FE Y RAZÓN

"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"

Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo

(Santo Tomás de Aquino)


COMENTARIO A: "REFUTACIONES A LAS CINCO DEMOSTRACIONES DE SANTO TOMÁS DE AQUINO"

DE DAVID A. PROSKAUER

I – Presentación

Un joven de 20 años, llamado David Alexander Proskauer, que se encuentra estudiando en una universidad de Los Angeles, habiendo conocido algunos de mis artículos, me envió un ensayo de su autoría, en el que, desde su punto de vista científico, ofrecía las "refutaciones" de que habla el título del presente aporte.

Dialogando con el profesor Néstor Martínez, al respecto, habiendo de mi parte ya pergeñado algún esbozo de réplica y después de recibir sus propios puntos de vista, nos pareció que podría ser útil a muchos lectores el conocimiento de este diálogo.

Por eso lo brindamos a continuación, con el deseo de que despierte interés por estos temas, que podrán parecer de pasadas edades, pero que, en el fondo anidan en el corazón de todo hombre, que se detenga un poco a reflexionar.

II - Algunas consideraciones preliminares.

1 – Cuestión de nomenclatura

Desde el punto de vista de la historia de la filosofía, considero que sería aconsejable alguna precisión de vocabulario. Me refiero al título de la revista, donde Ud. publicaría (o ya publicó) su "Refutación".

Ostenta el título de "E S C É P T I C O".

Ahora bien, "escéptico" es el que duda de todo y no admite certeza alguna. Para esa escuela, ninguna verdad puede sostenerse. En consecuencia, deberían cerrar la boca, reduciéndose a "hacerse semejante a un tronco" (según ya les aconsejaba Aristóteles) o a comportarse al modo de una "secta de mudos", en la calificación que les asignó Espinosa. Pues, no bien el escéptico habla, ya está perdido, dado que no puede expresarse sin contradecirse. Pues, si afirma que no hay verdad, es verdad que no hay verdad.

Pero, Ud. sostiene con convicción todos los argumentos, con que pretende rebatir a Sto. Tomás, dando un crédito tal a las ciencias exactas y a la materia o energía, que la convierte prácticamente en "su" diosa.

Por lo tanto, parece ilógico por demás, dar el título de "E SCÉ PTICO" a una publicación, que se edita, porque se supone que se "hablará" y mucho, tal como Ud. lo ha hecho

Cuando se niega algún sector de la realidad, podrá uno calificarse de "materialista", si no admite el orden espiritual ("soy materialista con toda el alma", como dijo alguno); o "ateo", porque no admite más que las explicaciones mensurables, negándose a toda consideración metafísica.

O "agnóstico", pues no se atreve a pronunciarse ni en pro ni en contra de la existencia de un ser supremo.

2 – Relación entre las ciencias

Todo enfoque particularizado de la realidad tiene sus "pro" y sus "contra". Entre los primeros se cuenta la "especialización", que da amplitud y profundidad de conocimientos en el sector que se ha elegido para cultivar.

Pero, anejo a este privilegio, no raras veces se encuentra la cerrazón hacia otros aspectos de la experiencia.

Así, es posible someter a análisis químico los componentes de las pinturas utilizadas por Sandro Boticelli o Vincent van Gogh en sus obras de arte. Pero...si me quedo sólo en eso, seré un gran químico, pero pésimo conocedor del arte.

¿Qué diríamos del físico atómico que definiera a su esposa e hijos como "interesantes agrupaciones de protones, neutrones y electrones"? ¿No falta algo y no de poca monta, en semejante juicio, por más que sea exactísimo al nivel de su ciencia?

Pues, algo semejante es aplicable a los diversos campos del conocimiento. Es alucinante el progreso y los pasos gigantescos que ha logrado el estudio de la naturaleza. Pero....está también la "filosofía primera" o metafísica, sin la cual no se sostiene el menor adelanto obtenido en el vasto mundo de tan intrincadas especializaciones.

El presupuesto de que el mundo a observar coincida con las deducciones que sobre él hace el hombre (y no puede realizar la liebre o el orangután), el principio de no contradicción, el de causalidad y tantos otros, provienen de la ciencia del "SER", más allá del cual no se puede pasar.

El "SER" es aquel reducto último y omnipresente, en el que comulga todo cuanto existe, por diferente que sea cada individuo o persona. Desde la pulga a las galaxias, todo "es" y se opone a la nada.

El "ser" es absorbido por los entes, cuyas existencias se dan según las diversas esencias o formas, en que se distribuye (materia inorgánica, vivientes, plantas, brutos, hombres...). Tal profusa diversidad coincide, sin embargo, en que todos sus componentes "son".

Sucede con el ser como con la luz: es de ella que los objetos toman prestado su colorido y diferenciación y no directamente del sol; es de la luz que se llena nuestra vista y no de la sustancia misma del astro del día, pero, con todo, la luz no es un intermediario (un objeto más) entre el sol y todos los que se benefician de su claridad. Ella no es en sí misma o por sí una sustancia luminosa, que se situaría entre ellos, como un puente, puesto para unir dos zonas distintas. La luz que emana del sol es pura mediación, es un flujo absolutamente transparente totalmente acaparado por los objetos iluminados, si bien éstos no lo agotan y lo reciben como una riqueza desbordante, que se les impone gratuitamente por irradiación, enriquecimiento inagotable que les habita.

De modo análogo el ser, no es un mediador, sino una pura mediación y es en los existentes y en el hombre que él está presente como una plenitud que les trasciende, o sea: que ninguno (átomo, piedra, planta, hombre) puede acaparar ni absorber completamente en sus límites.

Es en este sentido que el pensamiento total de Sto. Tomás (que hay que tener en cuenta para penetrar en las densas fórmulas de sus "cinco vías") nos invita a discernir en el abismo del ser, un misterio de riqueza y pobreza a la vez.

De riqueza, porque el ser es efectivamente, como acto primero de lo real (sin él toda determinación ulterior carecería de asidero), la plenitud más intensa escondida en el corazón del mundo, que dota a cada existente, también al más humilde, de un valor infinito. Pero también misterio de pobreza y humildad, porque el ser en el sentido propio del término "no es": Todo subsiste por él, pero él mismo no subsiste como tal. Todo es por él, pero él mismo no es en sí. O sea: sin el acto último de ser ningún existente concreto podría darse. Pero "el ser" no se da independientemente de esos mismos entes individuales, con cuyas esencias limitadas compone dicho "ser", mancomunándolas en su oposición a la nada. La indigencia de su no subsistencia, da a la riqueza del ser, la gracia de su humildad.

La actualidad del ser es como la pureza de la luz. Ella, en efecto, es perfectamente humilde: no se ilumina a sí misma, no se pone a sí misma en evidencia. No goza de sí. Sólo "sirve", para que los objetos sean vistos iluminados y coloridos, al igual que el ser, al extraer las cosas del mero mundo posible, para amalgamarse en la realidad con ellas, uniéndose a las determinaciones de todos los seres, concretizados por su esencia – naturaleza (género) e individualizados por sus características intransferibles (Roberto, Alejandro, Cecilia y Ana son sujetos humanos, pero ni Roberto es Alejandro, ni Cecilia ni Ana y viceversa).

En fin, me da la sensación de que, dados los horizontes en que Ud. se mueve, no caen bajo su consideración estos y otros aspectos, que hay que tener en cuenta para encarar una obra como la de Sto. Tomás, que nunca pretendió demostrar la existencia de Dios, basado en argumentos meramente físicos, despojados de su alcance metafísico.

La ciencia exacta no es capaz ni de probar ni de negar la existencia de Dios, porque EL, no es un engranaje más en lo existente y no se lo puede asimilar a las causas que actúan al alcance de telescopios o microscopios.

Sería como querer hacer gustar una sinfonía de Mozart a un sordo de nacimiento, diciéndole que es algo así como un exquisito helado de crema chantilly. El pobre, sólo con eso, ni habría podido comenzar a captar las delicias del genio de Salzburg.

3 – Viniendo a sus "refutaciones"

Primera vía

Asevera Ud. que es falso el principio: "todo lo que se mueve es movido por otro", porque "algunas cosas se mueven al ser afectadas por una fuerza, y esa fuerza puede ser gravitatoria... etc.), que son las cuatro fuerzas elementales conocidas".

Ante todo, Sto, Tomás no alcanzó a conocer a Newton, Planck. Einstein ni Heisemberg, pero gozaba de un inmenso poder de observación. De modo que junto al principio por él esgrimido en esta primera vía, no deja de comprobar igualmente: "Si algo se mueve a sí mismo, es necesario que posea en sí mismo el principio de su movimiento" (Summa contra gentes ,I, c. 11). Tomás definía a los seres "vivientes", como aquellos que gozan de movimiento espontáneo. Por lo tanto el aforismo: "todo lo que se mueve es movido por otro", no ha de ser entendido en el sentido de que ha de intervenir necesariamente un individuo distinto, para explicar todo cambio.

El axioma significa que lo "potencial" (que no ha pasado al "acto") no puede ser entendido por sí mismo, sino desde el "acto", al que tiende. Dado que "movimiento" es un "actualizar" (paso de la indigencia a la riqueza que no tenía, pero "puedo" poseer; de la ignorancia a la ciencia, porque tengo capacidad intelectual – cosa que no sucede con las abejas, que poseen "potencia" para admirables trabajos, pero no para tocar violín o aprender francés -), ha de ser conducido a efecto por quien posea esa capacidad, o por parte del ser viviente, que pone en operación a los otros miembros o elementos "pasivos" de su ser compuesto. Por tanto, en cuanto motor actualizante ( un viviente), que consta de pasividad y capacidad de realización, sólo podrá ser considerado como fundamento "relativo" de actualización, jamás se lo podrá tomar como una fundamentación última. Porque algo puede ser un "puro" principio de actualización, sólo cuando posee su actualidad sin mezcla de potencia pasiva.

¿Contradirá la admisión del "movimiento espontáneo" al principio general usado por Tomás en la 1ª vía?

No, porque analizando ese tipo de movimiento, se llega a establecer que tal proceso ha de darse necesariamente en un ser compuesto, en el cual algunos de sus elementos están en acto, siendo capacxes de hacer pasar las otras partes de la potencia al acto. Lo que Tomás deja en claro es que, donde no hay "capacidad de actuación", no es posible movimiento alguno, ya se trate de un ser"movido por otro, distinto", ya de un mismo sujeto, que "se mueve a sí mismo", pero siempre a causa de alguno de sus componentes en acto, que actualiza los sectores potenciales.

Así, la actividad de las células nerviosas pone en movimiento los músculos, que se contraen para correr. De modo semejante, la luz intelectual en acto, suscita la idea en la inteligencia. Por lo cual, el principio metafísico sigue inconmovible: todo sujeto de cambio es movido por otro. "El moverse de lo divisible (= seres compuestos de potencia y acto), al igual que su propio ser. depende de sus partes; y por esto no puede moverse primordialmente y por sí mismo" (Summa contra gentes , I, 13). Quiere decir que está "sometido" a las capacidades (actos) de su naturaleza y que su "amalgama" de potencia y acto no pudo dársela a sí mismo, ya que si así fuera, carecería de imperfecciones. Un hombre que se lance de un 10º piso, no volará, por más que se crea "Superman". Sus capacidades y limitaciones fueron combinadas por otro.

Lo mismo se aplica a las "fuerzas gavitatorias", etc., que lejos de contradecir al principio, son una aplicación del mismo. De hecho se define la gravitación como : "propiedad de todos los cuerpos de ejercer unos sobre otros fuerzas atractivas proporcionales a su masa gravitatoria". Por consiguiente, hay uno "atraído" y otro "que atrae", "uno movido por otro".

Después, en cuanto a su aceptación de la exclusión tomista de un "procedimiento hasta el infinito" y la relativa explicación, aducida por Ud. , me temo que no dé con el plano "metafísico", en el que se mueve Sto. Tomás, quien no se detiene en considerar "cantidades en movimiento", sino que se sitúa en un orden casi de sentido común: multiplicando seres incompletos, que no llegan a dar razón cabal de ellos mismos y su actuar, necesitando apoyarse unos en otros o en sus componentes, para explicar la posibilidad de sus movimientos, no alcanza para ninguna explicación exhaustiva y satisfactoria.

Así: millones de tontos no harán un genio. Multiplicando indefinidamente cañerías, no tendré más ni mejor agua en mi grifo, más bien, ni una gota, si no las conecto con el tanque (la lluvia) o el río.

Los seres actuantes pero limitados, explican "algo" del movimiento, no todo su "ser". Por eso es necesario arribar a un SER, que no dependa de nadie ni posea su entidad a medias, siendo todo él sin sombra de potencialidad.

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N. Martínez, un colega consultado, responde, por su parte, a su deducción de que "el primer motor son las fuerzas".

Imposible. La fuerza es la fuerza de algo que ejerce una fuerza, por ejemplo, un planeta que «atrae» a otro, o un perro que tira de un trineo. El «motor», el que mueve, es el ente que ejerce la fuerza, no la fuerza misma, del mismo modo que el «hablante» no son las palabras que emite, sino que es el emisor de las palabras. En realidad las «fuerzas» no existen en sí mismas, existen en los entes que actúan con tal o cual fuerza sobre otro ente, del mismo modo que los «colores» no existen en sí mismos, sino en los entes coloreados. Pero entonces, el Primer Motor ha de ser un ente, no una «fuerza»".

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Segunda vía

Indulgentemente, le concede Ud. el privilegio de ser "la única correcta según las leyes de la lógica". Depende de qué tipo de lógica se trate. Si sólo se tiene en cuenta la que se desarrolla en el mundo cerrado, ninguna de las cinco vías aparecerá como lógica, porque todas ellas piden necesariamente salirnos de un cosmos encorvado sobre sí mismo.

Apunta, con todo, que tampoco carece de un "fallo", que mencionará al final. Entonces, reservo también mi apreciación para ese momento.

Tercera vía

Asegura Ud. que la energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma (principio aprendido desde la escuela).

Esto es un postulado de tipo más filosófico que científico, ya que Ud. sabe muy bien que no todos los estudiosos del universo están de acuerdo en admitir una "eternidad" del mundo y sus más elementales ingredientes.

