FE Y RAZÓN

"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"

Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo

(Santo Tomás de Aquino)


¿DIOS NO EXISTE?

(Lic. Néstor Martínez).

En la revista "Acción" de los PP. Jesuitas paraguayos, publicada por el Centro de Estudios Paraguayos Antonio Guasch (CEPAG), en el número 218, año 2001, hay un artículo firmado por Alejandro Matos cuyo titulo es "Dios no existe". (pp. 30 - 32).

¿Cómo dijo? Sí, eso, "Dios no existe". La tesis del autor es que la "existencia" se reduce a la "existencia histórica", marcada por el "aquí y ahora". Lo de Dios no es la "existencia", sino la "eternidad", presente igualmente a todos los instantes del tiempo.

El autor argumenta así:

"...Kierkegaard, uno de los creyentes más apasionados del siglo XIX, afirmaba: "Dios no existe, es eterno". Esto significa que para negar la existencia de Dios basta con afirmar su existencia. Si Dios es un aquí y ahora, existe, y por tanto, puede llegar a no existir; o existió y ya no existe, pero en ninguno de los casos puede ser eterno. Se podría decir que su existencia engloba todos los aquí y ahora, con lo cual se podría suponer que es muy poderoso, mas seguiría sin ser eterno, pues la eternidad es otra cosa cualitativamente distinta a la suma de todos los aquí y ahora. Pensar a Dios como existente es el deseo del pensante de apoderarse de Dios, de hacerlo (pensarlo) a su imagen y semejanza, pues sólo en los parámetros de la existencia la pregunta "¿qué es Dios?" podría tener una respuesta clara y distinta (tanto para decir "es esto" como para afirmar "no es nada")" (p. 31).

"A lo largo de estos párrafos hemos intentado mostrar que Dios no existe, que Dios es eterno, lo cual no le impide ser actual, al contrario, es actual porque es eterno". (p. 32).

A pesar de que el autor dice "si Dios es un aquí y ahora, existe", su tesis de fondo es en realidad que "si Dios existe, es un aquí y ahora", es decir, un ente contingente.

¿Será entonces que el autor solamente quiere trasmitir la viejísima verdad de que Dios no es un ente contingente y que su existencia no es la del ente contingente, sino la del Ser Necesario?

Pero eso no es así, puesto que para ello habría que sostener que "existencia" no se reduce a "existencia contingente", lo cual es claramente lo contrario de lo que sostiene el autor del artículo: Dios no existe, porque "existencia" se identifica con "existencia contingente", es decir, "existencia aquí y ahora".

¿Qué puede ello querer decir? Solamente esto: sólo existen los entes contingentes, Dios no existe. Eso es claro y comprensible, como que es la afirmación atea básica.

Sin embargo, si bien, según el autor, Dios no existe, es "eterno" y "actual":

"...porque es eterno su presencia en la historia es siempre actual". (p. 32).

 

Nuevamente, aquí se plantea el problema de si entonces no se está finalmente afirmando la existencia de Dios bajo ese vocablo "actual". Así sería en el tomismo: ser en acto es justamente, existir. Y existir no se reduce necesariamente a "existir contingentemente", "aquí y ahora".

Pero entonces todo quedaría reducido a un simple juego de palabras, a una redefinición totalmente inútil y perjudicial del vocablo "existir".

Luego, si no se trata de eso, se trata de una filosofía que distingue entre la actualidad y la existencia. Y en esa filosofía, Dios es actual, pero no existe. Que se trata, obviamente, de una filosofía absurda, es otra cuestión. Pero que sea absurda no quita, mientras las palabras signifiquen lo que significan, que es atea.

Y si Dios es eterno, decimos nosotros, entonces es. Si la existencia no se puede predicar de Dios, al menos el ser sí puede predicarse, parece.

Pero más aún: si es, existe. A no ser que se diga que es solamente "posible", no actual. Pero entonces no se podría decir "es eterno", sino solamente "puede ser eterno" o "es una posibilidad eterna". 

Pero el autor dice que es actual. Luego, si es actual, existe.

