FE Y RAZÓN

"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"

Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo

(Santo Tomás de Aquino)


UNA REFLEXIÓN SOBRE EL SER Y EL CONOCER

María Cristina Araujo Azarola

  1. INTRODUCCIÓN
  2. Entre los temas fundamentales de la Filosofía, encontramos: el del ser, el del conocer, el del hombre. Me referiré a los dos primeros y luego haré una breve proyección histórica mencionando algunos pensadores uruguayos.

  3. EL TEMA DEL SER Y EL CONOCER
  4. La noción de ser es obtenida por abstracción a partir del conocimiento de los distintos entes. Esta noción se aplica análogamente a la variedad de seres; sean éstos racionales o irracionales, vegetales o animales, animados o inanimados, actuales o posibles, reales o ideales, contingentes o necesario, materiales o espirituales.

    Mencionamos distintos modos de ser; no son los únicos.

    Ser actual es el que tiene ser en acto, es decir existe, tiene existencia.

    Ser posible, es el que no tiene existencia aún, pero puede existir; no hay contradicción en su esencia.

    Ser real, es el ser concreto, con existencia extramental o intramental. Ejemplo, tan real es mi existencia como mis fenómenos psíquicos en cuanto tales.

    Ser ideal, es el que tiene existencia sólo en la mente del sujeto, Por ejemplo, un número.

    Ser contingente, es aquel que no tiene en sí razón suficiente de sí mismo; es decir que puede ser o puede no ser; si es, puede dejar de ser. Aquí están incluídos todos los entes espacio-temporales y los espíritus finitos. Son seres por otro; su noción incluye dependencia en el orden del ser y composición metafísica.

    Ser necesario, es aquel que tiene en sí la razón de su existencia; es por sí mismo, La noción de ser necesario, incluye independencia en el orden del ser, unidad, simplicidad, absoluto.

    También podemos mencionar al ser sustancial y al ser accidental.

    Entendemos por sustancias lo que existe en sí, en tanto que accidente es lo que exige existir en otro como sujeto de inherencia. Aristóteles distinguía diez categorías, de las cuales la primera era la sustancia y las nueve restantes accidentes. Todo accidente se da en la sustancia, determinándola de algún modo en su concreción; son formas accidentales. Los accidentes puede variar sin alterar la sustancia.

    De aquí surge otra distinción: el ser en acto y el ser en potencia. Con la noción de acto y potencia se explica el devenir, puesto que todo ser que deviene en acto, es algo con potencia para ser de otro modo. El devenir es el pasaje de la potencia al acto.

    Todo ser sustancial es un ser en acto, es decir, es un ser que tiene existencia; en acto posee también ciertos accidentes: algunos propios de la especie y otros propios del individuo, Posee también la posibilidad de cambiar los accidentes, lo cual significa que está en potencia para recibir un acto que no posee. Evidentemente no puede estar en acto y en potencia respecto de lo mismo. La potencia indica imperfección, en tanto acto indica perfección.

    Decía Aristóteles que un ente cuanto más potencia, más imperfecto es y cuanto más acto más perfecto. De ahí que, la jerarquización de los entes concluye con el Acto Puro.

    Al ente se le localiza en el ámbito de la sustancia y la sustancia no es tal sin la forma sustancial, la cual es principio de determinación del ser. La forma sustancial confiere el ser, la especie y el obrar. Ella es la que da el ser, es decir lo hace ser lo que es; constituye su esencia. En virtud de la esencia, este ente entra en comunión con otros entes que tienen una misma esencia y al mismo tiempo adquiere un modo de obrar propio.

    Este ente existe. La existencia es acto extrínseco a la esencia; es único y le pertenece a la totalidad del ente.

    La doble determinación de la esencia: intrínseca (por la forma) y extrínseca (por la existencia), ocurre en los entes contingentes; no así en Dios cuya esencia consiste en ser (propiamente hablando no puede decirse que Dios tenga existencia).