Narra el físico von Weizsäcker, por ejemplo, que cuando en una charla que estaba dando en la Universidad de Berlín en 1938, mencionó el tema de la expansión del universo, que permitiría calcular su edad, encontró "la apasionada oposición del famoso físico- químico Walter Nernst, que pertenecía a una generación más anciana y que detentaba entonces la cátedra de física en la universidad de Berlín. Dijo que la idea de una edad del universo no era científica. Al principio no le entendí. Explicó que la duración infinita del tiempo era un elemento básico de todo el pensamiento científico, y que negarlo significaría traicionar los mismos fundamentos de la ciencia (C. F. Von Weizsäcker, Die Tragweite der Wissenschaft , Stuttgart, 1990 – 6ª ed. p. 166). Más que los argumentos, (sigue explicando) le sorprendió la furia con que se manifestaban. "Pienso – continúa – que no estaba equivocado al suponer que Nernst, como era habitual en los científicos de su generación, no era creyente, y me pareció natural la conclusión, y todavía me lo sigue pareciendo, de que en sus convicciones el universo de eterna duración había sustituido a la vez al Dios eterno y al alma inmortal...Pienso que un rasgo profundamente irracional del cientismo se revelaba en esta visión: el mundo había asumido el trono de Dios y era una blasfemia negarle los atributos de Dios" (ibid. , pp. 168- 169).

La actual ciencia del cosmos de hecho ha dado lugar al surgimiento de prácticamente todas las filosofías posibles sobre el universo, conocidas ya desde antaño en la historia del pensamiento; el racionalismo, como intento de leer en el mundo una necesidad a priori en la línea de la matemática; el materialismo pesimista, para el que el universo se resuelve en procesos físicos necesarios o casuales, que tanto producen al hombre como pueden reabsorberlo; el materialismo "optimista", preocupado sobre todo por la supervivencia del hombre y de la vida entre elementos puramente físicos; el idealismo, para el que la descripción cosmológica se reconduce al estudioso o a la comunidad científica de observadores; el pansiquismo, una orientación que introduce en el cosmos la evolución o que surge desde sí misma y que hoy pretende relacionarse con los estudios de la inteligencia artificial; el realismo teológico propio de la visión cristiana, en fin, para el que el universo es un orden racional pero contingente, creado y guiado por Dios a favor del hombre.

En todas estas posturas, el factor englobante no resulta de la pura comprobación científica. Es de tipo filosófico. En tal caso, la discusión se traslada a otros planos previos, sobre todo el metafísico, que no por escapar a los encasillamientos físico – matemáticos, es menos real. Así como es patente el genio de Velásquez, tan distinto al de Murillo, por más que no pueda captarlo por el mero análisis de los pigmentos usados por uno y otro artista en sus cuadros.

En el estudio físico no podemos esperar encontrarnos sino con objetos físicos. No es posible buscar a Dios con un viaje en el espacio, como quiso ridiculizar el "primer "astronauta, Gagarin, pero, de hecho, el "último" en cuanto a la observación cabal de la existencia. El unilateralismo del método no puede transformarse en exclusivismo ontológico. Y para comprender este límite sirve también la filosofía.

Visto lo anterior, me quedaría esperando la prueba de lo que Ud. afirma, sin aducir razón alguna: "Aunque esos átomos también fueron creados en el interior de una estrella y quizás algún día se destruyan en un agujero negro, la energía que compone esos átomos ha existido siempre y siempre existirá." ("Refutaciones", p. 2).

Por otro lado: si la energía "se transforma", quiere decir que pasa sucesivamente de un estado a otro, delatando así que no es "acto puro", sino indigente, ya que a lo largo del tiempo va adoptando diferentes estados de los que antes carecía. Semejante ser no puede ser autosuficiente, ya que sus componentes surgen a un momento dado y se desvanecen después. Eso no es Dios, a no ser que adoptemos el panteísmo, absurdo igualmente, ya que se dan caracteres insoslayables de individualidad y persona en los seres. No nos encontramos ante un solo y monstruoso "ser", que se vale de sus tentáculos (hombres, animales, plantas o piedras), para irse expresando.

Acusa Ud. de "lógica equivocada" al siguiente raciocinio tomista: "Lo que tiene posibilidad de no existir alguna vez no existe. De ahí que si todas las cosas tuviesen esa posibilidad, alguna vez no habría existido nada".

Objeta Ud. que "aún en el caso de que todas las cosas pudiesen dejar de existir, eso no significa que todas puedan dejar de existir AL MISMO TIEMPO. Podría darse el caso de que la destrucción de unas cosas diera lugar a la creación de otras, como vemos que ocurre continuamente en la Naturaleza".

El argumento de Sto. Tomás prescinde del tiempo (por más que escriba: "alguna vez no existe"). Efectivamente, él sostenía igualmente que, con argumentos de mera razón, era imposible probar que el universo comenzó en un momento dado. Sólo por fe, admiten los creyentes un inicio del tiempo.

Por lo tanto, aún en la hipótesis de un mundo existente desde toda la eternidad, podría afirmarse que "alguna vez no existe", pues, si es creado, lo es desde siempre y lleva consigo la posibilidad de no existir.

Lo creado puede existir sin comienzo temporal, porque en todo momento puede ser producido por el Ser necesario; pero, aunque se dé desde siempre, su existencia es posterior a su no existencia; esta posterioridad no es, con todo, necesariamente temporal, sino esencial. Una posterioridad de "naturaleza" y no de tiempo. Así como es factible admitir que la irrigación de las extremidades es posterior al trabajo del corazón, por más que se den casi simultáneamente. Hay una dependencia "esencial", no necesariamente temporal entre ese efecto y su causa. Al igual que puedo decir que la sombra es posterior a la iluminación de un cuerpo, por más que ambos fenómenos sucedan al mismo tiempo..

En este sentido es posible afirmar de todo ser causado, que comienza a ser, por más que su duración acompañe la misma eternidad de Dios. Siempre será "eternamente" dependiente de su autor supremo. Por más que el cosmos causado exista sin comienzo cronológico, es esencialmente posterior a la fuente de su existencia.

También se deberá considerar que una causa, a su vez causada o que no tiene en sí razón total de su energía, sólo transforma lo que ya existe, procura un nuevo aspecto a elementos dados de antemano. Ahora bien, no todos los materiales se prestan para la obra que la causa limitada pretende realizar. Es imposible esculpir una estatua con elementos líquidos, freír un huevo sobre una barra de hielo. Muchas limitaciones se manifiestan en la actividad de las causas que conocemos normalmente. No configuran pues, una fuente total de ser. La producción íntegral (no sólo de cambios más o menos profundos: color, peso, nacimiento, muerte) no se sitúa, por ende, en la prolongación de la transformación. Tal puesta total del ser ha de colocarse en un nivel trascendente y no puede pertenecer, más que a un ser, que se encuentra más allá de los límites de las realidades finitas.

Todas estas precisiones no aparecen en el resumen esquemático tomista del argumento basado sobre la causalidad eficiente y expuesto al comienzo de la Summa Theologiae. Esta concisión no tiene sentido, si no se la interpreta a la luz de otros desarrollos del santo, que son anteriores o contemporáneos de la Summa y tratan del mismo asunto. Sin un análisis metafísico de la noción de causalidad creadora y de la idea del ser como perfección de toda perfección, el argumento de la Summa podrá parecer totalmente deficiente

La "causa primera" de Sto. Tomás no es, pues, la primera en una serie (de paso, también esto tendría que tener en cuenta Ud. respecto a su PEC: Primer Eslabón de la Cadena, que me parece defectuoso, como trataré de explicar más adelante – "Refutaciones", p. 5 -). Es "primera" en un sentido más profundo, está en la base de toda otra causalidad. Que la serie de causas limitadas se extienda indefinidamente en el pasado, no toca en nada el nudo de la argumentación: importa saber solamente si las causas finitas son por ellas mismas capaces de existir y actuar. A los ojos de Tomás es indiferente que la serie de causas se prosiga indefinidamente en el pasado o haya tenido un comienzo; sea lo que sea, el ser limitado remite a un Ser Subsistente (que no necesita apoyarse en ningún otro), fundamento de todos los demás entes.

La raíz divina no es, por consiguiente, la primera en una serie de seres que se suceden; es, más bien, la base trascendente de la sucesión completa, sin entrar en composición con la misma..

Apunta Ud. que "podría darse el caso de que la destrucción de unas cosas diera lugar a la creación de otras, como vemos que ocurre continuamente en la Naturaleza" ("Refutaciones", p . 2 ).

Semejante observación, justamente, es la que estimula a sondear mayormente en la constitución más íntima de todos los entes que tenemos al alcance de nuestra observación. No sólo tienen "potencias", para cambios accidentales: la semilla, que se vuelve flor, ésta que madura en fruto. Sino que son una composición constitutiva de potencia para ser y acto de ser. Se trata de una potencialidad existencial, totalizante, no referida sólo a algún aspecto o cambio. En los seres limitados se encuentra siempre la dualidad de "esencia" (que coarta a tal tipo de existencia: la rana no es la manzana, etc.) y "ser", por medio del cual todo ente concreto se emparenta con el universo entero. Es la potencialidad más radical que se pueda concebir: el ser finito lleva en el corazón de sí mismo una especie de herida incurable, de la que nunca se repondrá; jamás dejará de guardar en sí mismo la dimensión de la nada, de la cual ha sido extraído y de la que se desprende en cada instante; vivirá siempre al borde de un abismo, el del no ser. De allí resulta que la serie de causas limitadas no puede constituir la totalidad de lo real. Es necesario que se apoye sobre un sostén absoluto, el Ser subsistente. Se reitera, entonces, que el fundamento divino no es el primero en una cadena de eslabones, que se suceden, sino la base trascendente de la serie entera.

Al hacer recuento de las "cosas necesarias", las sitúa Ud. en el "espacio y el tiempo", porque "no puedo imaginar una situación en la que el mismo espacio no exista. Puedo imaginar un vacío, un espacio sin nada, ningún átomo, ninguna energía, pero no puedo imaginar, ni creo que nadie pueda, un universo sin longitud, anchura ni altura. Lo mismo me pasa con el tiempo".

Sin embargo ha habido y hay grandes pensadores, que consideran al espacio y al tiempo únicamente como "entes de razón", concebidos con "fundamento en la realidad", pero que no existen, si no es por las operaciones que la mente realiza a raíz de la localización y el movimiento.

Se puede advertir que la noción de espacio se utiliza primariamente para designar relaciones de distancia entre entes extensos. En este sentido, se habla del espacio recorrido por un móvil, del espacio que separa dos cuerpos, etc.

Esas relaciones de distancia se dan en la realidad. Los cuerpos tienen extensión, y por tanto se dan distancias reales entre sus partes y entre unos cuerpos y otros: los diversos cuerpos y sus partes se encuentran localizados dimensionalmente y podemos considerar las dimensiones haciendo abstracción de los cuerpos concretos. De este modo, obtenemos relaciones puramente dimensionales, como las que se refieren a longitudes superficiales y volúmenes: la distancia en línea recta entre dos puntos, el volumen de un cuerpo, etc.

Se puede afirmar, por tanto, que el espacio es real, si se entiende por él la misma extensión corpórea, en cuanto a sus relaciones de distancia entre diversos lugares. Pero, en cuanto concepción general, que abstrae de la materia concreta, el espacio es un ser de razón que, como tal, sólo existe en la mente y se refiere a relaciones que pueden ser representadas por la imaginación.

Por una parte, un tal espacio absoluto no es percibido por los sentidos. Por otra, tampoco responde a exigencias racionales: en la física experimental basta referir los movimientos a determinados sistemas de referencia y la posición de un cuerpo siempre es relativa a otros cuerpos; tampoco cabe argumentar que todo cuerpo necesita un "receptáculo", pues ese "espacio – receptáculo", al ser extenso, necesitaría a su vez de otro, y así indefinidamente. Por último, ese espacio absoluto no es concebible ni como una sustancia material (por ser el continente de todas ellas) ni como un accidente (pues se concibe como independiente de todo cuerpo), no puede tener, pues, una realidad positiva y menos aún si se afirma que es espiritual o que se identifica con algún atributo divino, pues en los dos casos se llega a contradicciones: algo espiritual no puede ser continente de cuerpos materiales y Dios es espíritu puro y no está sometido a ninguna extensión. Pues, si así fuera, estaría compuesto de "partes" divisibles. Podría perder unas o sumar otras, con lo cual, se introduciría la imperfección de lo "potencial" ("no las tiene todas consigo", una parte no está donde se sitúa la otra, puede menguar o crecer). Situaciones todas incompatibles con el ser perfectísimo y sin sombra de menesterosidad, que es el único que puede dar cuenta del conjunto universal de los entes limitados.

Algo análogo puede indicarse sobre el tiempo. La duración propia de los entes materiales se califica como "temporal". En consecuencia la duración temporal es algo real. El tiempo siempre implica la medida de un movimiento y una comparación con las medidas escogidas como patrón. Así, cuando algo está en reposo – al menos aparentemente- su duración se mide por referencia a las unidades de tiempo, que siempre se toman a partir de un determinado tipo de movimiento. Por consiguiente, el tiempo es la medida del movimiento según un antes y un después.

Como lo hicimos con el espacio, podemos hablar de un "tiempo real"; aunque no se trata de un ser consistente, sustancial ni accidental concreto. Es medida real de una duración real.

A partir del tiempo real, podemos abstraer de las condiciones materiales concretas: es posible considerar el tiempo de modo abstracto, prescindiendo de los entes y de su movimiento, llegando así a una noción de tiempo abstracto, que se refiere a la duración en general y que es producto de una operación mental. En este contexto, puede decirse que sólo existe realmente el tiempo presente. En efecto, el pasado ya no está y el futuro todavía no se da. El pensamiento humano puede considerar el pasado y el futuro, pero fuera del pensamiento sólo existe el presente. Evidentemente los sucesos pasados tienen repercusión en el presente y los presentes la tienen en los futuros; pero lo que existe independientemente de la consideración mental es el presente, con determinadas relaciones respecto a los eventos pasados y futuros. En consecuencia, este tiempo total no es más que otro "ser de razón con fundamento en la realidad".