¿O se dirá que sólo puede predicarse la eternidad, y que el "es" allí es solamente una cópula verbal y no un predicado?

Tendríamos entonces que Dios es eterno, pero no es. ¿Cómo se hace para ser eterno, o ser cualquier cosa, sin ser? Es obvio que el "es" de los juicios no es nunca una mera cópula.

Tal vez sería mejor decir "Dios eterniza", o "Dios eternea".

¿Pero entonces, se dirá, es solamente una cuestión de lenguaje? ¿Y qué quiere decir: "solamente una cuestión de lenguaje"? Detrás del lenguaje está el pensamiento, y detrás del pensamiento, la realidad. La pregunta acerca de si se trata solamente de una cuestión de lenguaje, es una cuestión de lenguaje, la Biblia toda es una cuestión de lenguaje, y si negamos en una revista católica la existencia de Dios, es también una cuestión de lenguaje.

Si no podemos decir que Dios es eterno, sin decir que Dios es, es porque tampoco podemos pensarlo. Y si no podemos pensar que Dios es eterno, pero no es, porque lo vemos contradictorio, no podemos tampoco admitirlo como posible en la realidad. Pues bien, no lo hacemos: es imposible que Dios sea eterno, sin ser.

Por lo demás, tampoco el triángulo geométrico existe, entonces, si "existir" es siempre y necesariamente "existir aquí y ahora". Pero el triángulo geométrico, entonces, también es "eterno", pues es indiferente al tiempo. ¿La "actualidad" de Dios entonces no es mayor que la del triángulo que estudia la geometría? ¿Es posible desde tal "eternidad" abstracta dar existencia al mundo como Creador?

Agrega el autor: 

"El pensar acontece en los límites del espacio y el tiempo, y, sin embargo, Dios ha de ser pensado como no-espacio y no-tiempo, como eterno". (p. 31)

Frase ambigua. Si el pensar "acontece" en los límites del espacio y el tiempo, estando por ello cognoscitivamente limitado al espacio y al tiempo; y Dios está fuera del espacio y el tiempo, entonces, Dios no puede ser pensado, simplemente. Que es a lo que apunta el autor, a pesar de que luego "piensa" a Dios como "eterno". 

Por otra parte, es claro que el pensar "acontece" en el espacio y el tiempo, porque siempre que pensamos estamos en alguna parte y en algún momento. Pero de ahí no se sigue que el pensar no pueda trascender el espacio y el tiempo. El triángulo no tiene tiempo, y el punto, por definición, no tiene espacio. Y los pensamos, de algún modo. 

Y es que hay que distinguir, obviamente, entre el acto de pensar, y el objeto de ese acto, lo pensado. Que lo primero sea temporal, y en algún sentido, espacial, no quiere decir que deba serlo lo segundo. De lo contrario, si las características del acto de pensar se transfiriesen automáticamente al objeto pensado, sólo podríamos pensar en actos de pensamiento, y toda la ciencia se reduciría a uno de los capítulos de la psicología. 

Por supuesto, en el artículo se alude, además de a Kierkegaard, a Wittgenstein, y se otorga a Karl Barth el título de "mayor teólogo del siglo XX". Barth, protestante coherente y profundo, había dicho que la "analogía del ser", piedra básica elemental de la teología católica, es "la invención del anticristo", y que ésa era la única razón (no el Papa, las indulgencias, etc.) que le impedía hacerse católico.

La mente humana, con sus principios lógicos, su estructura racional, etc., ¿es "bíblica"? Pues sí lo es, pues en la Escritura se revela cómo este hombre que somos es creado por Dios. En la Biblia se razona, se argumenta, vale también el principio de no - contradicción. Si Lázaro está muerto, no es verdad que no está muerto, aunque el Señor después lo resucite, y si lo resucita, no es verdad que no lo haya resucitado. Y el Señor puede hacerlo volver de la muerte, pero no puede, ni siquiera Él, hacer que al mismo tiempo esté muerto y no esté muerto, en el mismo sentido. Ya enseñó Santo Tomás que la Omnipotencia es la capacidad de hacer todo lo que de suyo no implica contradicción, pues lo contradictorio queda fuera del ser, y la Omnipotencia se extiende a todo el campo del ser - y sólo a eso.