    Este breve planteo ontológico presenta al ente existiendo con independencia del ser humano, al cual también lo abarca.

    Cada hombre es un ente sustancialmente existente, cuya esencia está compuesta por dos sustancias incompletas que se exigen mutuamente (cuerpo material y alma espiritual), las cuales unidas intrínsecamente constituyen una sustancia completa, una entidad sustancial.

    Tanto el cuerpo como el alma poseen diversas potencias propias, pero debido a la unión sustancial intrínseca de ambos principios, actúan complementándose y exigiéndose recíprocamente. Por esto se dice que el alma siendo forma primera del cuerpo, es principio de toda operación. El alma humana es principio inmediato de operaciones espirituales y es principio remoto de las otras operaciones que exigen el concurso del cuerpo. Entre las potencias figuran las cognoscitivas inferiores y superiores.

    La inteligencia es una potencia cognoscitiva superior. Se denomina superior porque es propia del ser humano; es lo que de divino hay en el hombre, según dice Aristóteles. Además radica en su alma, por eso el alma humana es llamada intelectiva (St. Tomás S.T., I, q. 79, a. 4).

    Por la inteligencia se llega al conocimiento de la verdad mediante el discurrir arguyendo. También puede conocer la verdad intuyendo. El discurrir exige un proceso laborioso, en tanto que la intuición es un conocimiento inmediato.

    La inteligencia conoce la verdad.

  5. ¿ QUÉ ES LA VERDAD?

Distinguimos: verdad óntica, verdad lógica, verdad ética y verdad ontológica, verdad psicológica.

Verdad óntica es la verdad del ente. Nos referimos a ella en el plano de la realidad.

Verdad lógica es la que existe en el plano del mero pensamiento; ella surge cuando hay coherencia entre los conceptos, entre los juicios, entre las notas lógicas.

Verdad ética existe cuando hay coherencia entre el pensamiento y su expresión operativa.

Verdad ontológica es la adecuación entre el pensamiento y la realidad.

La verdad psicológica se refiere a la vivido; es totalmente subjetiva.

La verdad óntica nos conduce al ente. La verdad lógica al pensamiento y a las leyes que lo rigen. La verdad ontológica nos conduce a interrogarnos cómo es posible la adecuación pensamiento-realidad.

La verdad psicológica deja planteada la interrogante acerca de la realidad objetiva de la vivencia.

Tanto la verdad lógica como la ontológica se expresan en el juicio, en ese acto de la inteligencia por el cual atribuye un predicado a un sujeto (puede atribuir un accidente a un ente o una esencia a un ente).

Si en el juicio se expresa lo que en la realidad es, el juicio es verdadero.

¿Cómo sabemos lo que la realidad es?

Por un acto de conocimiento.

¿Cómo conocemos?

En primer lugar tomamos contacto con la realidad inmediata que nos circunda, realidad espacio-temporal, extensa, mediante los sentidos. Estos constituyen las potencias cognoscitivas inferiores, denominadas así por ser comunes al género animal y por ser las que brindan el punto de apoyo, el material a la inteligencia. Los sentidos dan el dato, presentan las cosas sensibles; siendo estimulados producen una sensación en el sujeto cognoscente (hombre) quedando en éste la impresión llevada por los sentidos. Aquí se produce el primer paso del conocimiento humano. Las imágenes que perdurarán en el hombre serán la base sobre la que trabajará la inteligencia para elaborar los conceptos mediante la abstracción. Las imágenes no son lo que se conoce, sino elementos que permiten el conocimiento del objeto. El objeto es lo conocido. Como dice José Alejandro en sus Estudios Gnoseológicos: Conocer A es lo que directamente significa la frase, y de ninguna manera conocer una imagen de A por muy intencional que sea, producida en nosotros, y que podemos llamar a. Conocer no puede ser mirar la imagen a. Conocer es asimilar la potencia en función al objeto: directamente a A.

