porque seria un absurdo afirmarlo"(18).

El primer sofisma mencionado es sostenido por los falsos teólogos del Absurdum. El error está en creer que la Fe es anti-racional en vez de supra-racional. A lo cual dice Zum Felde que superar el estado de mera razón, no significa ir en contra de la razón para suprimirla. Explica el autor:

"Cuando la evidencia del Dios viviente de la Revelación es intuída por nuestra conciencia subliminal, no hay ya tal vacío ni tal aventura sino la más firme tierra del espíritu. (...) Nadie se lanza a la Fe creyendo que salta en el vacío y que corre mortal aventura. Esto es sofístico 1...) Nadie va a la Fe en esas condiciones, pues ellas son precisamente las que impiden la Fe" (19).

El segundo sofisma, corriente en la cultura laica, surge del a priori de pensar que la Fe debe regirse por los mismos criterios de verdad sustentados por la razón. Por lo tanto, se juzga a la creencia con los criterios del no creyente y éste siente falta de libertad pues debería someterse a la autoridad de la Fe. Zum Felde aclara que este problema se suscita por desconocimiento y es alimentado por la razón de la incredulidad.

Los sofismas del escepticismo crítico muestran como antinómicas la Fe y la razón, la libertad de conciencia y el dogma religioso, la ley natural y el milagro. Estas interpretaciones son propias del liberalismo filosófico. Zum Felde expone las diferencias que existen entre el Dios abstracto de los filósofos y el Dios vivo de la Revelación.

Zum Felde disuelve los pseudo-argumentos porque sabe que es necesaria la autoliberación de los prejuicios de la cultura contemporánea. Reconoce que muchos hombres son prisioneros mentales de la lógica de la ley natural y el hombre contemporáneo se cree libre porque la prisión no es externa sino interna, determinada por la formación intelectual vigente en el régimen de cultura irreligiosa.

En el análisis de estos obstáculos, Zum Felde descubre el drama histórico de la filosofía. Escribe:

 "A este punto ha llegado la aventura que empezó hace más de dos mil quinientos años un tal Parménides, que se preguntó. el primero: ¿Qué es el ser? Ahora sabemos que el ser, sin Dios, es conciencia de la Nada. Y todo este conflicto trágico entre la Vida y la Verdad, entre el Ser y el Existir, ocurre absurdamente porque la "cultura" moderna ha incurrido en una omisión (metódica): la de un libro llamado el Evangelio, testamento de Aquel que es a la vez la Verdad y la Vida. es decir, la Verdad viviente y no abstracta, esencia y existencia al par, no letra que mata (y muere) sino espíritu que vivifica; y ante el cual toda la Filosofía del siglo, es sólo tanteo en el vacío de la abstracción y juego de hipótesis. (20)

 

3. LAS PROPUESTAS DE ZUM FELDE

 

En los escritos que he escogido para esta comunicación, advierto que Zum Felde nos hace algunas propuestas para superar el nihilismo y el sentimiento de absurdo producido por el vaciamiento de la conciencia religiosa. Algunas de ellas son:

  1. revisión de lo que se denomina "valores" de la cultura dominante. Porque no parece sean auténticos valores, pues esta cultura deshumaniza.
  2. asumir una actitud realista, que nada tiene de común con el sensualismo ni con el positivismo, a los que denomina "torpes engendros de las escuelas materialistas". El realismo propuesto por Zum Felde es de raíz metafísica.
  3. crear una cultura humanista que sustituye a la cultura cientificista, porque la cultura meramente científica asistida por los postulados idealistas, tal como hoy se profesa: es incapaz de comprender la realidad humana.
  4. no confundir "razón" con "racionalismo", ni actitud racional con "actitud racionalista", pues ésta es la consecuencia de la razón orgullosa que cedió a la tentación demoníaca de convenirse en soberana;
  5. despertamos de la gran ilusión racionalista, para deshacer lo que el hombre ha hecho al margen y en contradicción a las leyes naturales y a leyes divinas.
  6. no sembrar la cizaña, porque se recoge lo que se siembra.
  7. revalorar la "experiencia’ sin excluir ningún ámbito de ella. La realidad enseña que la experiencia no pertenece solo al orden natural experimental científico, y tampoco excluye el orden divino. Hay una multifacética experiencia humana, una experiencia religiosa; experiencia de lo divino...
  8. tomar plena conciencia que Cristo es el eje, el sentido y la clave de toda la historia.

Estas propuestas del pensador uruguayo abren camino a una nueva cultura de vida y al ser asumidas disponen al hombre a vivir atento a lo real y centrado en el Dios vivo y verdadero.