Para ilustres filósofos, entonces, el espacio y el tiempo, lejos de ser "cosas necesarias", son muy dependientes de la extensión corpórea (espacio) y del movimiento numerado. Su prolongación más allá de lo que miden, es sólo una abstracción de la mente.

 He aquí los aportes de N. Martínez al respecto:

"La energía ni se crea ni se destruye, luego, no es verdad que haya entes contingentes, que comienzan a ser y dejan de ser" (Proskauer).

La «energía», como ya se ha dicho, no existe en sí misma, existen los entes que actúan con tal o cual tipo y grado de «energía».

Cuando se da un golpe sobre una mesa con cierta «energía», es absurdo decir que lo que existe es la «energía» y que el puñetazo sobre la mesa es lo accidentalmente adosado a ella. Lo que existe es el puño dando un puñetazo, y la «energía» es una de sus características, nada más. Es absurdo decir que aunque no hubiese seres ni átomos, aún existiría eternamente la «energía». La conservación de la energía sólo puede ser la conservación de la energía con que se mueven y actúan determinados seres. Si no hay seres, no hay movimiento ni acción, ni, por tanto, energía alguna que conservar. Del hecho de que sumando las energías con que interactúan los entes que forman un sistema cerrado siempre voy a llegar al mismo valor (principio de conservación de la energía), no se sigue para nada que ese valor permanecería inmutable cuando ya no existiesen esos entes y esas interacciones entre entes.

"No necesariamente todas las cosas deberían haber dejado de existir al mismo tiempo" (Proskauer).

Si todas las cosas del universo pueden no ser, o bien el Universo ha comenzado a existir, o no. En el primer caso, alguna vez nada ha existido.

En el segundo caso, tenemos "hacia atrás" un tiempo infinito. Pero en un tiempo infinito, todas las posibilidades se han dado ya, infinitas veces. Luego, alguna vez nada ha existido simultáneamente, pues eso es una de las posibilidades. Luego, si todas las cosas pueden no ser, alguna vez nada hubo.

Pero entonces es claro que ahora no habría nada, porque de la nada nada sale. Luego, existe algo que no puede no ser, o sea, el Ser Necesario.

"No puedo imaginar un universo sin longitud, anchura ni altura. Luego, el espacio y el tiempo son necesarios" (Proskauer).

Aunque no pueda haber un Universo material que no tenga tiempo ni espacio, cabe la posibilidad de que no haya universo material, y entonces, no habría tampoco tiempo ni espacio.

La palabra "Universo", como señala C. S. Lewis, es engañosa. En principio, debería significar "todo lo que existe", y entonces, para los teístas, incluiría a Dios. Pero en rigor, entonces, no tendría sentido decir que Dios es el Creador del Universo. Se ha de decir, entonces, "universo material", y con ello significar, no la totalidad de las cosas, sino la totalidad de las cosas materiales. Para el materialista, esta última distinción no existe, pero entonces, lo que hay que discutir es el materialismo.

Antes de demostrar la existencia de Dios, la razón por la que no podemos pensar que nada exista es que ahora, de hecho, existe algo, los entes contingentes dados en nuestra experiencia. Después de demostrada la existencia de Dios, vemos que es imposible que nada exista, porque hay un Ser necesario. Antes de demostrar la existencia de Dios, podemos pensar como alternativa posible la inexistencia del Universo en sentido estricto. Y por tanto, del tiempo y el espacio, que son en todo caso propiedades de los entes  que forman el Universo.

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Cuarta vía

Tratando esta específica argumentación de Sto. Tomás, adjunta Ud. (con bastante desparpajo) añadidos, que no condicen con el punto de partida que se propone el Aquinate. Por lo cual, me permito insistir nuevamente: tratar con desenvoltura y sólo desde "un" punto de vista (el de la ciencia física) una filosofía mucho más compleja, no deja de ser un atrevimiento.

Ud. , en efecto (con sus agregados), desconoce la naturaleza profunda de la consideración inicial, de donde arranca esta concreta argumentación tomista.

En efecto, Sto. Tomás va ahora a buscar un signo de contingencia en las últimas profundidades del ser limitado, a las cuales no alcanza la consideración del movimiento. El Aquinate se sitúa aquí en el orden estático, ante seres que no nos es necesario haber visto llegar a la existencia ni observar en su muerte o desaparición. Para descubrir su contingencia, se recurre a algo menos revelador, a primera vista, pero más hondo y universal que el movimiento, la generación o la corrupción; a saber, a la multiplicidad de los seres, a su composición, a su imperfección más o menos grande.

Por lo mismo, no parte el santo de "cualquier más o menos", sino de las perfecciones calificadas como "simples" o "puras", que indican algo absolutamente perfecto, por su misma esencia y noción, sin posibilidad de defecto. Estas perfecciones son opuestas a las "mixtas", que contienen necesariamente deficiencias en su propio ser y concepto. Y, justamente, la "mole corpórea", cae bajo esta última calificación. Por lo cual, comprenderá, que no respeta Ud. el planteo tomista, al sumar sus comentarios propios:

"Encontramos...cosas más o menos buenas... (También más o menos grandes)".

Lo mismo dígase de sus jocosas elucubraciones posteriores: "Y como lo que es máximo en un género es causa de todo lo que se contiene bajo ese género (Falso: La estrella más grande del universo no es causa de que existan las demás, lo mismo que el elefante más grande de África NO ES el padre de todos los elefantes)".

Observemos que la "cantidad", por su propia esencia implica imperfección, está compuesta de partes, la vastedad espacial exige un tránsito de potencia al acto, para pasar de un punto a otro, sus partes están yuxtapuestas, es divisible infinitamente.

Por eso, la "extensión" o composición de partes materiales no cabe en los entes espirituales. (Y aquí - de paso - , se ve cómo se ha de presuponer todo el proceso filosófico previo de Sto. Tomás, no tenido en cuenta por Ud. Ya que, en consideraciones anteriores ha tratado de la existencia del espíritu).

De ahí que se excluya también del argumento todo aquello que no es susceptible de "grados", como los géneros y las especies. "Substantia non accipit magis vel minus" (=la sustancia no es capaz de más o menos), se dice en filosofía clásica. Así: nadie es "más hombre" que otro. Desde el feto al anciano decrépito, todos los individuos de la especie humana son "hombres", ni más ni menos. Podrán tener mayor o menor inteligencia, más o menos fuerza, velocidad, etc. , pero en el orden "substancial" es imposible la gradación.

Volviendo a las perfecciones "simples", las encontramos en los atributos del ser en general, llamados técnicamente "trascendentales", porque no se reducen a una categoría de entes (sustancia o accidentes), sino que se encuentran en todos ellos. Así el árbol (sustancia) "es" y tiene "bondad", "verdad", "belleza", tanto como su color (accidente) verde o marrón "es" y posee "bondad", "verdad" y "belleza". Estos caracteres completamente generales (aplicables a "todo" ser, espiritual o material) constituyen el despegue de la cuarta vía.

También se dan perfecciones no trascendentales (que no se dan en todo ser), pero que no implican en sí mismas limitación alguna y pueden ser comprendidas en un modo infinito. Así, la inteligencia (no su modo "raciocinante", que es imperfecto, ya que ha de pasar de la potencia al acto), la voluntad, la justicia, la misericordia, la "nobleza", expresamente enumerada por Sto. Tomás en esta vía. Estas cualidades pertenecen sólo a seres "personales", pero su concepto no exige que sean medidas o participadas. De por sí no tienen límites.

De ahí que, cuando una perfección, cuyo concepto no implica desmedro alguno, se encuentra, además, en grados diversos en diferentes seres, ninguno de los que la posee menguada, basta para dar razón de la misma, sino que ella ha de tener su fuente en un ser superior que "es" esa misma perfección, sin límite de ninguna clase.

Explica Sto. Tomás: "Es necesario que, si algo que es uno, se encuentra comunitariamente en muchos, sea causado en ellos por una causa única; pues no es posible que lo que es poseído en común, le convenga a cada uno por sí mismo, dado que uno y otro (y todos) se distinguen entre sí, según lo que cada uno es; y la diversidad de causas produce diversidad de efectos"

(De Potentia, quaestio 3ª, art. 5).

O sea: Roberto y Cecilia no pueden poseer la belleza por sí mismos, no pueden tener en lo que los constituye en su ser propio la razón de su belleza, porque lo que los establece en su entidad concreta es diferente en uno y otra, mientras que la belleza les es común; lo diverso no puede ser la razón de lo uno. Decir que Roberto y Cecilia son bellos por sí mismos, equivale a afirmar que lo diverso por sí es uno con unidad de semejanza.

El punto de despegue de este razonamiento, es, pues, la realización jerarquizada de valores metafísicos (no bastan graduaciones cuantitativas, como sus "elefantes") en las cosas sensibles. Esto da al argumento su estructura absolutamente rigurosa. Una tierra es buena, un fruto es bueno, un caballo es bueno, un ingeniero, un santo son buenos, con una bondad analógica, diversa en cada uno de estos seres, como son diversos y escalonados el bien, que vale por sí mismo y el bien útil o agradable.

Por eso, Sto. Tomás explicita en esta cuarta vía: "et sic de aliis hujusmodi"

(= y así pasa con otras - perfecciones- de esta misma clase - no de cualquier otra - ). Por lo tanto, comprenderá que su "máximo elefante africano" está de más en esta consideración.

Justamente por esta característica, tan "meta – física" (más allá de lo meramente físico o cualquier "elefante", que se quiera entrometer), de esta vía, es éste el único lugar de sus "demostraciones", en el que Sto. Tomás no menciona la exclusión de la serie infinita de causas limitadas, para ver si en ella se podría contener la razón suficiente de los hechos a explicar. Porque, de entrada se ha considerado a todas las cosas como "grados de perfección" y se ha comprendido que su "participación" en el ser las vuelve tan poco capaces de explicarse a sí mismas como de dar razón de las demás: por su realidad íntegra (ser – unidad – verdad – bondad – belleza...), todas las cosas se refieren a la causa de su ser participado, el SER supremo y perfecto. De hecho, aquí se encuentra la razón fundamental por la cual la serie (por más que infinita) de las causas segundas (limitadas), sobre las cuales se reflexionaba en las tres primeras vías, no era capaz de suministrar la explicación suficiente de realidad alguna: el todo relativo debe necesariamente apoyarse en el Absoluto, lo finito no puede explicarse, si no es por el Infinito, que es su causa de ser adecuada (no sólo parcial, de alguno de sus aspectos).

De ahí nuestra experiencia, a la vez tonificante y frustrante, ante los valores, que nos salen al encuentro. Las perfecciones, que encontramos, son limitadas. La belleza, por ejemplo, que, en sí misma, no implica fealdad alguna, se encuentra, con todo, angostada a tal orden o grado: se da la belleza de un varón o mujer, en un edificio, una melodía, discurso o acción moral. En cada uno de estos géneros nos encontramos con producciones más o menos finitas. La perfección se realiza en los seres, pero no se agota en ellos; la belleza es un ideal que no colma, en el artista, nada de lo que él puede ver o producir. Así, se relata de Johannes Brahms, que sus amigos le arrebataban las partituras, que componía, porque él tendía a destruirlas, encontrándolas siempre a distancia enorme de las armonías que su mente genial percibía.

De ahí, si no se reflexiona con realismo, la propensión a idolatrar personas o cosas, que en un cierto orden son sobresalientes. Artistas simpáticos, pero que en su vida privada son un desastre, Maradona, "eminente" (otrora) en el uso de sus pantorrillas ante el balón, pero que, sólo por eso, se figura estar capacitado a opinar sobre todo y todos en absoluto. Cantantes que se creen por encima de su miseria (John Lennon: "Somos - los Beatles – más famosos que Cristo").

Estas perfecciones acotadas, que atraen y desilusionan a la vez, dirigen nuestra reflexión hacia una realidad más alta; no tienen existencia de por sí, son participadas.

La perfección "pura", en cuyo concepto no hay sombra de defecto, se vuelve coartada en los "efectos creados" por la capacidad limitada de las esencias que la reciben: una catedral está dotada sólo de la belleza arquitectónica, no la de una sinfonía. El gótico no es el barroco, los "clásicos" difieren de los "románticos". El don del ser y de las perfecciones que de él fluyen se limita, en toda esencia a aquello que le conviene. Hay simple participación (se re- parte; no se posee el todo) de las criaturas en la perfección divina. Sólo el Acto Puro (sin asomo de potencialidad pasiva) no es un ser recibido, medido, participado por alguna esencia determinada. Su esencia se identifica con su SER y este no es "recortado" por ningún tipo de restricciones.

 Más concisamente, pero en total coincidencia con lo expuesto, N. Martínez comenta:

En la crítica a la Cuarta Vía, ignora, obviamente. la distinción entre perfecciones puras y perfecciones mixtas. No se trata, además, de que no haya un ser superior al Supremo, sino de que no puede haberlo, que es exactamente lo contrario de lo que ocurriría con la «estrella más grande».

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Quinta vía

Para ubicar a sus lectores en el punto de partida de este quinto "camino" hacia Dios, intercala Ud. el siguiente paréntesis: "Santo Tomás se refiere al hecho de que los cuerpos celestes se mueven por el firmamento con el fin de hacer el día y la noche. Tengamos presente que en aquella época, el siglo XIII, casi todo el mundo creía que la Tierra era plana y el Sol y la luna, las estrellas y planetas, daban vueltas alrededor de la Tierra. Al no entender el mecanismo que hacía funcionar el sistema solar, Santo Tomás deducía que los astros se movían como lo hacían por mandato divino".

Francamente, no veo cómo del texto tomista pueda deducirse que el santo se refiera sólo y exclusivamente al movimiento de los astros. El parte de la observación del obrar finalista de "algunas cosas que carecen de conocimiento". No hay razón alguna para restringir esa experiencia al movimiento de los astros. La puedo captar en una colmena de abejas, en el ordenamiento maravilloso del aparato óptico para obtener la visión y así en infinitas relaciones, más cercanas que el cielo empíreo.

Por lo tanto, opino que está de más la ridiculización del enfoque tomista, que surge únicamente de este estrechamiento arbitrario, al que Ud. lo somete.