Los sentidos no engañan al hombre, como dicen los escépticos. Más bien le proporcionan los datos, información del mundo exterior.

A esa información el hombre la interpreta, la juzga y allí es de donde puede provenir el error. Por esto Santo Tomás asegura que la verdad y la falsedad se dan el juicio pero no en la sensación. La sensación es un fenómeno psíquico consciente. Cuando tenemos conciencia de ella, tenemos certeza de lo que sentimos. A la inteligencia corresponde distinguir si es real o ilusorio. Por el juicio el hombre se vuelve sobre la realidad (si son juicios de realidad); entonces, los pasos que se siguen son los siguientes:

  1. conocimiento sensible,
  2. abstracción,
  3. obtención del concepto,
  4. enunciado de algo sobre algo.

Para elaborar el concepto, partimos de los datos de la sensibilidad que nos dan información sobre variaciones accidentales y variaciones sustanciales de los entes; nos informan de la variedad de los entes ( multiplicidad dentro de lo semejante) y de la diversidad de los entes (diferentes especies de entes).

Luego la inteligencia abstrae, es decir, distingue, separa mentalmente los accidentes y la esencia. La abstracción supone separación meramente intelectual donde no puede haberla en concreto.

Los conceptos al representar al objeto, hacen que de algún modo el objeto exista en el sujeto. La inteligencia se apodera del ente conocido confiriéndole su modo de ser material. De ahí el adagio escolástico: lo conocido está en el que conoce, según el modo de ser de éste.

El concepto vendría a ser, pues, el objeto existiendo inmaterialmente en el sujeto. De aquí que se hable de inmanencia del conocimiento. El concepto siempre apunta al objeto del cual es representación; el concepto siempre lo es de algo. Esto es la intencionalidad.

Una vez elaborados los conceptos - que son representaciones intelectuales y abstractas de la realidad – si queremos expresarnos sobre la realidad que se nos presenta, elaboramos el juicio y lo proponemos.

En virtud de la intencionalidad, el sujeto al formular un juicio se refiere siempre a un objeto que no es él mismo; está en tensión hacia la realidad, se dirige a ella.

El juicio, si se refiere a un objeto presente, está enunciando algo de ese objeto ( el objeto puede no estar presente, también ). Este algo puede corresponderle o no. Si no le corresponde al objeto, el juicio es falso, en caso contrario es verdadero. Estamos en presencia de la verdad ontológica. Quiere decir, pues, que la verdad ontológica reúne los dos planos: el del ente (que es el plano de la realidad) y el del pensamiento (que es el plano lógico). Esto no sería posible si en el hombre no existieran potencias cognoscitivas aptas para actualizarse al contacto con los entes.

Hasta aquí no referimos a los entes materiales. Si queremos conocer entes espirituales debemos proceder por raciocinio a partir de lo dado por la experiencia, teniendo en cuenta que el raciocinio puede ser inductivo, deductivo y analógico.

Concluímos que: el conocimiento humano gira en torno a lo individual y concreto y en torno a lo general y abstracto.

El ser que pretendemos conocer puede corresponder tanto a la esfera de lo ideal, como a la esfera de lo espiritual y material.

  1. ALGO DE HISTORIA

Si hacemos un recorrido histórico, veremos que algunos pensadores sólo han aceptado el conocimiento empírico afirmando la imposibilidad del conocimiento abstracto, intelectual; han negado al hombre el reconocimiento de la posibilidad de trascender la esfera de lo inmediato experimentable y comprender la realidad por sus causas o en sus esencias.

En esta posición gnoseológica tienen cabida, tanto el llamado empirismo moderno, como los materialismos, el positivismo con todas sus gamas, el neo-positivismo. Con diferencias de matices son iguales las conclusiones, agravándose a medida que penetramos en el siglo XX.