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NOTAS

 

1) Estas fechas están tomadas de la "Cronología de la vida y obra de Alberto Zum Felde", en: Exposición Bibliográfica y Documental. Alberto Zum Felde; Biblioteca Nacional, Montevideo, 1980. La fecha de su nacimiento no coincide con la presentada por Jorge Ruffinelli (1899) en su obra: Palabras en orden, capítulo: Alberto Zum Felde. El Magisterio de la conciencia, Universidad Veracruzana, México, 1985, pp. 11-35.

2) Datos tornados de la entrevista a Alberto Zum Felde. realizada por Jorge Ruffinelli: Palabras de orden, ed. c.

3) Idem, p. 22.

4) ARTURO ARDAO. La filosofía en el Uruguay en el siglo XX, FCE, México, 1956, p. 79.

5) Arturo Sergio Visca distingue tres etapas en la vida y obra del pensador:

  1. el primer período abarca desde 1906 a 1916. Corresponde al triunfo del positivismo spencieriano en las aulas oficiales y en los medios intelectuales uruguayos. Además está viviendo la influencia de Nietzsche y el anarquismo. Escribe en periódicos.
  2. el segundo período abarca el momento de la crítica militante: desde 1917 a 1929. En éste publica "Proceso histórico del Uruguay", "Crítica de la literatura uruguaya" y "Estética del novecientos". Se plantea ya la problemática de la cultura.
  3. el tercer período se extiende desde 1930 hasta la muerte de Zum Felde. Sergio Visca le denomina momento de "soledad creadora". Exposición Bibliográfica y Documental.
6) ALBERTO ZUM FELDE, Aula Magna, Montevideo. Imprenta Altuns, 1937, p. 53.

7) IDEM. Tiempo Segundo. Homo Sapiens.

8) ALBERTO ZUM FELDE, El Ocaso de la Democracia, Zig-Zag, Santiago de Chile, 1939, p. 71.

9) IDEM. p. 32. Zum Felde reconoce que:

    "Realismo profundo, este que adviene - forma y modo de una conciencia más conforme a las leyes eternas y a la naturaleza de las cosas -, nada tiene de común con el sensualismo ni con el positivismo, torpes engendros de las escuelas materialistas, puesto que su raíz es metafísica, y se alimenta más del espíritu de la profecía que de las teorías de la dialéctica: realismo, en fin, de esencia religiosa - el de los tiempos nuevos de la Historia - , por cuanto cree en la realidad del espíritu - en el espíritu como realidad - , y tiene las leyes fundamentales de la naturaleza humana - y de la realidad histórica - , como las leyes mismas del orden divino de este mundo que habitamos".

10) ALBERTO ZUM FELDE. Aula Magna., ed. c., p. 172. Es interesante observar que Zum Felde expone hechos que habían sido previstos por Monseñor Jacinto Vera (1813-1881), primer obispo uruguayo. Este santo Obispo sabía advertido en sus Cartas Pastorales la importancia imprescindible de la ilustración católica si se quería una civilización con rasgos de humanidad. Carta Pastoral de Monseñor Jacinto Vera sobre la Educación, Montevideo, 24 de febrero de 1878. Presentación y Bibliografía por Dr. Juan Villegas S.J. Estudio Introductorio a cargo de la Prof. Ma. Cristina Araújo Azarola: Montevideo. 1995; MARIA CRISTINA ARAUJO AZAROLA. Monseñor Jacinto Vera en sus Cartas Pastorales, Montevideo, 1995.

11) ALBERTO ZUM FELDE. Cristo y nosotros, Montevideo, 1959, p. 67 s.

12) IDEM, p. 100.

13) ALBERTO ZUM FELDE. Cristo y nosotros, Montevideo, 1959, p. 67s.

14)  MONSEÑOR MIGUEL BALAGUER. Laicismo y Cristianismo, Colección Sentir en la lglesia. Nº 5, Montevideo, 1983, p. 5 s.

15) ALBERTO ZUM FELDE. Cristo y nosotros, ed.c., p.29. Esta obra contiene tres partes:

    1. Libro Primero: Filosofía de la Religión (p. 9-91),
    2. Libro Segundo: Religión y Ciencia (pp 93-206)
    3. LibroTercero: La autenticidad del Evangelio (pp. 207-284).
16) IDEM, p. 30 ss.

17) IDEM, p. 33 ss.

18)  IDEM, p. 38 ss.

19) IDEM, p. 31.

20) IDEM, p. 65.


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