El "pobre" y atrasado fraile "medieval" (sin culpa alguna por haber nacido en el S. XIII), se engañó lastimosamente, por desconocer los mecanismos que nosotros, afortunadamente "modernos", hemos descubierto. Por eso, ingenuamente, los atribuyó a un "mandato divino".

Pero, el hecho es que aún los engranajes de los procesos cósmicos, hoy mejor conocidos que "in the dark ages", actúan igualmente dentro de un orden de medios y fines, a los cuales se aplica no menos rigurosamente el razonamiento de la quinta vía.

En efecto, para poner en acción medios cuya acción permitirá realizar un objetivo determinado (tanto la organización de un hormiguero, la conexión admirable de los órganos de los vivientes, como los desplazamientos solemnes de las galaxias), es preciso un agente que prevea el objetivo a obtener y que conciba los medios adecuados para llegar a esa meta. Dicho de otro modo, un agente que capte la relación existente entre un cierto dispositivo operacional y el fin deseado. Sólo un sujeto inteligente es capaz de estos resultados, porque la intelección es el modo de conocimiento que se define como capacidad de percibir el ser y las relaciones entre los seres. Dominando el tiempo y el espacio, este poder espiritual de conocer es apto para concebir un proyecto futuro y darse cuenta de la relación de los medios con el fin que enlaza tal dispositivo al objetivo que se persigue.

Añadamos que la necesaria intervención de una inteligencia es tanto más manifiesta, cuanto el objetivo que se ha de obtener es más complicado e imponente y que los medios, que se ha de poner en juego son más complejos.

Ahora bien, como se ha visto, la biología, cosmografía y todas las diversas ciencias revelan mucho mejor que antaño la complejidad inaudita de las estructuras y mecanismos que los organismos vivientes y los procedimientos del universo ponen por obra, para asegurar las operaciones vitales más variadas y eficaces, así como la contribución de todas las cosas a esta finalidad. Es necesaria una Inteligencia más que genial para concebir estos preparativos, que, insistimos, afectan también a las células y átomos, entidades microscópicas. Hay que acudir a un poder creador para realizarlas en lo más íntimo de la materia.

Sentencia Ud. hacia el final: "Este argumento no se sostiene contra la evidencia científica que tenemos hoy en día, pero tiene una variante, que es muy popular: la del designio de las leyes de la naturaleza. En resumen, esa teoría afirma que existimos gracias a que las leyes del universo son como son. Si variaran apenas un uno por mil algunas de las constantes que conforman la realidad del universo, no sería posible nuestra existencia. Según eso Dios ha creado el universo con esas leyes específicas, sabiendo que gracias a ellas sería posible el surgimiento de la vida y la inteligencia. Hay varias objeciones que poner a este razonamiento, pero volveremos a ello más tarde".

También, de nuestra parte, esperamos a que llegue el momento de esas objeciones, para dialogar sobre las mismas.

Pero, por de pronto, se puede preguntar qué otra cosa ha sido "la ciencia", sino el esfuerzo tesonero por descubrir esas leyes de la naturaleza, que estaban en ella desde siempre, hasta que (muy tarde y con esfuerzos considerables, idas y venidas, aciertos y fracasos) fueron halladas por la observación del hombre.

Estas leyes hacen del universo un sistema de relaciones inteligibles, que se prestan a múltiples operaciones matemáticas de medida y cálculo. Se descubren leyes de este tipo en cualquier orden de grandeza elegido para estudiar todo lo corpóreo: se las encuentra en el mundo astral, donde las masas en movimiento, las distancias y las velocidades desafían la imaginación más desbordada; en el ámbito de los fenómenos físico – químicos observables a escala humana; en fin, en el área misteriosa de lo infinitamente pequeño: moléculas, átomos, partículas infraatómicas.

Esta red extremadamente compleja de relaciones matemáticamente expresables y mensurables suscitaba la admiración de A. Einstein: "Lo más incomprensible – escribía – en el mundo es que el mundo nos sea comprensible" (Citado por P. H. Simon, Questions aux savants, Paris - 1969 – pp. 90 – 91).

Perdonará que no resista a la tentación de amplificar un poco, a propósito de Einstein, quien también se expresó en estos términos: "El sentimiento más profundo y sublime del que somos capaces es la experiencia mística. Sólo de ella nace la verdadera ciencia. Quien es extraño a este sentimiento, quien no sabe ya más maravillarse o perderse en un profundo respeto, está espiritualmente muerto. Saber que lo inescrutable existe realmente y que se revela como la suma verdad y la más luminosa belleza, de la que nosotros podemos tener solamente una oscura intuición es el núcleo de toda verdadera religiosidad...Mi religión consiste en la humilde adoración de un ser infinito, espiritual, de naturaleza superior que se revela a sí mismo en las pequeñas particularidades que nosotros podemos percibir con nuestros sentidos débiles e insuficientes. Esta convicción profunda, basada sobre el sentimiento de la existencia de una fuerza pensante superior, que se manifiesta en el universo inescrutable, constituye el contenido de mi concepción de Dios" ( tomado de: Lincoln Barnett, Einstein und das Universum, Frankfurt am Main – 1958 - ).

Extracto, a continuación, algunas frases de una entrevista, que le hiciera un periodista norteamericano (todo el texto más amplio daría pábulo a serias consideraciones): "La opinión corriente de que yo sea un ateo se basa en un grueso error...Creo en un Dios personal y puedo decir con toda conciencia que en mi vida jamás fui indulgente con una concepción ateística. Ya como joven estudiante he rechazado el punto de vista científico de los años ochenta (del siglo XIX) y considero las doctrinas evolucionísticas de Darwin, Haeckel, Huxley, como superadas sin esperanza. Hay que pensar que la evolución continúa, no sólo en la técnica, sino también en la ciencia, sobre todo en el ámbito de las ciencias naturales. Se puede decir de la mayor parte de los representantes de este tipo de ciencia, que están de acuerdo en afirmar que religión y ciencia se enfrentan sin ser hostiles. Naturalmente, hay algunos estudiosos doctrinarios que se encuentran todavía en el mismo punto de sus predecesores en torno a 1880.

Por lo que a mí toca, estoy convencido de que sin la religión, la humanidad se encontraría hoy todavía en el estado de barbarie. Toda la vida comunitaria se desarrollaría según relaciones inimaginablemente primitivas, no habría seguridad ni para la vida ni para la propiedad, y es mi convicción que la lucha de todos contra todos, que es un eterno instinto humano, llegaría a ser todavía más cruel de lo que ocurre hoy.

Ha sido la religión, la que ha permitido a la humanidad el progresar en todos los campos" (Citado en: Deutsches Pfarrerblatt – Bundesblatt der Deutschen Evangelischen Pfarrvereine , 1 / VI / 1959, p. 59).

Como podrá ver (adelantándome un poco), hay algún científico con concepciones sobre la relaciones entre religión, ciencia y civilización bastante distintas a las que Ud. manifestará como colofón de su trabajo.

III - Ampliación de la exposición. 

1 – Consideración adicional

No contento con su examen crítico de posturas trasnochadas, añade Ud. puntualizaciones suplementarias, para vislumbrar de qué modo se podría poner al día al desvalido Tomás de Aquino. De hecho, no hará Ud. otra cosa que abundar en su rechazo unilateral de las perspectivas tomistas.

Propone Ud: "Al ir comentando y rebatiendo estas cinco vías hemos ido introduciendo una serie de elementos nuevos que estaban fuera del alcance de Santo Tomás, por el simple hecho de que hace siete siglos el nivel del conocimientos científicos era muy elemental".

Me permito comentar que el hecho de haber "rebatido" las cinco vías se lo figura Ud. , ya que muchos otros, entre los que me incluyo, lejos de ver refutadas las argumentaciones del santo, sienten más bien, que ha cometido Ud. un lamentable desenfoque, limitándose a los análisis fisicoquímicos, sin incursionar en lo más mínimo en la ciencia del "SER", la metafísica, ámbito primordial en el que se mueve Sto. Tomás. Deja Ud. la sensación del músico que interpretara una partitura musical, escrita en clave de sol, leyéndola enclave de fa. En vez de "sinfonía", obtenemos la peor "cacofonía".

El hecho es que, estando al tanto perfectamente de los "conocimientos científicos" de la actualidad, ningún filósofo tomista echa mano de ellos, para intentar llegar racionalmente a Dios. Se mantienen en el nivel metafísico, en el que se movía el santo Doctor de Aquino. Porque están de antemano convencidos de que no son instrumentos aptos para ese camino y meta. Ello no quita que sigan investigando, validos sobre todo de los "perennes" principios de la metafísica, que siempre presidirán toda ciencia, por cambiante y progresiva que sea.

Se propone Ud. , acto seguido, "imaginar lo que él hubiera podido pensar para rebatir las objeciones que he introducido".

En realidad (como ya se adelantó), una vez que se ha tomado noticia de los sucesivos desarrollos de su discurso, cae uno en la cuenta de que, lejos de darle una mano "moderna" al pensador "medieval", sólo intenta Ud. demolerlo aún más. Y digo "intentar", porque, persiste todavía el anterior talante exhibido por Ud., totalmente inadecuado para sopesar la argumentación tomista.

2 – Algunas particularidades

Continúa su razonamiento de este modo: "Respecto a la primera vía podría haber argumentado (Sto. Tomás) que las fuerzas básicas del universo (gravedad, electromagnetismo y nucleares fuerte y débil) son un eslabón más en la cadena de causas mencionadas en la segunda vía. Recordemos que he dejado la discusión de la segunda vía para el final, porque, efectivamente, es la única argumentación que es completamente cierta (excepto un detalle). Por consiguiente, reducida la 1ª vía a un caso particular de la 2ª, vuelvo a aplazar la discusión para más adelante".

Me permito adelantarme (hasta su p. 6), porque el tópico, que repetirá allí, es semejante (e igualmente erróneo) al que aquí propone: "(Dejadas de lado – con total injusticia – las 4ª y 5ª vías), quedan las tres primeras, pero la primera y la tercera son casos particulares de la segunda. Sin embargo las conclusiones siguen siendo válidas dentro de ciertas matizaciones".

En cierto sentido puedo darle la razón, ya que en la espina dorsal de todas las vías interviene el principio de causalidad y la exclusión del intento de explicación por la infinitud de "causas – causadas" o "finitas" (salvo en la 4ª, como ya se vio; y el la 5ª, donde funciona el principio de finalidad).

Pero, en su punto de arranque, todas parten de diferentes aspectos de los seres limitados. En modo alguno, pues, son "casos particulares" de la 2ª".

La 1ª quiere explicar (hasta su última causa) el "fieri" de las cosas, su "llegada al ser" o a un "nuevo acto de ser"( pasaje de lo frío a lo cálido, cambio de lugar, sucesión de ignorancia y saber, etc.). Es el estudio del "movimiento".

La 2ª considera más estáticamente la constitución misma de todo ente contingente: si algo puede ser tanto como no ser, no es dueño total de su existir, debiendo depender de otros y, en definitiva de OTRO.

La 3ª, sale ya del examen de cada ser (sea en su acción: movimiento: ¿qué implican sus "cambios"?; sea en su constitución intrínseca: cómo es), para ocuparse de una de sus causas externas (la eficiente).

La 4ª vuelve a examinar una causa intrínseca a todo ser: su forma (o grado de ser), pero en lo que atañe a las perfecciones puras. En el fondo todas (unidad, verdad, bondad, etc.) se deducen del "ser", último y plenificante "acto", que da cuerpo y sostén a todos los demás.

La 5ª mira nuevamente a una causa exterior a cada ser limitado: la final. No se vuelve la consideración hacia el origen (causa eficiente: 3ª vía), sino que se orienta hacia adelante: las metas, los objetivos a lograr.

Por lo tanto, no es tan sencillo querer nivelar estas vías, como Ud. pretende con las tres primeras.

3 – Creación y comienzo del cosmos

Vuelvo a tomar el hilo de su pensamiento: "La tercera vía afirma que en alguna ocasión no existía nada y de repente empezaron a existir cosas. La causa de que empezaran a existir cosas es un caso particular más de la 2ª vía. Podría dejar así las cosas hasta que hable de la 2ª, pero debo decir que NO ESTÁ PROBADO que el universo haya tenido un comienzo.

Sí, efectivamente, observamos en el universo un alejamiento de las galaxias entre sí, como si todas ellas hubiesen surgido de una gigantesca explosión (o inflación, según algunos físicos modernos), que se produjo hace diez o mil millones de años.

Sin embargo aún hay varias explicaciones posibles para esta expansión. Y aunque fuera cierta la teoría del Big Bang, eso no implica que antes del Big Bang no existiera nada y de repente apareciera todo el universo surgiendo de un solo punto. Lo que dice la teoría del Big Bang no es que TODA la energía del universo APARECIERA en una explosión, sino que estaba concentrada en un solo punto y de repente comenzó a expandirse.

Vemos, pues, que la ciencia no habla para nada de creación, para la ciencia la energía ha existido siempre y siempre existirá. Los creyentes creacionistas opinan que en un momento determinado no existía nada y de repente fue creado el universo. Pero recordemos que otra conclusión de la tercera vía es la de que existen cosas contingentes pero por fuerza debe haber algo necesario. Y esto vuelve a ser otro caso particular de la segunda vía".

De acuerdo con Ud. en lo fundamental, porque, en verdad es comprensible que, con la teoría de la "gran explosión", se suscitaran nuevas discusiones sobre el problema de la creación; en efecto, si se puede adjudicar una edad concreta al universo, parecería alcanzarse una demostración científica de la creación.

Sin embargo, la física no puede determinar la edad del universo de modo absoluto. Aunque afirme, por ejemplo, que el universo proviene de una especie de átomo primitivo, puede preguntarse ulteriormente por el origen de ese átomo y puede suponer que se formó a partir de estados físicos anteriores. El físico siempre puede postular, aunque sea a título de hipótesis, la existencia de estados físicos anteriores a cualquier etapa del universo. Por tanto, la cosmología científica no puede demostrar la creación del universo.