Otros pensadores han establecido la imposibilidad del conocimiento empírico verdadero, aduciendo errores, engaños de los sentidos. Pero esto, como ya lo explicara Santo Tomás carece de fundamento.

Otros como Kant, han intentado conciliar los datos empíricos y los racionales, pero de tal manera que caen en un solipsismo al acentuar el apriorismo y negar la posibilidad del conocimiento de las esencias.

Es verdad que en la percepción del mundo exterior, el sujeto pone algo pero lo puesto no es un elemento a priori, formal, sino elementos obtenidos de otros conocimientos anteriores; y en cuanto el hombre comienza a conocer está limpio de todo conocimiento.

Esta inicial postura del pensamiento trae como consecuencia otras afirmaciones en el orden del ser.

Para los empiristas, materialistas, positivistas y neo-positivistas lo que existe es sólo el ser material, físicamente captable; sólo es posible conocer lo fenoménicamente dado y concluyen que esto es lo único existente. Incluso en el ámbito de la Psicología, todo fenómeno psíquico queda reducido – en su interpretación – a una manifestación de lo fisiológico. El hombre es pura materia.

Afirmaciones de esta índole encontramos en el pensamiento uruguayo: Carlos Reyles, Pedro Figari, Carlos Rossi, Pedro Ceruti,
José Pedro Varela.

Desde su albores, el Uruguay se ha visto impregnado de espiritualismo, puesto que la cultura vertida era hispánica. Pero hay que tener en cuenta que, este benjamín de España nació tardíamente y no se constituye en Montevideo ningún centro universitario ni de influencia filosófica como en otros lugares del Reino de Indias. Por lo tanto, con facilidad el liberalismo impregnó las mentes y trajo como consecuencia – años más tarde – el desarrollo del positivismo y de los materialismos.

Todos los que no nacieron a tiempo para ser comtistas, hoy son marxistas. La mentalidad es la misma.. (Emilio Oribe, citado por Arturo Ardao: La filosofía en el Uruguay en el Sg. XX).

En el filo de los dos siglos (XIX-XX) muchas inteligencias uruguayas se vieron deslumbradas por Spencer, Darwin, Vogt, Büchner. Las fuentes del materialismo florecen en el café Polo Bamba, que tiene su apogeo entre los años 1900-1910 (cfr. Zum Felde El proceso intelectual del Uruguay).

Célebres son las polémicas sostenidas por el Ateneo y el Club Católico en el primero se concentraban los racionalistas idealistas, positivistas, anticlericales. El segundo era el centro de cultura católica. Figuras representativas de este último son Mariano Soler y Juan Zorrilla de San Martín y Francisco Bauzá (cfr. Arturo Ardao Espiritualismo y positivismo en el Uruguay).

Las corrientes de pensamiento mencionados se vieron mezclados también en el racionalismo idealista; la representan pensadores tales como Joaquín Torres García (1874-1949), Fernando Beltramo (1868-1935) y Emilio Oribe (1893-1973).

El pensamiento católico uruguayo también tiene sus representantes en Mons. Mariano Soler (1846-1908), quien desarrolló una profunda labor; fue el hombre más inteligente y más culto de la época (cfr. Arturo Ardao Espiritualismo y positivismo en el Uruguay). También encontramos a E. Logrand (1864-1936) humanista de vasta cultura, dedicado a la astronomía y en general a las ciencias, su preocupación filosófica se manifiesta en la búsqueda de la conciliación de la ciencia y la fe.

Antonio Castro (1867-1925) jesuíta conocido por la crítica incisiva a la Lógica viva de Vaz Ferreira; además de su crítica a Bergson por la oscuridad que encierra su aparente claridad de pensamiento y el evolucionismo; a James le critica la renuncia a lo racional.

Juan Sallaberry (1871-1945), jesuíta conocido por la adaptación del Curso de Filosofía de Lahr, entre otras publicaciones.