"¿Qué piensan acerca del Cristo? ¿De quién es hijo? Le dicen: "De David". Les dice: "Pues, ¿cómo David, movido por el Espíritu, le llama Señor, cuando dice: "Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies"? Si, pues, David le llama Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo?" (Mt. 22, 43-45).

Aquí vemos al mismo Señor usando la dialéctica. ¿Será "bíblico"?

En el capítulo XII del libro I de la Summa Contra Gentiles, Santo Tomás de Aquino se plantea la siguiente objeción:

"En Dios, es lo mismo la esencia y el ser, y por tanto, lo que responde a la pregunta "qué es", y lo que responde a la pregunta "si es o existe". Pero por la razón no podemos llegar a saber qué es Dios. Luego, tampoco podemos demostrar por la razón si Dios existe".

Y responde:

"...que en Dios la esencia y el ser son lo mismo (...), se entiende del ser por el que Dios subsiste en sí mismo, que nos es desconocido cómo sea, como igualmente su esencia. Pero no se entiende del ser que significa la composición del intelecto. Así pues, el existir Dios cae bajo demostración, en cuanto que por razones demostrativas nuestra mente es llevada a formar acerca de Dios esta proposición en que la se dice que Dios existe."

La "composición del intelecto" de que habla Santo Tomás es el juicio, operación en la cual "componemos" un sujeto (en este caso, "Dios") con un predicado (en este caso, "existe"), y afirmamos que dicha "composición" se da en la realidad de las cosas.

Esto es necesario, para que la afirmación de Dios no quede reducida al mismo plano que la afirmación del centauro o el unicornio.

Eso justamente es lo que queremos decir, ni más ni menos, cuando decimos que "Dios existe". Decimos que Dios está "puesto" "extra mentem, extra causas, extra nihil": "fuera de la mente, fuera de sus posibles (en este caso, inexistentes) causas, fuera de la nada", que es la "definición" tradicional de la "existencia".

Pues quiere decir que esa suprema y eterna perfección Dios la posee con absoluta independencia de nuestro pensamiento, de nuestra fe, de nuestra aceptación o rechazo, de nuestra misma existencia y de la existencia toda del Cosmos, como que esa "eternidad" de Dios es anterior y condición de posibilidad de todo ello.

Es curioso que con ello queramos necesariamente "apoderarnos" de Dios, como dice el autor, cuando justamente estamos reconociendo que, a diferencia del centauro y el unicornio, o de un cuento inventado por nosotros, es soberanamente independiente de nuestras fantasías, proyectos, aspiraciones, caprichos, etc.

Por otra parte, decir "Dios es eterno" no implica solamente afirmar su existencia, si no se está hablando de Dios como un ser meramente posible; sino también hacer una afirmación sobre la Esencia divina: es eterna. La eternidad ya es parte de aquello que Dios es.

Es cierto que no conocemos el modo propiamente divino de la Eternidad, y que cuando la pensamos, la pensamos necesariamente con conceptos humanos, que son los únicos que tenemos o podemos tener. Pero aquí entra la distinción tomista entre las perfecciones divinas, y el modo divino de esas perfecciones. Lo segundo es lo que no podemos conocer en esta vida, y en ese sentido dice Santo Tomás: "No sabemos qué es Dios". Lo primero sí podemos conocerlo, porque las creaturas son otras tantas participaciones finitas de las perfecciones que en Dios están en modo infinito, y llevan una semejanza real y verdadera, por más que débil e imperfecta, con su Causa. Cfr. Suma Teológica, Iª parte, q. 13, a. 3:

"...conocemos a Dios por las perfecciones que proceden de Él a las creaturas; las cuales perfecciones están en Dios de un modo más eminente que en las creaturas. Pues nuestro intelecto las aprehende del modo en que existen en las creaturas, y según que las aprehende, así las significa por los nombres. Por tanto, en los nombres que atribuimos a Dios hay que considerar dos cosas, es decir, las perfecciones mismas significadas, como la bondad, la vida, y por el estilo, y el modo de significar. En cuanto a las cosas que significan los nombres como éstos, propiamente competen a Dios, y más propiamente que a las mismas creaturas, y se dicen en primer lugar de Él. Pero en cuanto al modo de significar, no se dicen propiamente de Dios, pues tienen el modo de significar que compete a las creaturas."