Sólo que el problema de la creación no se refiere al origen de un estado físico a partir de otro, sino al fundamento radical del universo, o sea, a la producción de su S E R. La ciencia experimental estudia las transiciones entre estados físicos y su perspectiva no le permite llegar hasta el fundamento radical del universo. Por tanto, la física no puede decir nada acerca de Dios ni de la creación y resulta inviable abordar esos problemas utilizando sólo argumentos científicos. En definitiva, la creación no es un problema físico, sino metafísico. El tema filosófico de la creación consiste en determinar si el universo puede ser autosuficiente o si, por el contrario, es necesario afirmar que ha sido producido por una causa que le ha dado el ser.

El cristianismo afirma la creación divina de la nada. Esto significa que la creación divina produce totalmente el ser, sin apoyarse en algo preexistente; no es una simple transformación de elementos que ya se daban.

Resulta lógico preguntarse si la creación del universo es sólo un contenido de la fe religiosa o si, puede ser probada racionalmente. La doctrina católica afirma que la existencia de Dios, creador, principio y fin de todas las cosas, puede ser conocida con certeza mediante la luz de la razón natural a partir de las cosas creadas (Romanos 1, 19 – 20), de tal modo que la inteligencia humana es capaz de encontrar por sí misma una respuesta a la cuestión de los orígenes.

Las pruebas racionales de la creación – reiteramos - remiten en último término, a un dilema: o bien el universo es auto – suficiente, o sea, existe por sí mismo y nada hay fuera de él que explique su existencia, o bien remite a una causa que es diferente del universo, que lo ha producido y le ha dado el ser. La primera hipótesis es, en realidad, imposible. En efecto, si el universo fuese autosuficiente, debería poseer características divinas de las que carece. Los seres materiales son limitados, cambian, se generan y se corrompen; tienen un ser que no da razón completa de sí mismo. Estas dificultades no se solucionan recurriendo a una cadena infinita, o sea, suponiendo que el universo ha existido siempre; en efecto, la insuficiencia de lo material para dar razón de sí mismo subsiste aunque se multipliquen los eslabones causales indefinidamente: no se trata de un problema de número, sino de cualidad. El modo de ser de los seres materiales implica que estos seres no pueden ser auto- suficientes, y a estos efectos es igual que se considere un solo ser, o muchos o una serie indefinida.

Por lo tanto, el universo físico remite a una causa superior, que le ha dado el ser. Sólo un Dios personal puede poseer las características propias de la divinidad. Los seres particulares, limitados, cambiantes, remiten a un Ser que posee el ser por sí mismo y que, por este motivo, puede dar el ser a otros entes, de modo limitado y particular: es lo que se denomina la "participación del ser". Cosa que no significa que las criaturas tengan "una parte" del ser divino, sino que poseen de modo parcial y limitado el ser, recibido de Dios.

Ahora bien, para afirmar la creación divina de todo lo que existe, poco importa cuándo y cómo haya comenzado a existir. En cuanto al cuándo, el universo debe ser creado, independientemente de su duración. Los razonamientos que conducen a la creación nada tienen que ver con el problema de la duración hacia atrás, tanto si el universo fue en sus comienzos una burbuja cuántica casi imperceptible, como si ya entonces hubiesen existido entidades y procesos mucho más organizados.

Le concedo, pues, que no parece posible demostrar que el universo tiene una edad limitada, porque siempre se puede suponer, aunque sea de modo hipotético, la existencia de estados anteriores a cualquiera de sus situaciones concretas.

Ya Sto. Tomás (como se notificó más arriba) había afrontado el problema de modo radical, cuando, en su opúsculo De aeternitate mundi contra murmurantes (= Sobre la eternidad del mundo, contra los murmurantes), afirmó que, si nos atenemos sólo a los argumentos racionales, no podría excluirse que el universo hubiera tenido una duración indefinida y que sólo conocemos que no fue así por la revelación sobrenatural.

El santo, en definitiva, subrayó que el problema de la creación del universo no se identifica con el de su origen temporal, de tal modo que es posible conocer racionalmente que el universo ha debido ser creado por Dios, prescindiendo de que se pueda probar o no por la razón, que haya tenido un comienzo en el tiempo: el creyente "creacionista" conoce el origen temporal del universo sólo por la revelación divina. Tanto, que el mismo Sto. Tomás añadió que si el cristiano afirmara el origen temporal del universo mediante argumentos racionales, podría dar ocasión de burla al no creyente que conoce la ilegitimidad de tales argumentos (ver: Summa Theologiae , I, q. 46,a. 2, c).

En cualquier caso duración indefinida no equivale a eternidad en sentido estricto, pues ésta , como ya la analizó Boecio (480 – 524) y lo acepta Sto. Tomás, es "interminabilis vitae posessio tota simul et perfecta" (= la posesión interminable de la vida– sin término de comienzo ni fin – en total simultaneidad y perfecta) . O sea: que en el ser eterno es inconcebible todo tipo de "pasaje" de la potencia al acto (es Acto Puro), incompatible con cualquier tipo de movimiento o cambio y , por consiguiente, se encuentra por encima del "tiempo" (medida del movimiento), ya que tiene su ser sin aurora ni ocaso, sin aumento o pérdida, de modo pleno y sin necesidad de que nadie le añada o sustraiga la menor pizca de su perfección. Esto sólo se da en Dios, mientras que la duración de los seres naturales se refiere a la existencia sucesiva, propia de un modo de ser temporal y cambiante.

Desde luego, si se pudiese probar que el universo ha tenido un comienzo absoluto antes del cual no existía, debería afirmarse que ha sido creado; pero no parece posible tal prueba. Así y todo, independientemente del problema del comienzo temporal, el universo no es auto – suficiente y esto basta para establecer que ha debido ser creado por Dios.

Ninguna de las pruebas, que Tomás de Aquino propuso para demostrar la existencia de un Dios creador, supone que el mundo haya tenido un comienzo. Sin embargo, en las discusiones acerca de la creación, con frecuencia (corroborada con su escrito), se encuentran asociadas ambas ideas. Ese modo de razonar fácilmente conduce a equívocos. Por este motivo es importante subrayar que no puede identificarse el asunto del origen temporal del mundo con el de su creación. El problema de la creación del cosmos se refiere al fundamento radical de su ser y puede ser resuelto sin tener en cuenta el de su duración.

Todas las hipótesis de cosmogénesis (Big Bang u otras) consisten en atribuir a las concepciones físicas sobre el espacio, el tiempo, la materia, la energía (o el vacío) un sentido metafísico, que no poseen, ya que las ideas se definen en esta ciencia de acuerdo con teorías matemáticas y datos experimentales, por lo cual, necesariamente se refieren a entidades, propiedades o procesos físicos y de ningún modo pueden aplicarse a un evento como la creación a partir de la nada que, por su propia naturaleza, no es un proceso que relacione un estado físico con otro estado también físico. Nada puede investigar el físico más pintado, cuando lo único que existe es el mismo Dios, que no es material, aunque sea origen absoluto, distinto e inmutable de lo material y cambiante, dado en nuestra experiencia.

Por consiguiente, habría que aplicar algo de sordina a su rotunda afirmación final: "Vemos, pues, que la ciencia no habla para nada de creación". Distingo: la única ciencia que Ud. maneja: concedido. "Otra" ciencia, no menos legítima y cierta, como es la metafísica, negado. El conocimiento físico – matemático no es el único.

4 - ¿Procedimiento "peligroso"?

Torna Ud. a dar cauce a su fastidio contra la cuarta vía, añadiendo algún detalle, que delata una vez más, un escaso conocimiento de la totalidad de la filosofía tomista (y ya aristotélica). Escribe, en efecto: "Ni siquiera voy a discutir la cuarta vía. Suponer que existe un ser máximo en una cualidad (sea bondad, nobleza, justicia), que es causa de que esa cualidad exista en todos sus grados es un argumento bonito pero ilusorio.

Y peligroso, porque según eso, como la maldad también existe, debe existir un ser de máxima maldad que inspira toda la maldad del universo".

(Reitera Ud. después con su divertida – pero totalmente fuera de tono – reducción al absurdo, con el ejemplo – del todo inapropiado – del elefante máximo, progenitor prolífico de todos los más pequeños).

Ante todo, se ha de definir qué es el mal. Existe, se da en las cosas, pero no es un "ser". Más bien es su ausencia. Se lo suele definir: "la privación de un bien debido". O sea, no de cualquier perfección, sino de la que ha de cuadrar con la naturaleza de una cosa dada. Así, que el hombre carezca de alas no es un mal, ya que su naturaleza no las exige. El mal se da en un sujeto, pero no "es" propiamente alguna cosa, sino algo que se ahinca en el bien, para degenerarlo, caracterizándose como privación de bondad. Se da en la realidad, pero no es un ente. Así, las tinieblas son conocidas como oposición a la luz. ¿Qué entidad le daremos a un "agujero", sino la de un destrozo en la tela o el vacío en ciertos tipos de queso?

Por todo lo cual, fácil es comprender que "el mal" jamás podría servir de punto de partida para la cuarta vía, que sólo se ocupa de la observación de los grados existentes en las "perfecciones simples o puras", como ya se explicó más arriba.

5 - ¿En qué quedamos : orden o caos?

En su proyecto de arrimar alguna "ayudita" a los elementales conocimientos del sabio medieval, reconsidera Ud. la 5ª vía, pero en realidad, para aniquilarla del todo (según cree Ud conseguirlo).

En su exposición: "La quinta vía habla del orden del universo y se indica que este orden debe haber sido dirigido por un ser consciente. Hablemos de ello.

Hoy en día sabemos mucho más de lo que se sabía en tiempos de Santo Tomás. Ya no es un misterio que los planetas se mueven según unas leyes determinadas y que jamás se apartan de esas leyes. Incluso ha habido épocas, en que hemos visto que el movimiento de determinados planetas no se ajustaban a las leyes que los regían, pero no por ello hemos pensado que esos planetas se apartaban de la norma por capricho de Dios, sino que hemos pensado que había algo que no veíamos aún, pero que explicaba esas variaciones. O que quizás, la norma que habíamos descubierto, necesitaba unos pequeños ajustes. Así fue en el caso de Mercurio, cuyo movimiento alrededor del Sol no se ajustaba a la ley de gravitación de Newton. Pero, cuando Einstein explicó la teoría de la relatividad, del desajuste de la órbita de Mercurio, quedó perfectamente explicado".

Le diré que ningún creyente, que pensara un poco, admitió que todo proceso natural todavía no aclarado tuviera que ser atribuido a un "capricho de Dios".

Los mismos "milagros", que son admitidos por la fe, jamás serán explicados como antojos divinos. Tienen su finalidad específica, dentro de planes superiores y "sobrenaturales" del mismo Dios.

En lo sucesivo, pasa Ud., de la admisión de cierto orden, a la diametralmente opuesta consideración del "desorden", que sería nuestro mundo y alrededores.

"Pero, al conocer mejor el universo, hemos comprobado que el tan cacareado orden del universo no es tan ordenado, como siempre hemos supuesto.

Las estrellas nacen, se apagan y destruyen, a veces en gigantescas explosiones, que pueden destruir los planetas situados en sus inmediaciones. A veces los planetas chocan entre sí, o pasan tan cerca, que uno de ellos se sale de su órbita en torno al sol y se convierte en un satélite de otro planeta mayor. Hay meteoritos que, de vez en cuando, golpean contra planetas, provocando gigantescas catástrofes y en Virgo hay dos galaxias chocando entre sí. Este choque no es tan grande catastrófico como podamos imaginar, el espacio que hay entre unas estrellas y otras es tan grande, que las estrellas de una galaxia están pasando entre las estrellas de la otra sin provocar serios problemas, sin embargo, podemos calcular que d e las doscientas mil millones de estrellas que forman ambas galaxias, al menos mil millones de ellas verán sus órbitas afectadas y varias decenas de millares de estrellas serán destruidas en el proceso.

Es decir, que en realidad no existe el orden en el universo, sino el caos. Sin embargo este caos ocurre a un ritmo muy lento, tanto que a veces pasan miles de años sin que ocurra ningún fenómeno catastrófico, que pueda afectarnos.

Y si no hay orden, la quinta vía de Santo Tomás, queda también invalidada".

Me pregunto: ¿Cómo se percibe que algo se "des- ordena", sino comparándolo con el debido "orden"? O sea, que el mismo des- perfecto, jamás sería observable, sin el parámetro de lo bien regulado.

¿Consiste el "orden" en que nada se destruya? Entonces, sin ir tan lejos (a espacios siderales), tenemos la "destrucción" de un vacuno, para gustar de un asado, la trituración de tomates y lechugas para una ensalada. Nadie llamó ni llamará a eso "desorden". Unas cosas se encuentran sometidas a otras de mayor rango. Y aún esos seres superiores, que son los hombres, sucumben y mueren (si bien, ya pensadores antiguos probaron que el hombre es inmortal y que muchos "valores" del mundo son sacrificados por otros superiores).

Pero hombres sabios, al tanto de tales procesos jamás los tuvieron por "desórdenes", al considerar la armonía suprema, que sigue vigente en el todo. Además, en una visión amplia, más de un "desorden" en un área determinada delo existente ha sido estímulo para bienes mayores, como las enfermedades y epidemias, que han suscitado las maravillas de la medicina o el veneno de ciertas serpientes, que, gracias al tesón de eminentes investigadores, sirve como antídoto contra las mordeduras mortales de dichos ofidios. Se podrían multiplicar los casos.

Ud. mismo, después de su terrorífica descripción del supuesto caos, se tranquiliza, reparando que tales "desórdenes" se producen a un ritmo muy lento, lo cual aseguraría que no podrá afectarnos. Me pregunto entonces ¿cómo sabemos "científicamente", que aquel horror va a prevalecer alguna vez sobre nuestro tranquilo "orden" actual sublunar? Como dijimos: el hecho de que se pueda comprobar "algún orden" es suficiente para remontarnos a un "ordenador", el cual, a su vez,, así como lo puso en marcha, es dueño de determinar su cese.

 Arrimo ahora algunas consideraciones de N. Martínez.