Juan Ortega (1879-1961), salesiano, autor de Iniciación filosófica, un volumen que encierra los principales temas filosóficos con gran claridad y precisión, y autor de un libro de Lógica.

Juan Llambías de Azevedo (1907-1972) autor de numerosas obras y publicaciones en diversas revistas nacionales e internacionales. De él se ha dicho que es uno de los filósofos del Derecho más destacados y originales de la Americana Hispana de nuestros días (Joser Kunz, citado por Arturo Ardao en La filosofía del Uruguay en el Sg. XX). Es el intérprete por excelencia de la filosofía alemana posterior al neo-kantismo, según Arturo Ardao.

No es exhaustivo el planteamiento que realizamos. En esta contextualización gnoseológica, y ontológica dentro del proceso intelectual uruguayo, ubicamos al Dr. Enrique Grauert (1916-1972).

Ontológicamente, su concepción del ser es realista. Entiende que la noción de ser es análoga y la predicamos a diversos entes. Los entes son reales, son lo existente. Lo existente es individual, concreto, con una quiddidad que lo hace ser lo que es. La esencia posible indica los caracteres de un ser inexistente, que si llegara a la realidad, será tal y no de otra manera... (Conocimiento y Existencia pág. 148).

Distingue el ser actual de ser posible, señalando que tanto uno como el otro están sujetos a las leyes ónticas. Subraya la composición metafísica de esencia y existencia; la relación existente es como la de la potencia y el acto (cfr. p. 3, cap. VI).

Gnoseológicamente, siguiendo al realismo explica la doble vía de captación de lo existente. Reconoce en el ser humano la capacidad sensorial y la capacidad intelectiva, compenetradas en la tarea de penetrar en la realidad, para saber lo que es y cómo es. Por esto afirma la importancia de la experiencia (el dato sensible y el dato de conciencia) y la importancia de la labor intelectiva (aprehensión, abstracción, judicación).

El pensamiento se apoya en la realidad; las leyes que lo rigen se fundan, por tanto, en las leyes del ser. Esto hace indispensable concluir en la intencionalidad, puesto que si lo conocido tiene existencia intramental ésta conduce a la inteligencia al objeto que es representado mediante el concepto.

Una de las interrogantes que le acucia al Dr. Grauert es cómo conocer lo existente y cómo conocer la existencia.

Luego de un breve análisis de la concepción megárica y la concepción bergsoniana de la existencia, concluye que la existencia se capta no directamente sino a través de los cambios de los entes, puesto que por la acción se nos manifiesta.

El sujeto no se limita a captar la estructura del ser, sino que alcanza el acto... el acto transinteligible, que se encuentra más allá de la estructura y con el cual la inteligencia no puede identificarse por medio del concepto, pero acto determinado, limitado y calificado por la estructura inteligible, acto sin el cual la estructura no se basta a sí mismo. La esencia que es amplitud o medida de actualidad y la acción (percibida fácticamente), delimitan ante nuestra inteligencia el acto existencial (pág. 156/7).

En lo que respecta a la ubicación del Dr. Grauert dentro de la intelectualidad uruguaya, tendríamos que localizarlo en una posición realista, compartida sin duda por Llambías de Acevedo y los representantes del pensamiento católico. Es la actitud también del dogmatismo crítico iniciado por Aristóteles en la Antigüedad y que se ha ido enriqueciendo hasta nuestros días.

En él se encuentra anhelo de precisión y justeza de pensamiento.


Arriba ] PRUEBAS ] HUME 2 ] HOMBRE ] EVOLUCIÓN ] EVOLUCIÓN (2) ] CLASE ] LA RAZÓN ] EVIDENCIA ] HAWKING ] JUAN PABLO II ] [ SER Y CONOCER ] FILOSOFÍA Y CATEQUESIS ] EMERGENTISMO ] ¿Dios no existe? ] HUME 1 ] Cinco Vías ] Cinco Vías II ]