El autor cita a Karl Barth:

"Nunca en toda la Biblia, Antiguo y Nuevo Testamento, se hace el menor intento de demostrar a Dios. Tal intento se ha hecho siempre y únicamente al margen de la concepción bíblica de Dios, y siempre y sólo allí donde se ha olvidado de quién se trata cuando se habla de Dios" (Karl Barth, Esbozo de una dogmática, p. 47)." (p. 32).

Pero Barth habla aquí de la demostración de la existencia de Dios, que no es lo mismo que la afirmación de su existencia, que es lo que intenta discutir el autor del artículo en cuestión.

Por el contrario, hay varios pasajes bíblicos que son pertinentes en este tema de la afirmación de la existencia de Dios. Uno es el versículo 1 del Salmo 53:

"Dijo el necio en su corazón: No hay Dios".

Obsérvese que la afirmación de existencia de Dios (por vía del rechazo de la afirmación contraria, claro) se limita a aquella "composición del intelecto" que afirma Santo Tomás en el texto antes citado: "Dios es, Dios existe, hay Dios", es decir, la realidad divina actual es independiente de nosotros y de nuestro conocimiento o voluntad.

Pero es que incluso en la Biblia se habla de la posibilidad de la razón natural para conocer con certeza la existencia de Dios a partir de las cosas creadas. En el libro de la Sabiduría, cap. 13, vv. 1 - 5, dice así:

"Sí, vanos son por naturaleza todos los hombres que ignoraron a Dios y no fueron capaces de conocer, por los bienes visibles, a Aquel que es, ni, atendiendo a las obras, reconocieron al Artífice, sino que al fuego, al viento, al aire sutil, a la bóveda estrellada, al agua impetuosa, o a las lumbreras del cielo, los consideraron como dioses, señores del mundo. Que si, seducidos por su belleza los tomaron por dioses, sepan cuánto les aventaja el Señor de todos ellos, pues fue el Autor mismo de la belleza quien los creó. Y, si fue su poder y eficiencia lo que les dejó sobrecogidos, deduzcan de ahí cuánto más poderoso es Aquel que los hizo; pues de la grandeza y hermosura de las creaturas se llega, por analogía, a contemplar a su Autor".

Es notable cómo este pasaje recoge, a nivel de la Palabra inspirada, la interpretación "griega" de "Aquel - que - es", es decir, el "Yo soy el que soy" de Éxodo 3, 14, cuya interpretación metafísica ha sido tan denostada últimamente por legiones de exégetas.

Es claro, el libro de la Sabiduría, último en redactarse, según dicen, del A. T., fue escrito en medio de una comunidad judía de la diáspora profundamente vinculada con la cultura helénica, probablemente en Alejandría. Por eso mismo la asamblea rabínica de Yammia lo separó del canon "palestinense", y Lutero lo excluyó igualmente del canon bíblico, por lo cual no figuraba en la Biblia que leía Barth. La Iglesia Católica, por el contrario, siguiendo la tradición que viene de tiempos apostólicos, lo reconoce como libro inspirado, y por tanto, Palabra de Dios, como puede verse en el Concilio de Trento.

