FE Y RAZÓN

"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"

Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo

(Santo Tomás de Aquino)


¿Qué es una clase de filosofía?

(Prof. Cristina Araújo). 

Abundan expresiones de menosprecio hacia la filosofía. Hay algunos que soportan la clase de Filosofía porque está en el currículo. Muchos se preguntan "para qué sirve".

Es doloroso y muy riesgoso que las consideraciones se hagan bajo el lente de "utilidad". Este es el criterio pragmático que va entrando hasta la médula de nuestro ser. Siempre hay algo más "urgente" o mas "útil" para hacer o para estudiar. Y así estamos quedando sin pensadores. Y lo que es más triste aún: cada vez que se reflexiona menos y se obra más bajo el poder de los estímulos exteriores. Ni siquiera se sabe sostener una discusión, en el sentido auténtico que este término posee.

¡Y pensar que  quienes piensan de ese modo se insertan en una línea filosófica!. Entonces , ¿no sería más conveniente conocerla, a fin de saber cuáles son las consecuencias de esa postura mental y existencial?

En la clase de filosofía la tarea a emprender en el año lectivo es : comprender algo no solo en teoría sino en la actividad diaria de lo que significa la expresión "ser humano".

Entonces no se viene a la clase de filosofía para escuchar al profesor. No se viene a repetir lo que otros han pensado y transmitido por escrito. Una "clase de filosofía" no es exposición de pensadores como si se tratara de una galería de retratos mas o menos antiguos, o un muestrario de macetas.

Una clase de Filosofía es para pensar. Es necesario pensar. Pensar no es memorizar mecánicamente, ni imaginar. Auque hay momentos en que actúa la memoria y la imaginación. Los cuarenta minutos que dura una clase están dedicados a detenernos un momento del ajetreo diario, para pensar. En estos minutos el profesor suscita la reflexión de los alumnos, despierta o encamina la observación reflexiva; es decir : la observación acompañada de reflexión. Detenerse a observar es importante. Detenerse a pensar sobre lo observado es relevante. Es el acto por el cual nos manifestamos como seres humanos . Es el momento en que tomamos distancia con los objetos de nuestro conocimiento: las cosas del mudo circundante otras personas, nosotros mismos, nuestros problemas, etc. La reflexión recae sobre lo distinto a sí mismo (el llamado "mundo exterior") y sobre sí mismo (auto reflexión).

En la clase de filosofía el alumno aprende a conocer su mundo y el mundo exterior, desde una perspectiva diferente, tal vez a la que está acostumbrado.

¡Cuántas veces nos encontramos con alumnos que nunca han pensado sobre la finalidad de sus acciones sobre el sentido de su vida, o de la profesión soñada o elegida; sobre los deberes que tiene como ser humano para consigo mismo, para con los demás, para con Dios!

Hay quienes nunca se han cuestionado los chistes, los programas de TV, los filmes, las costumbres, las modas, las propagandas, las "rabonas", el no estudiar, etc., etc.

La clase de filosofía es un ámbito adecuado para plantearlo; para buscar su fundamento, para buscar razones, y proyectar las consecuencias de los hechos y de las opiniones vertidas por los alumnos o por los pensadores estudiados.

¡Opiniones! Este término muchas veces lo confunden con una afirmación superficial. En la clase de filosofía el alumno aprende el significado y el alcance de sus "opiniones".

Expresar una opinión es aseverar algo con un fundamento, y permanecer abierto al diálogo en busca de la verdad: diálogo con la naturaleza , diálogo consigo mismo , diálogo con el otro.

Por eso no basta con "expresar opiniones", sino que debe mostrar la verdad de tal opinión. Esto exige esfuerzo mental y esfuerzo de voluntad, porque con frecuencia los alumnos usan frases hechas o, slogans, o tienen intuiciones que les es difícil racionalizar.

El esfuerzo mental desarrolla la inteligencia. El esfuerzo de la voluntad le asegura la perseverancia en el trabajo. En ambos casos genera hábitos humanizantes. Y además, toma conocimiento de sus capacidades y limitaciones.

Muchas veces la reflexión en voz alta realizada por el alumno, le permite darse cuenta de la verdad o de la falsedad que encierra tal opinión. Y aprende que "opinar" no es un sinónimo de "payar".

Aprende que para formar juicios propios, hay que estudiar en serio. Esto significa: leer con atención, entender lo leído, distinguir la idea central de las secundarias; encontrar los fundamentos o argumentos presentados por el autor; luego juzgar sobre la coherencia o incoherencia; y por último, juzgar sobre la verdad o falsedad del contenido.

La clase de Filosofía, no es una sesión de adoctrinamiento; es un momento de reflexión donde se aprende a buscar la verdad y a "escuchar al prójimo" me refiero tanto, al compañero de clase, como al profesor y al pensador estudiado.

"Escuchamos" al pensador, cuando lo leemos con detenimiento, le interrogamos, y encontramos respuestas a esas preguntas, a través de sus escritos. Si no nos responde, quedamos con la interrogante que nos abre camino hacia una reflexión personal.

En la clase de filosofía se respeta al prójimo, pero sin hipotecar la libertad propia de discrepar con él. El criterio de autoridad no existe. La verdad se impone por si misma. Sólo se ejercita el derecho a buscar la verdad; y como podemos equivocarnos, se ejercita la caridad con quien yerra. El error es signo de nuestra limitación, pero no existe el derecho a él.

En la clase de filosofía se ejercita el derecho a expresar libremente el pensamiento y se aprende en la práctica lo que este significa: no es decir lo que se nos ocurra movidos por el rencor o el entusiasmo. Es comunicar la verdad encontrada; o la duda; o la ambivalencia de opiniones. Y la ignorancia es límite al ejercicio de este derecho. La verdad es el motor.

A modo de conclusión. La reflexión que antecede ha surgido de mi experiencia cotidiana y docente. En el mundo, los alumnos no se encontrarán con Platón, o con Heráclito, ni con San Agustín, ni con Marx, ni Comte, ni Heidegger, ....

Es posible que conozcan personalmente algún pensador actual. Pero, es seguro que viven en contacto con hombres que poseen actitudes mentales coincidentes con los filósofos que generaron y que generan corrientes filosóficas. Más aún los mismos alumnos ya están insertos en una actitud filosófica, inconscientemente. Es preciso que la concienticen para saber qué rumbo tomar: si merece la pena cultivarla o hay que corregir esa actitud en función de la verdad.

Soy consciente de la auto-inhabilitación de nuestros alumnos para pensar. Curiosamente, hay alumnos que se niegan a pensar. Creen que sólo tienen que acumular información (saber enciclopédico), pero no pensar sobre ella (saber culto). Muchas veces la pereza mental se disfraza de una falsa modestia.

La clase de filosofía es uno de los canales por los cuales los alumnos se promueven en el ejercicio de su derecho a ser culto. También dispone a la ejercitación del derecho humano a pensar sobre sí mismo, para conocerse.

La clase de filosofía es el ámbito donde se ejercita el derecho humano a pensar por sí mismo, buscando la verdad. Es evidente que esta concepción de la clase de Filosofía se presenta en un contexto de formación de la persona integral; en su doble dimensión: inmanente y trascendente.

La trascendencia no es sólo un nivel humano temporal (horizontal), sino también vertical. Somos capaces de dialogar con el Tú Absoluto, realmente existente.

 

Prof. Cristina Araújo Azarola

1986.


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