"Entiende (Proskauer) que la tercera vía afirma un comienzo del Universo. No es así. Santo Tomás sostiene, justamente, que no es posible demostrar un comienzo del Universo, que sólo por la fe sabemos que el mundo ha comenzado. La tercera vía dice que si todo es contingente, entonces alguna vez no hubo nada, pero de ahí no se concluye que entonces el Universo alguna vez ha comenzado, sino que no todo es contingente, porque de lo contrario, ahora nada habría, porque de la nada nada sale. Lo que quiere demostrar la tercera vía no es que el Universo comenzó, sino que no es posible que todo ente sea contingente, o sea, que debe haber un Ser Necesario.

«Para la ciencia, la energía ha existido siempre y siempre existirá» (Proskauer).

La ciencia habla de cómo se relacionan los estados presentes de cosas con estados anteriores de cosas y con estados futuros de cosas en el Universo material. En ese sentido, lo único que puede decir es que no hay estados de cosas sin energía en el Universo material. Eso no quiere decir que el Universo material deba haber existido siempre, ni menos aún que la energía propia de estos seres materiales haya podido existir cuando no existían dichos seres, o sea, cuando no existía el Universo material. Recordemos que "la energía" es una abstracción, y en cierto sentido, también el "Universo"; lo que existe son los seres que forman ese Universo material y la energía con que actúan esos seres. De lo contrario, estamos en una forma extrañamente materialista del platonismo.

Santo Tomás sabía perfectamente, como también Aristóteles y los egipcios, babilonios, etc., que los planetas se mueven según leyes determinadas. Más aún, la finalidad no la ven ellos, como parece creer el autor, en el hecho de que algo se aparte "caprichosamente" de esas leyes, sino al revés, en las leyes mismas, como nosotros, siguiendo, por ejemplo, a Voltaire (nada menos), vemos la finalidad en un reloj, que hemos encontrado en el desierto, no por el hecho de que no funcione regularmente, sino precisamente por el hecho de que lo hace.

Por eso, porque aparentemente se da cuenta de que ha enfocado mal la crítica, de repente se pasa (Proskauer) para el otro lado y niega que haya orden en el Universo, por el hecho de que ocurren ,a veces, catástrofes cósmicas, como explosiones de estrellas, choques de planetas, etc. Pero esos choques y explosiones han ocurrido en perfecto acuerdo con las leyes de la naturaleza y podrían haber sido previstos en base a esas leyes. Luego, son manifestaciones del orden y no del desorden.

6 – Leyes naturales

Abunda Ud. en sus reparos a la última vía, arguyendo: "Sin embargo, al invalidar la quinta vía, hemos introducido un nuevo concepto, que más de una vez se ha usado como argumento para apoyar la existencia de Dios. Las leyes que rigen el movimiento de los astros. Tal como las leyes humanas tienen un legislador, las leyes naturales también han debido ser dictadas por un Legislador.

Bien. Hay que distinguir las leyes naturales de las leyes del hombre y debemos darnos cuenta de que aunque se usen las mismas palabras, no tienen el mismo significado. Las leyes humanas son decididas, escritas y publicadas por personas. Las personas deben someterse a ellas, pero si lo desean, pueden quebrantarlas. Pero las leyes naturales no lo son en el mismo sentido, sino que son descripciones del funcionamiento del universo. Es decir, cuando explicamos la ley de la gravedad, no estamos leyendo una ley que haya sido establecida por nadie, ni siquiera por Newton, sino que estamos describiendo la forma en que funciona el universo. Las leyes humanas implican la existencia de un legislador, Las leyes naturales no. Por otro lado, hay muchas leyes naturales que para nosotros parecen leyes, pero que no tienen ningún significado en el contexto del universo. Por ejemplo: Un metro mide cien centímetros. Aunque eso es una verdad matemática, geométrica y universal, en realidad es una convención humana, pues respecto al universo no tienen ninguna importancia los instrumentos que usemos para medir el universo".

Por lo expuesto en nuestra réplica no consta que haya Ud. "invalidado" la 5ª vía", dado que no la ha comprendido, según el análisis íntegro de la filosofía tomista. Sin contar con que Ud. ha restringido indebidamente a los movimientos astrales, la observación de las innumerables regularidades y su estupenda y vastísima coordinación.

Estoy de acuerdo, fundamentalmente en su distinción entre leyes naturales y humanas. Ya los sistemas más antiguos de filosofía admitían analogías pero no total similitud en diferentes campos de la normatividad: leyes o principios metafísicos, que ni Dios puede quebrantar ("algo no puede ser y no ser bajo el mismo aspecto"; "la parte es menor que el todo", "es absurdo un círculo cuadrado"). Por otro lado, leyes físicas (gravedad, etc.), que, para los creyentes, Dios, su autor, puede suspender (milagros). Leyes morales, que carecen de la seguridad propia de los otros dos órdenes, pero que bastan para asegurar prudencialmente la convivencia humana. Sin embargo, nunca faltará el energúmeno (por debajo de su condición pensante), que cruce el semáforo en rojo o asesine a un semejante.

De modo que también Sto. Tomás admite que "las leyes naturales no son leyes en el mismo sentido", que las legisladas para regir las costumbres ordenadas de los humanos. Cosa que no impide que "la gravedad", etc. hayan sido establecidas por Dios, legislando en otro orden, diferente al de los seres dotados de libertad. Leyes para seres irracionales, así como el mismo legislador, se ha dirigido a seres responsables sin imponer, sino proponiendo el mejor modo de emplear la libertad. También, por lo tanto, las leyes "naturales" implican un legislador, que es único, porque sólo a él se debe la existencia de toda la naturaleza.

Valga la comparación: el relojero también establece las normas físicas (combinando procesos preexistentes en la naturaleza, que proviene de Dios), para el funcionamiento del aparato por él producido. Si se trata de un medidor de las sombras del sol, no lo colocará bajo un techo; en caso de una clepsidra es del todo necesario que pueda fluir la arena entre su dos cavidades de vidrio; si funciona a cuerda, deberán estar bien coordinados los engranajes; o bien habrá que buscar la pila que lo haga marchar, si se trata de un Seiko o otra de estas marcas.

Ese relojero, puede conducir con prudentes consejos la conducta de sus hijos (leyes morales), así como es capaz (con otro tipo de leyes físicas y más rígidas) de acomodar instrumentos útiles y certeros para medir el tiempo. De este modo, se podrían asimismo multiplicar las comparaciones.

Dios, en cambio, no tiene que estudiar ni ensamblar elementos preexistentes, ya que él lo extrae todo de la nada, dando ante todo su ser y esencia a cada cosa, con el consiguiente modo de actuar (naturaleza y sus leyes, instintos animales, libertad humana) a los seres por él creados.

En cuanto a las "convenciones humanas" (con las que Ud. nivela el metro de cien centímetros), se ha de notar que sólo hasta cierto punto es el hombre quien establece el instrumental matemático que utilizará en sus proyectos y trabajos, ya que quedará siempre en pie que se trata de medidas concordantes con la realidad, de modo que nunca podrá encajar un espejo de dos metros en la cavidad que mide uno solo. Por lo tanto, hay convencionalismos y convencionalismos; unos más libres que otros. Que un alemán llame "Kartoffel" a la "patata" de un español implica un margen más fluido que la extensión medida por un metro o los gramos necesarios para llegar a un kilo.

Concluye Ud. triunfalmente: "Así, pues, debemos estar de acuerdo en que las leyes del universo no son leyes propiamente dichas, sino descripciones del funcionamiento del universo y no implican la existencia de un legislador".

Depende de la nomenclatura: si se restringe (indebidamente) el concepto de ley a la legislatura humana, concedido. Si se admite que el autor del universo es el que ha dispuesto los modos regulares de la actuación de las cosas, no se ve repugnancia en aplicar la noción de ley al único que puede establecerlas para seres inanimados, vivientes y humanos. Como el relojero establece que un reloj de sol nunca funcionará a la sombra, ni que una lámpara a gas, dé su luz a base de energía eléctrica.

Confieso que se me hace extraña su afirmación sobre los instrumentos usados para medir el universo, que no tendrían importancia alguna respecto al mismo mundo. Por de pronto son sumamente útiles y necesarios para el hombre mismo (que los inventa), que también forma parte del universo. Según sea el kilometraje, que se ha de recorrer, se usará más o menos cantidad de carburante o se cansará uno en distinta medida. El universo observa su curso, sea o no estudiado y catalogado por el hombre, pero el hecho es que la inteligencia no aplica sus recursos a tontas y a locas, sino guiada estrictísimamente por la atinencia de sus mediciones con la cantidad, movimiento, etc.

Sigue el comentario de N. Martínez:

En la Quinta Vía, Santo Tomás no está diciendo que los seres irracionales tengan intenciones, sino que está diciendo exactamente lo contrario: como es obvio que no tienen intenciones, entonces el fin al que tienden no lo «intentan» ellos, sino su Autor inteligente. El ejemplo de la flecha, que pone, debería ser claro. No es que el arquero le haya dado una orden a la flecha y ésta obedientemente se dirija al blanco, ni es eso lo que piensa Santo Tomás, obviamente, sino lo que pensaría cualquiera de nosotros: que la dirección le viene a la flecha no de sí misma, sino del arquero.

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7 – El "orden" nunca podrá faltar

Se desliza enseguida Ud. a una suerte de "Alice in Wonderland", fantaseando lo que transcribo: "Por otro lado podemos volver al hecho de que existimos gracias a que el universo es como es. Si una de las constantes del universo, por ejemplo la carga del electrón o la masa del neutrón, variase una milésima en su magnitud, la vida tal como la conocemos no sería posible. Este hecho es esgrimido como prueba de que efectivamente esas magnitudes han sido establecidas por Dios para hacer posible nuestra existencia, pero hay otra argumentación posible: la de que si el universo fuera distinto en algún aspecto determinado, la vida seguiría siendo posible. NO nuestro tipo de vida, quizás el agua sería un ácido y la vida se basaría en el silicio, no en el carbono. (SIGUEN DIFERENTES HIPÓTESIS DE SU FANTASÍA)...Pero en cualquier circunstancia imaginable, en cualquier universo concebible la energía seguirá existiendo y en algunas partes habrá mucha energía y en otras habrá escasez de energía, y se formarán estructuras capaces de procesarla y esas estructuras podrán ser más o menos complejas y a la larga podrá aparecer la vida y quizás la vida inteligente y los seres de ese universo teorizarán, afirmando que SU universo es como es porque así lo ha decidido Dios con el fin de hacer posible su existencia".

Su "fantaciencia" en nada inficiona el razonamiento basado en el orden o finalidad, para llegar a un supremo ser inteligente, que así lo realizó. Sea ésta disposición armónica, conocida por nosotros, sea cualquier otra posible, si en ella hay relaciones de medios a fines, con igual rigor metafísico se le ha de aplicar la 5ª vía, de modo que, lejos de ser una "teorización" , afirmar que ese otro universo "imaginario" ha de ser producto de una organización divina , no es más que la aplicación lógica de lo que la mente analiza en la realidad. En cualquier hipótesis, que no sea descabellada, nunca se cansará del hombre de indagar las causas últimas.

"Y para terminar con este tema – remacha Ud. - , ¿quién dice que la masa del neutrón o la carga del electrón pueda cambiar? En nuestro universo esas son dos magnitudes que no pueden cambiar y teorizamos que si cambiaran , el universo sería muy diferente. Pero quizás esas magnitudes son como son porque no tienen más remedio que ser así. Tal como en cualquier universo imaginable PI valdrá 3.141592....porque no puede valer otra cosa. Entonces elucubrar sobre cómo sería el universo, si esas magnitudes cambiaran, sería tan absurdo como preguntarse qué pasaría si un metro midiera noventa centímetros".

Encuentro la argumentación de este párrafo un tanto enmarañada y contradictoria con algunas de sus afirmaciones precedentes. Afirma Ud. que en cualquier universo "PI valdrá 3.141592..." Pero eso también es una convención humana", como la del metro, que consta de cien centímetros. En consecuencia, se patentiza una vez más, que no toda "convención humana" es antojadiza. Algunas de ellas son inexorables en cualquier tipo de organización cósmica.

Y, francamente, no alcanzo a ver en qué deterioraría su raciocinio a la 5ª vía, salvo en una concepción u n tanto fatalista: "Esas magnitudes son como son porque no tienen más remedio que ser así". Sólo que, si aparecen de esa manera y no de otra y, con todo, se relacionan entre sí en una cadena ordenadísima de objetivos a lograr, queda siempre en pie, no sólo una constatación chata y estática de la realidad, sino un dinamismo asombroso y muy bien orquestado, que no puede ser explicado sino por una inteligencia superior y única. Y...si se decretara que "un metro midiera noventa centímetros", acomodaríamos las cosas a esa nueva disposición., no calificando más a los "mil" metros como "kilómetro" (= jílion = mil).

Pero siempre atendiendo a la correspondencia de la construcción de la mente con lo real, sin posibilidad de hundirnos en la total arbitrariedad.

Van ahora las respuestas , similares en el fondo, pero tal como las formula N. Martínez:

Las leyes civiles no son el único ejemplo que podemos tomar de leyes humanas que necesitan un legislador. También el reloj de Voltaire funciona de acuerdo a leyes que no son solamente las de la física, sino también las de la relojería, y estas últimas son leyes humanas, que necesitan de un legislador, a saber, el creador del reloj. Pero hay una analogía innegable entre las leyes de la naturaleza y las leyes de la relojería o las de la computación. Si un mecanismo como el reloj necesita de un relojero – legislador, también un mecanismo como la naturaleza necesita un Creador – Legislador. Y el hecho de que la semejanza entre ambos mecanismos sea sólo análoga no quiere decir que la conclusión del razonamiento no sea cierta, sino que concluye ciertamente en la existencia de un Relojero Legislador Creador, que ha de ser entendido en forma solamente análoga respecto de los relojeros, legisladores y creadores humanos.

En el hecho de que el metro mida cien centímetros hay de "convencional" lo que decimos que ha de ser un "metro", pero después de eso no es "convencional" que haya cien centímetros, sino natural, ni tampoco cuánto haya de medir un centímetro.