Pero tanto católicos como protestantes reconocemos el carácter inspirado de la Carta a los Romanos, cap. 1, vv. 18 - 23; donde San Pablo se inspira abiertamente en el pasaje citado de Sab. 13 para decir:

"En efecto, la cólera de Dios se revela desde el cielo contra la impiedad e injusticia de los hombres que aprisionan la verdad en la injusticia; pues lo que de Dios se puede conocer, está en ellos manifiesto: Dios se lo manifestó. Porque lo invisible de Dios, desde la creación del mundo, se deja ver a la inteligencia a través de sus obras: su poder eterno y su divinidad, de forma que son inexcusables; porque, habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, antes bien se ofuscaron en vanos razonamientos y su insensato corazón se ensoberbeció: jactándose de sabios se volvieron estúpidos, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una representación en forma de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos , de reptiles. "

La argumentación de San Pablo es clara: judíos y gentiles, es decir, toda la humanidad, están en pecado, y necesitan de la gracia de Dios, que viene por Jesucristo. Los gentiles, porque, conociendo a Dios, no le glorificaron como a Dios ni le dieron gracias. No pueden presentar la excusa de que no lo conocían: a pesar de que carecían de la Revelación sobrenatural, lo conocían por la inteligencia natural, a partir de las cosas creadas, puesto que "lo invisible de Dios, desde la Creación del mundo, se deja ver a la inteligencia a través de sus obras: su eterno poder y divinidad". Y por eso, lo malo no es que no lo hayan conocido, sino que se ensoberbecieron, y degeneraron en la idolatría.

Es sobre estos textos de San Pablo y Sabiduría que el Concilio Vaticano I se apoyó para definir en la Constitución "Dei Filius" de 1870 , como DOGMA DE FE, la posibilidad de un conocimiento cierto de la existencia y atributos de Dios por la luz natural de la razón humana, a partir de las obras de la creación:

"Si alguno dijere que Dios vivo y verdadero, creador y señor nuestro, no puede ser conocido con certeza por la luz natural de la razón humana por medio de las cosas que han sido hechas, sea anatema". (DZ 1806).

El artículo termina diciendo que :

"...donde reina la necesidad no es posible hablar de gratuidad, y por tanto, no se puede hablar de donación divina." (p. 32).

El argumento es el siguiente: las pruebas de la existencia de Dios sólo son concluyentes si la conclusión se sigue necesariamente de las premisas. Pero la necesidad es opuesta a la gratuidad, y la fe nos enseña que la salvación que Dios nos ofrece es gratuita. Luego, si aceptamos las pruebas de la existencia de Dios, no podemos ser salvados.

Respondamos: La necesidad que es opuesta a la gratuidad sería en todo caso la necesidad con que Dios tuviese que revelarse a nosotros y comunicarnos su gracia. Nada que ver con eso, claro, tiene la necesidad con que nuestra inteligencia debe afirmar la existencia de una Causa Primera dada la existencia de los entes contingentes.

Tampoco tiene nada que ver con eso el hecho de que Dios es el Ser Necesario, y que nuestra razón debe necesariamente reconocerlo como tal al final de las pruebas filosóficas de su existencia.

Que Dios exista necesariamente en sí mismo, y que nuestra razón deba necesariamente reconocer la existencia de tal Ser Necesario dada la existencia de los entes contingentes, no es para nada incompatible con el hecho de que tal Ser Necesario, libremente, decida revelarse sobrenaturalmente a nosotros en la historia, y comunicarnos gratuitamente su gracia salvadora.

En efecto, lo que Dios necesariamente ha de ser, en cualquier hipótesis, es Dios y existente, no necesariamente ha de ser Creador, ni Revelador, ni Salvador. Todas esas acciones tienen un término contingente, que es la creatura, y son en ese sentido contingentes, libres, y no necesarias.

Dada la existencia del mundo, necesariamente se sigue la existencia de su Causa, y también se sigue necesariamente que esa Causa lo ha creado en forma contingente y libre, pues el mundo es contingente. Pero no es posible deducir necesariamente de ello que Dios haya decidido instaurar un orden sobrenatural de Revelación y Salvación, pues esa decisión divina, además de ser también contingente y libre, en su término creado, es sobrenatural en ese término mismo, y así, no viene necesariamente implicada por la decisión primera de crear un mundo.

Terminamos sugiriendo la importancia de que los estudios teológicos en la Iglesia se centren más decididamente en la "filosofía perenne" cuyo máximo exponente es Santo Tomás de Aquino.


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