Aún suponiendo que pueda haber otras formas de vida distintas de la nuestra, también ellas necesitarán condiciones cósmicas precisas y también podrían haberse dado y de hecho parece que es lo más probable, aunque no ha ocurrido, universos en los que la vida sea totalmente imposible. Y si esas magnitudes son las únicas posibles, todavía queda en pie el hecho de que el universo material podría no haber existido, simplemente y que nada exige su existencia. Las leyes naturales, en efecto, suponen la existencia misma de los elementos, fuerzas, etc. y , por tanto, no pueden producirla ni determinarla.

8 - El "Primer Eslabón de la Cadena"

Concluye Ud. con su preferencia por la segunda vía, a la que, con todo, también tergiversará considerablemente.

Sostiene Ud. haber "mencionado un fallo un par de veces en esta argumentación. De hecho es el mismo fallo que se produce en las cinco vías"

Obviamos el hecho de que Ud. iguala con demasiada desenvoltura las tres primeras vías. A ello nos hemos referido anteriormente. Persiste asimismo en suponer que es superfluo ocuparse de las vías 4ª y 5ª, ya que "por otras razones las hemos rebatido".

Sigo también insistiendo, por mi parte, en que no he quedado convencido de que las haya "rebatido", ante todo por desconocimiento de fundamentales presupuestos "metafísicos", de los que ha prescindido Ud, con apresurado desenfado, juzgándolo todo desde un único punto de vista: las ciencias que se ocupan de lo mensurable (su ya cómicamente célebre "elefante", nada tiene que hacer, cuando se considera sólo a "perfecciones puras").

Pese a todo, admite Ud. que "efectivamente tiene que haber un primer motor, ha de existir una causa eficiente primera y por fuerza, debe existir un ser necesario".

Es gracioso el hecho de que, subrayando Ud. tan firmemente, que las tres primeras vías no son más que "variaciones de un mismo tema", concluya, sin embargo, poniendo de relieve los diferentes aspectos, en que cada una llega a caracterizar la primera causa independiente de toda otra: "primer motor" (= 1ª vía), "causa primera (= 2ª vía), "ser necesario" (3ª vía).

Asevera Ud, que "es evidente que el primer motor, la causa primera y el primer motor son la misma cosa". Con lo cual está enteramente de acuerdo la filosofía más rancia. Sólo que, en el ser simplicísimo de la última causa incausada, es factible introducir distinciones de razón, según que uno se haya servido de uno u otro punto de partida, en la consideración inicial, desde los seres limitados.

Apunta Ud., finalmente, que la conclusión: "Y esto es Dios", es gratuita. Para subsanarla, propone UD. no llamarlo Dios sino PEC (Primer Eslabón de la Cadena).

Es mi impresión que el "sustituto", en lugar de aclarar, todo lo hundirá más bien en una nebulosa general.

Indaga Ud. : "¿Qué características tiene el PEC? - De todo lo dicho deducimos que el PEC es un ser necesario, existe sin haber sido creado, no puede «no existir». Pero esto no significa que sea el único necesario. Podrían existir más de un ser necesario, por ejemplo, el espacio y el tiempo. ¿Es PEC el espacio y /o el tiempo? ¿Es otra cosa? ¿Son el espacio y el tiempo realmente seres necesarios? ¿Existen otros seres necesarios, t al vez la energía?"

Sobre la "pluralidad de necesarios", se ha de distinguir, como lo hace Sto. Tomás en la 3ª vía y según ya insinuamos, dado que hay "necesidades" morales, físicas y metafísicas. Las dos primeras han sido establecidas por el autor para los seres, a quienes competen . En una planta perecedera, descubrimos conjuntamente la contingencia y cierta necesidad: el vegetal resulta necesariamente de sus causas, que lo han producido y de las que sostienen su existencia. Aquí, se aplica nuevamente que no es admisible una serie infinita de causas que recibirían su necesidad de otro. Una tal sucesión no tendría asidero o razón de ser. Por eso, dentro de las necesidades metafísicas, forzosamente ha de encontrarse un último necesario, del que fluyen las demás, que no son instituidas veleitariamente, sino por adecuación imprescindible con su propia necesidad. Así: cualquier ser, creado por Dios, no puede ser y no ser al mismo tiempo. Contradiría a la suprema inteligencia. Ni Dios puede realizar semejante absurdo. Ningún ente es bueno y malo en su totalidad, etc. Por lo tanto, lo necesario metafísico se funda en el único necesario.

Acerca del "espacio y el tiempo" ya se ha expuesto con antelación. Son necesarios, sólo como medidas que excogita la mente del hombre, a raíz de la localización y el movimiento. Se trata de "entes de razón con fundamento en la realidad", no de seres en sí.

Continuando con su descripción del PEC, le otorga Ud. las siguientes modalidades: "PEC es la causa primera, es decir, es causa de que existan todos los seres contingentes del universo, si no directamente, sí a través de una cadena de causas y efectos. Esto no implica que exista un momento inicial de la existencia del universo, intentar imaginar un primer instante del universo (no estoy hablando del instante del Big Bang, si es que realmente ocurrió, sino del universo eterno, que siempre ha existido) podría ser tan ridículo como intentar encontrar el punto donde empieza una circunferencia o una línea infinita".

Su PEC, como ya abundantemente hemos subrayado, equivaldría a la noción de un mundo, cuya duración (no eternidad) coexistiría con la eternidad de Dios. Tal hipótesis no repugnaba en la filosofía tomista.

Sólo que (como ya se expuso) "eternidad" no es lo mismo que persistencia ininterrumpida, hacia atrás y hacia delante, de procesos o cadenas de seres que se suceden, comienzan, dan lugar a otros y desaparecen. O sea, en el ser eterno es inconcebible cualquier principio y fin (interminabilis), pero sobre todo, cualquier pasaje de potencia al acto (porque es "Acto Puro"), o movimiento ( y por lo tanto, sobra el "tiempo": medida del movimiento), ya que tiene su ser sin aurora ni ocaso, sin aumento o pérdida, de modo pleno y sin necesidad de que nadie le sustraiga o añada la menor pizca de ser.

Una figura geométrica, como la circunferencia o la línea recta infinita, son abstracciones de la mente. En la realidad, puedo señalar un segmento, por donde interrumpir el círculo o un punto con el que cerceno la línea.

Como es su costumbre, somete Ud. después a "todas las cosas" al lecho de Procustes de la única ciencia física: "Volvamos a tomar la cadena de causas y efectos, que acabamos de mencionar. Analicemos, de todas las cosas que vemos a nuestro alrededor, cuáles pueden ser causas y efectos y ordenémoslas por ese criterio.

La energía puede manifestarse en forma de partículas.

Las partículas forman átomos.

Los átomos se combinan para formar moléculas.

Las moléculas adquieren complejidad hasta formar la vida.

La vida evoluciona hasta desarrollar la inteligencia".

Una vez más: su análisis es como el de quien examinara un tela de Rembrandt, limitándose a detectar los componentes químicos de sus pinturas, pasando por alto al genio del artista holandés. No menciona Ud,. para nada al "ser", deteniéndose sólo en los últimos elementos captables por el microscopio. Pero todos ellos "son" antes de existir como energía, partículas, átomos, etc. Se ha de explicar, en una indagación completa, cómo el ser (de por sí limitado sólo por la nada) puede coartarse en "tales seres".

Continúa Ud.: "Vemos que el conjunto de cosas existentes forma una cadena, en la que cada elemento es el efecto de un eslabón anterior y ,a su vez, puede ser la causa del eslabón siguiente. Y el primer eslabón de la cadena parece ser la energía. Ahora bien, ¿es realmente la energía el primer eslabón de la cadena o es sólo un eslabón más y realmente existe un eslabón anterior en la cadena?

No lo sabemos. El primer eslabón de la cadena puede ser la energía o quizás algo anterior a la energía, tal vez el espacio, o cualquier cosa que no somos capaces de imaginar. Pero sea como sea el Primer Eslabón de la Cadena, PEC es un Ser Necesario y la Primera Causa del Universo".

Concedo que "no lo sabemos", desde el mero punto de vista "físico", porque todavía no se ha descubierto un estado anterior (¿llegará a ser percibido alguna vez?). Pero...si la misma "energía" cambia, dando lugar a toda esa cadena de conformaciones físicas, sigue en pie el planteo "metafísico". A saber: un ser, que pasa de la potencia al acto, no las tiene todas consigo, pues, si así fuera, no tendría necesidad de transitar de un estadio a otro. Además, ¿por qué las diferentes transiciones se realizan ordenadamente (examen de la finalidad: 5ª vía) y no de modo caótico o en un puro azar? ¿Es esto explicable en ausencia de un ser supremo inteligente, que coordine semejantes energías y masas?

De modo que su PEC postulado no puede ser la energía, ni nada que se vea compuesto de potencia y acto. Para que explique algo a fondo, ha de ser ACTO PURO, que no precise de nada anterior, que actualice sus potencialidades (de las que carece). Ha de ser origen sin origen, causa incausada, "primero", mas no en una serie numerable cuantitativamente, sino cualitativamente distinto, sin posibilidad de comienzo o mengua, fuente, no mero cauce, sol que no puede ser puesto al mismo nivel de sus reflejos.

De modo que, si queremos explicar al mundo hasta sus últimas causas observables por la razón humana (en "todo" el abanico de sus posibilidades, no reducida a "un solo enfoque", físico, por vasto y complejo que sea), es preciso acudir a un "ser necesario", pero también, por cierto, con características muy distintas a las que Ud. le atribuye.

Haciendo balance de sus hallazgos, advierte Ud.: "Por dos caminos distintos hemos llegado al mismo sitio, PEC, claro que en el primer caso hemos hecho una trampa, la misma trampa que hacía Santo Tomás, cada vez que decía: «Y a eso le llamamos Dios». Nosotros le hemos dado el nombre de PEC, para indicar que el Ser Necesario y Primera Causa del que hemos estado hablando, también es el Primer Eslabón de la Cadena.

¿Es esto una demostración de que Dios existe? No, desde luego. Lo único que aquí se ha demostrado es que efectivamente existe PEC, el Primer Eslabón de la Cadena, un ser Necesario, que existe sin haber sido creado, que existe eternamente, que existe porque no puede «no existir» y al mismo tiempo es la Primera Causa, causa de la existencia de todos los seres contingentes del universo.

Por definición PEC no ha sido creado por Dios. Y esto nos lleva a dos posibles conclusiones. O PEC es Dios o Dios no existe. Porque si PEC fuera creación de Dios, entonces PEC sería Dios.

Para comprobar si PEC es Dios sólo podemos apoyarnos en la lógica, pero los argumentos conocidos no nos permiten usar una lógica matemática, que nos permita probar nada. Lo único que podemos deducir es lo que parece evidente y el razonamiento de los eslabones de la cadena contiene una implicación que podría ayudarnos a resolver esta cuestión".

Respondo, ante todo, que Sto. Tomás no "hizo trampa" alguna, porque su procedimiento consistía en identificar a un ser supremo, hallado después de un análisis racional estricto, con lo que el sentido común, la religiones mundiales y otros pensadores anteriores (Platón, Aristóteles, la Biblia, el Corán., etc.) llamaron "Dios", si bien con divergencias y hasta defectos de concepción en diferentes autores y credos, pero significando sustancialmente una referencia a una última explicación de todo, que, a su vez, no necesita de explicación alguna.

La argumentación del santo fue impecable y consistió simplemente en ofrecer bases racionales a presentimientos o intuiciones vastamente radicadas en la historia de la humanidad toda. Algo así como cuando Colón, antes de su viaje, presentía que el mundo conocido no se acababa en "la mar océana", ofreciendo, después, la prueba concreta de sus cálculos.

Más bien es Ud. quien se desliza hacia una"trampa", puesto que su descripción de la "necesidad" del "PEC" es todo menos constringente. En efecto, después de varias afirmaciones gratuitas, su argumentación desemboca en descripciones contradictorias, como: "Por definición PEC no ha sido creado por Dios. Y esto nos lleva a dos posibles conclusiones. O PEC es Dios o Dios no existe. Porque si PEC fuera creación de Dios, entonces PEC sería Dios".

A la verdad que le concedo el beneficio de la duda, porque al comienzo dice Ud. que su "PEC no ha sido creado por Dios" y al final: "Si PEC fuera creado por Dios, entonces PEC sería Dios" ¿No falta allí un "no" ? : "Entonces PEC no sería Dios" Porque, justamente, hasta el ateo más empedernido, puede comprender que algo "creado" NO PUEDE SER DIOS.

Pero, además, un primer eslabón, si no está prendido de algo diferente de su esencia limitada (como lo es la del resto de los mismos) no puede sustentar nada. Así, por ejemplo, supongamos una cadena con anillos de oro, plata, plomo, redondos, ovalados, cuadrangulares (sus: energía, átomos, moléculas, vida, inteligencia). Sigamos imaginando que suman 50 eslabones. Sólo que ni el primero ni el último (valen lo mismo en cuanto "eslabones") pueden mantener cosa alguna en el aire (una lámpara, ventilador o lo que sea), si no se aferran al techo, que no es ningún eslabón, sino algo muy diverso. En resumen: de la acumulación de lo cambiante y caduco, llámese energía, átomos o como fuere, no puede surgir el inconmovible sostén de toda la cadena.

Por otro lado, me asombran en verdad sus consideraciones finales: "Cada eslabón de los indicados es la causa de los siguientes, cada eslabón es efecto de uno anterior.

Pero también, cada eslabón CONTIENE a todos sus eslabones anteriores y FORMA PARTE de los eslabones posteriores. Las moléculas, que están en el centro de la cadena, contienen átomos y energía y forman parte de la vida y la inteligencia. Pero notemos también la inversa: Ningún eslabón contiene a los eslabones siguientes, ni forma parte de los anteriores. Las moléculas NO tienen vida ni inteligencia, ni forman parte de los átomos ni de la energía.

Esto nos lleva a una conclusión evidente: PEC, el Primer Eslabón de la Cadena, sea la energía o algo anterior a ella, no contiene partículas, ni átomos. No está formado por moléculas, no está vivo, no es inteligente, ni, por consiguiente puede tener voluntad.

Y a eso no se le puede llamar Dios"

En primer lugar, es extraño en un científico, que no indague hasta las últimas consecuencias, quedándose sólo en meras aseveraciones.

Porque, si la energía y los átomos y moléculas carecen de vida e inteligencia, ¿no se le ocurre indagar de dónde han podido surgir en los sucesivos engranajes de los seres? ¿Las coloca Ud., así nomás, como un dato caído no se sabe de dónde?

Tal vez ilustre algo lo que quiero decir el siguiente caso: me dispongo a hacer una torta. Mezclo harina, agua, huevos. Pongo el resultado a calentar. Una vez cocida la masa, veo que hay también allí pasas de uva. ¿Qué conclusión razonable puedo sacar? ¿Que la harina, el agua y los huevos solos han producido (a), fueron causa, "eslabón anterior" de esta torta con pasas? ¿ No será más inteligente sospechar que otra persona, sin yo percatarme, introdujo el nuevo ingrediente?

Pues...algo análogo ha de aplicarse a su cadena de eslabones, si queremos dar cuanta cabal y lúcida de los elementos que van apareciendo en el transcurso de la transmisión de los diferentes estratos. Porque, de la nada nada sale y de la "no vida e inteligencia" jamás podrá surgir vida e inteligencia.

¿No es más lógico barruntar una inteligencia suprema, que ha ido disponiendo de tal modo los procesos, que, a su debido tiempo, emerjan la vida y la inteligencia? Eso es lo que estudió muy coherentemente la quinta vía.

Cedo ahora la palabra al profesor N. Martínez:

"Estamos de acuerdo con el autor en que «existe PEC, el Primer Eslabón de la Cadena, un Ser Necesario, que existe sin haber sido creado, que existe eternamente, que existe porque no puede «no existir» y al mismo tiempo, es la Primera Causa, causa de la existencia de todos los seres contingentes del Universo» (cita textual)

Pero luego dice: «cada eslabón CONTIENE a todos sus eslabones anteriores y FORMA PARTE de los eslabones posteriores».

Ahora bien, la Segunda Vía se apoya en la existencia de causas eficientes. Pero la causa eficiente no es un componente de las cosas que esté "contenido" en ellas. La «causa eficiente» es justamente la que reúne con su acción los elementos y componentes para que formen un todo. Así, el constructor es causa eficiente de la casa, porque reúne los ladrillos y otros materiales de acuerdo con una «forma» o plan, que es la estructura de la casa misma. Los materiales y la forma son intrínsecos a la casa, pero el constructor, causa eficiente, es extrínseco y de esas causas eficientes extrínsecas, solamente, habla la segunda vía.

¿Debe haber una causa eficiente? Ciertamente, porque los elementos y partes materiales no pueden reunirse por sí solos, ni darse la forma y la organización por sí solos. Los ladrillos solos no pueden planificar ni realizar la casa. La multiplicidad por sí sola no es factor de unidad, ni el caos por sí solo es factor de organización. Toda unificación supone una unidad desde la cual se realiza, superior y extrínseca a la multiplicidad, que se unifica. El autor nos muestra cómo los átomos se organizan en moléculas, las moléculas en células, las células en seres vivos. Pero todo eso supone continuamente la acción de causas eficientes, unificadoras, superiores y externas al proceso mismo de unificación. Y es en la serie de esas causas eficientes, que, a su vez, pueden ser fruto de la unificación y organización de causas eficientes superiores, que la Segunda vía dice que tiene que haber una Causa Eficiente a la cual todos llaman Dios.

Es claro, por tanto, que las moléculas no tienen vida ni inteligencia. Ya vimos que no alcanzan las causas intrínsecas, materiales y formales y hay que afirmar las causas eficientes, extrínsecas. Y como no se da lo que no se tiene, y de la nada nada sale, la causa eficiente no puede carecer de aquello que comunica a lo que organiza y unifica, y por tanto, sobre todo la Causa Eficiente Primera ha de poseer la vida y la inteligencia que comunica a algunos de sus efectos. Y ha de poseerlos eminentemente, como que los posee por sí misma, sin haber sido causada y sin haberlos recibido de otro y, por tanto, en forma originaria e ilimitada, infinita.

Ciertamente, también, que la causa eficiente es «unificadora» y «organizadora» solamente cuando no se trata de producción integral de su efecto, es decir, cuando no es propiamente hablando «Creadora». Ahora bien, debe haber una producción integral, pues no es posible que todo elemento conste de elementos, hasta el infinito y no es posible tampoco que los elementos sean el Ser Necesario, incausado, porque se daría el absurdo de que estarían sometidos a la causalidad de causas eficientes contingentes, que, a su vez, son causadas y que con esos "Seres Necesarios", usándolos como materiales, formarían seres más complejos.

Luego, si hay una producción integral o creación «ex nihilo», ha de haber una Causa Eficiente, que proceda, no por unificación ni organización, sino por pura comunicación del ser integral del efecto: eso es la creación «ex nihilo», es decir, no a partir de algo, sin materia prima. O sea, producción integral. La acción de esta Causa no obsta a la de las causas eficientes segundas, organizadoras y unificadoras, precisamente porque transcurre en un nivel mucho más profundo al que éstas absolutamente no pueden llegar.

Y obviamente que sólo la Causa Eficiente Primera puede ser esa Causa Creadora, porque sólo ella ES el Ser mismo subsistente, sin recibir el ser ni participarlo de otra causa superior. Y por eso mismo, sólo ella puede comunicar radicalmente el ser, o sea, crear «ex nihilo», efectuar la producción integral de su efecto".

8 - Ampliaciones indebidas

Remata Ud. su "largo camino" ofreciendo un hato de inconsecuencias: "Este origen...no es un ser inteligente (del cual – añado yo – sin embargo, provendría la inteligencia), no tiene deseos (pero de ellos – sigo yo – están llenos algunos de sus efectos: los hombres), no ha creado el universo mediante un ejercicio de su voluntad (sólo que – agrego por mi cuenta – se observa en su producto una asombrosa concatenación de medios y fines, que suponen una coordinación inteligente y la resolución voluntaria de ponerla por obra)".

Saliéndose, después del tema, que se limitaba a las solas "pruebas racionales" tomistas de la existencia de Dios, pasa Ud. a consideraciones, que provienen únicamente de la revelación y correlativa fe judeocristiana, acumulando hacia el final la retahíla de los consabidos lugares comunes de acusación casi exclusiva de la Iglesia Católica (como si sólo sus hijos hubieran cometido pecados a lo largo de las edades).

En efecto, se descuelga Ud, con las siguientes negaciones: "(Ese origen o PEC) no ha juzgado la creación para decir que era buena, no ha elegido ningún pueblo, dándole más importancia que a los demás, no ha castigado con la destrucción a las ciudades de Sodoma y Gomorra, ni ha causado la muerte de millones de personas, que han muerto por culpa de las persecuciones religiosas, la inquisición, el fanatismo, las cruzadas, las guerras santas. Tampoco ha creado un infierno, con el que amenazar a sus criaturas ni aterroriza a los niños con terribles castigos por su curiosidad infantil".

Dado que se trata de otro tema muy diferente al uso de la sola razón científica o filosófica, siendo que se introducen nociones históricas o de revelación de la religión judeocristiana, no abundaré en sopesar sus apreciaciones, porque habría que escribir otra cantidad de páginas extensas como éstas o más todavía.

Escojo sólo algunos puntos, encarándolos breve, sumariamente. Por de pronto, tampoco los creyentes admiten que Dios "ha causado la muerte de millones". Han sido sus cultores desviados y en desacuerdo con la misma fe que profesan. Dios "tolera", "permite", pero no puede "querer" semejantes dasafueros y calamidades.

La fe sostiene que EL es justísimo y que "dará a cada uno según sus obras" (Apocalipsis 2, 23), de modo que si hubo sólo "curiosidad infantil", sin culpabilidad consciente, no habrá castigo alguno. Con todo, ¿no deja de ser arbitraria la actitud de algunos ante "la curiosidad infantil"? Porque, también se debe a esa ansia innata de experimentación que el "nene" se ponga a jugar, introduciendo sus deditos en el tomacorriente. Bien que, en tal caso, le prohibimos y muy severamente, que sea "tan curioso". En cambio, cuando sus experimentaciones implican consecuencias morales, que pueden dañar su personalidad gravemente, se es la mar de indulgente.

Por otro lado ¿la religión y concretamente la Iglesia Católica, fue sólo causa de "guerras de religión" y todos los macabros recuerdos sacados a la luz por Ud. en la conclusión de sus invectivas?

¿A quién se debe la creación de los "hospitales" ? ¿Quiénes salvaron la civilización, en tiempos de las invasiones bárbaras, sino los monjes benedictinos? ¿Cuándo, sino en la "retrógrada" Edad Media surgieron las primeras universidades ( Bologna, Padova, Paris, Oxford, Praga, Palencia, Salamanca)? ¿Y dónde nacieron, sino en el seno de la Iglesia Católica?¿No fue Copérnico un canónigo polaco? ¿Las reducciones jesuíticas del Paraguay fueron tan nefastas? ¿Conoce Ud. la obra de San Juan de Dios, de San Juan Bosco, de San Luis Orione, de San Benito José Cottolengo, de Santa Teresa de Calcuta?

En consecuencia, ¿es la Iglesia Católica sólo un cúmulo de atrocidades?

Si no es así (como creo que honestamente reconocerá), ¿no será posible aplicar también aquí el sabio axioma: "Abusus non tollit usum ( = el abuso no quita el uso) ? A propósito, sería bueno que se interiorizara del libro: Los grandes descubrimientos del cristianismo de Autores Varios, bajo la dirección de René Rémond, de la Academia Francesa (Ediciones Mensajero, Bilbao – 2001 -).

No es propio de "científicos" encarar sólo parcialmente una realidad tan compleja como la religión y la Iglesia, que se va encaminando ya hacia su tercer milenio de existencia.

Como "broche de oro" de su pretendida demolición de las pruebas clásicas de la existencia de Dios resume Ud. : "Así, pues, podemos alzar la vista hacia el universo y saber que nuestros límites no han sido establecidos por los caprichos de un ser superior, sino sólo por las leyes naturales. Ahora sólo tenemos que descubrir esas leyes y aprender a usarlas en nuestro beneficio, sabiendo que, a veces podremos equivocarnos, pero siempre podremos corregir nuestro camino y seguir aprendiendo. Este es el sentido de nuestra existencia".

¿Por qué calificar como "caprichos de un ser superior" a nuestros límites? ¿Por el solo hecho de ser tales? En tal caso, también se debería atribuir semejantes caprichos a las leyes naturales, a las que Ud. los remite.

El límite, no es ningún inconveniente, para quien sabe manejarse dentro de él, sin pretensiones de superioridad que no le competen.

Si hay un ser superior, análogo con sus criaturas, pero infinitamente más alto y poderoso, por necesidad metafísica, sus efectos serán siempre limitados. Ni EL puede suscitar otro Dios, cosa absurda por completo. (Entre paréntesis: surge de su misma pluma, con total naturalidad, el concepto antes abominado por Ud: "leyes naturales").

Tenemos, por cierto, que descubrir esas leyes a fuerza de tanteos y aciertos, pero a muchos se les ha ocurrido preguntarse también: ¿por qué nuestra mente coincide con la realidad? Semejante orden, que tan tardíamente encuentra el hombre, ¿cómo y por quién fue ensamblado tan aceitada y sabiamente? ¿Surgieron por azar esas capacidades, que no poseen la mera energía, átomos y moléculas?

Esas cuestiones han sido esquivadas sistemáticamente en su alegato. Y, en tal caso, no puede ser ése el sentido de nuestra existencia, pues, ¿para qué empeñarse en trabajos tan arduos y hasta peligrosos, si todo se reduce a fuerzas ciegas, que, "por casualidad" (no por "causalidad", ya que se excluye empedernidamente la única causa que podría dar razón del todo) han producido lo que no llevaban en sus potencialidades.

Si éste es el sentido de nuestra existencia, es por demás abrumador y nada estimulante. Es el destino del prisionero, que no tiene otro entretenimiento que cambiar los muebles de su celda, disponiéndolos ya de un modo ya de otro, pero privado de los horizontes de la libertad.

Pero, si él es consciente de los límites de su calabozo, éste se vuelve relativo, ya que para poder percibir un límite es preciso conocer, de alguna manera, el terreno colindante y, por ende, haber traspasado el límite. Quien capta el límite como tal, en cuanto constituye un obstáculo, sabe que hay un más allá, del cual puede ser que ignore su naturaleza precisa, pero del que percibe, al menos, que allí está. Este "más allá", no es ya más un desconocido absoluto para él, porque se ocupa de él y el límite en cuestión no tiene más que un valor relativo, porque es menester haberlo superado para darse cuenta de su presencia y de su sentido. La conciencia de sí implica sin duda una conciencia de límites, porque el yo está acotado, pero esta conciencia de límites no puede producirse sino apoyándose sobre una conciencia de ser, gracias a la cual el "yo" y el "no yo" se encuentra unidos en la síntesis ilimitada del ser absoluto y trascendental. El pensamiento, cuyo objeto formal es el ser, reposa sobre un fundamento del todo inquebrantable y sobre este punto alcanza de entrada y siempre una certeza incondicional. Su negación es impensable y no se la puede formular, sino en términos vacíos de sentido.

Dando por terminada también yo mi respuesta a sus "refutaciones" , le auguro que toda la inteligencia, que se ve ha desplegado por los campos de las ciencias exactas en sus jóvenes 20 años, no quede aprisionada en un solo y único sector, por atrapante y seductor que se presente, sino que sepa también ejercitarse en los vastos ámbitos de la filosofía y en especial de la metafísica.

Y, si es verdad que "no todos lo podemos todo", como advirtió sensatamente Virgilio (Eglogae, VIII, 63), se necesita una pizca de modestia para incursionar en terrenos poco explorados. Un experto zapatero, por el solo hecho de que sea diestro en cueros, suelas y gomas, para calzar los pies, no se creerá apto para preparar exquisitos manjares, si antes no se deja instruir humildemente en el arte culinario. Algo análogo pasa con la filosofía. Goza de su ámbito y métodos propios, que no pueden ser encarados de forma inadecuada.

Miguel Antonio Barriola

Agosto de 2004


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